El pacto balear 2027 entre el PP y Vox dará heredado
A partir de esta semana empezaremos a ver hacia dónde puede ir la relación entre el PP y Vox y, por tanto, tendremos una idea aproximada sobre cómo impactará en la política baleárica justo después de las elecciones del próximo año.
Pasadas las urnas autonómicas de Castilla y León de este domingo, serán tres los gobiernos arriba, el de esta región y los de Extremadura y Aragón. El tiempo corre y ya estará en descuento en el caso extremeño. Si pasadas seis semanas no hubiera acuerdo para realizar un gobierno entre los dos partidos de derecha, se iría otro pico a elecciones. Por tanto, lo que tenga que ser lo veremos pronto.
No hay muchas opciones. La primera, que hicieran pactos de gobernabilidad por todas partes al estilo del 2023, tanto si fuera con presencia ultraderechista en los gobiernos autonómicos como si los neofascistas apoyaran externo; se podría definir la situación resultante como de paz forzosa o de conveniencia, por lo que la bronca entre ambos no pusiera en peligro la victoria conjunta en las futuras urnas generales contra Pedro Sánchez. La segunda, que sólo hubiera acuerdo según dónde; o sea, una suerte de guerra parcial, acotada a algunos territorios. La tercera, que pactaran por todas partes pero únicamente investiduras, sin ir más allá y, por tanto, dejaran abierta la opción de reanudar las hostilidades: una tregua de circunstancias a la espera de cómo evolucionara la situación. Y la cuarta y finalmente, que no pactaran nada ni en ninguna parte; o sea, una guerra abierta, total.
Pase lo que pase, en Baleares no dependerá de la voluntad de las direcciones regionales del PP ni, mucho menos, de Vox. A efectos del posible futuro pacto entre ambas formaciones, de poco o nada valdrá lo que diga o haga Marga Prohens o la cúpula fascista balear. Todo estará a la expectativa de lo que ocurra entre las dos jefaturas nacionales.
En caso de guerra abierta no habría gobiernos en ninguna parte ni, claro, tampoco en Baleares y, por tanto, sería imposible para Prohens repetir en el cargo. Un escenario nacional que, a efectos de después de las próximas generales, situaría al país en una posición extrema, que da la sensación de que es la apuesta del PSOE con la esperanza de una derrota que se traduzca en un gobierno de Feijóo imposible –bien para que no se le pudiera investir o bien para que un pico investido Vox le martirizara hasta hacerlo- Sánchez en la Moncloa. Si por el contrario PP y Vox llegaran a un acuerdo, en cualquiera de las opciones descritas, incluida la de la tregua, se abriría la puerta al nuevo pacto isleño. Entonces, ¿cómo podría ser el acuerdo 2027?
Hemos podido tener una cata, con la desacomplejada voluntad ultraderechista de forzar la derogación de la ley de memoria democrática haciendo en el Parlament un festival de negacionismo y revisionismo histórico.
Ha sido la consecuencia de meses de creciente debilidad del PP frente a un Vox cada vez más crecido por todas partes, con unas encuestas que el gallego debe hacerse cruces de cómo se le están torciendo los últimos nueve meses. Aquí se ha traducido en que los de extrema derecha exigieran a Prohens que, si quería presupuestos, debía ser a cambio, sobre todo, de la derogación de la ley de memoria. Nada nuevo, es verdad, pero en la contumacia se notaba el objetivo de imponer a Prohens dos tazas por no haber querido beber el caldo antes. Habían pactado la eliminación de la norma en el 2023, pero el PP, incómodo, andoyano todo lo que pudo. Hasta que la necesidad de las cuentas la engulló y no tuvo más remedio que agachar la cabeza. El pasado martes. Fue significativo que ni el portavoz titular ni la presidenta quisieran defender la vergüenza.
Más relevante para el futuro fue el tono de la intervención del portavoz ultra. Se refirió al golpe de estado que provocó la Guerra Civil como elalzamiento', siguiendo la terminología franquista, y defendió la mentira de las elecciones fraudulentas –algo que multitud de historiadores han retratado tal y como es: una fabulación a cargo de autores del revisionismo fascista– que convirtieron, dijo, en 'ilegítimo' el gobierno republicano del Frente Popular. Puro negacionismo con la obvia pretensión de que no puede escapar a nadie.
A efectos del presente análisis no importan demasiado las animaladas que decía el personaje –que no hacía otra cosa que hacer de sí mismo– sino la constatación de que al PP no le quedó otro remedio, si quería presupuestos, de enviarse la bocanada de aceite de ricino político que le sirvió Vox el martes. Y esto es justamente lo que anunciaba el futuro. Cada uno tendrá su opinión sobre qué debería hacer Prohens, pero dado que el PSOE no pactará con el PP sería de una ingenuidad patológica esperar a que los conservadores no gobernaran y lo dejaran hacer a la izquierda para no pactar con el siniestro neofascismo visto el otro día.
La argumentación conduce a la única conclusión posible sobre cómo será el acuerdo del 2027: dará heredad.