Un cambio de régimen sin previo aviso: el 14 de abril que lo cambió todo en Palma

En 1931, España cambió de régimen de manera súbita y sin reformar la Constitución, en un proceso que recordaba el precedente de 1873. Palma fue una de las primeras ciudades en proclamar el nuevo poder

Llegada de la República a Palma, la segunda ciudad que proclamó el nuevo régimen.
Francesc M. Rotger
14/04/2026
4 min

PalmaHace 95 años, entre el 13 y el 14 de abril de 1931, España cambió de régimen con la proclamación de la Segunda República, un proceso súbito que también se vivió en Palma, una de las primeras ciudades en asumir el nuevo poder. “España se fue a dormir monárquica y se despertó republicana”, en palabras del almirante Aznar, último primer ministro de Alfonso XIII, aunque el cambio hacía meses que se gestaba.

En este contexto de conspiraciones y movimientos políticos previos, habían pedido apoyo económico al financiero mallorquín Joan March, pero este se negó a ayudarles, según el historiador Miquel À. Casasnovas. Miguel Maura, hijo de quien fue presidente del gobierno, el mallorquín Antoni Maura, había ido a palacio a comunicar al rey que partía “al campo republicano”. Para el joven Maura, no había duda: el monarca había cometido perjurio cuando se saltó la Constitución de 1876 y dio por bueno el golpe de Estado del dictador Primo de Rivera en 1923. El rey había atado así la suerte de la corona a la del general andaluz, que cayó en 1930. Poco después se formó un gabinete republicano en la sombra, que pasó por la cárcel, pero acabó siendo el futuro gobierno provisional.

La República llamaba a la puerta por segunda vez, y de nuevo sin que se hubiera modificado previamente la Constitución –en ambos casos las nuevas constituciones se hicieron después–. En febrero de 1873, con la renuncia de Amadeo I, las Cortes se habían reunido y habían aprobado el cambio de régimen. En abril de 1931 se hicieron las elecciones municipales. Los republicanos ganaron la mayoría de las capitales de provincia, donde el voto era más libre y no estaba sometido al caciquismo rural. Pero ninguna de las dos experiencias republicanas prosperaría y, en buena medida, por las depresiones económicas internacionales –la de 1873 y la de 1929– que lastraron su viabilidad. Las crisis internacionales sirvieron en bandeja a los reaccionarios el argumento de que la República traía la ruina.

La monarquía ganó en las Islas Baleares el 12 de abril de 1931: 695 concejales, frente a solo 105 de la oposición, contabilizan el historiador David Ginard y el escritor Antoni Nadal. En Palma, solo diez socialistas y republicanos, frente a 32 dinásticos; y en la Part Forana las derechas ganaron “prácticamente” en todas partes, recoge el jurista Joan Oliver. En Ibiza, los monárquicos vencieron en todos los municipios, según la historiadora Neus Escandell, pero en Menorca, señala Casasnovas, solo en Ferreries y Alaior. En Formentera, los republicanos obtuvieron un buen resultado, añade Oliver. La victoria monárquica en las Islas, sin embargo, no serviría de nada: el 14 de abril se proclamaba la República, Miguel Maura tomaba posesión del Ministerio de la Gobernación –el equivalente del actual Interior– y al día siguiente la Familia Real salió hacia el exilio. Maura se enteró hacia las cinco de la madrugada, cuando el capitán del barco informó que ya estaban “a la altura de las Baleares”, camino de Marsella.

Los republicanos, igual que en Barcelona –donde Francesc Macià había proclamado la “república catalana dentro de la federación ibérica”– y en el resto del Estado, se movilizaron para controlar las instituciones. Palma fue la segunda ciudad en proclamar el nuevo régimen. Al socialista Llorenç Bisbal le correspondía asumir la alcaldía, pero aquel 14 de abril, cuentan el escritor Albert Herranz y la periodista Joana Roque, estaba enfermo, y pidió a su compañero del PSOE Alexandre Jaume que lo sustituyera y procurara “la conservación del orden”. “Debemos demostrar nuestra capacidad gubernamental”, insistió. Jaume distribuyó gente de su confianza en las calles, incluyendo al comunista anticlerical Ateu Martí, que “prestó un gran servicio a Palma”, afirmó Jaume. Rondas de “jóvenes socialistas”, señalan Herranz y Roque, “vigilaron (...) las iglesias y conventos para evitar posibles incendios”. Ambos autores recuerdan que Llorenç Bisbal recibió “cartas de agradecimiento” de madres superiores. La Iglesia se identificaba con la derecha, los poderosos y la monarquía.

La intranquilidad de Mossèn Alcover

En Ibiza Villa, apunta Escandell, el cambio lo anunció el letrado y profesor Antonio Matheu, “desde el balcón del local de Alianza Republicana”, en medio de una manifestación amenizada por la Banda Municipal, el día 14 al atardecer. Al día siguiente, “el Comité Municipal Republicano, presidido por Joan Arabí Verdera, tomó posesión provisional de la Casa de la Villa”.

En Menorca, indica Casasnovas, la noticia llegó a media tarde del día 14: “En Mahón se cerraron las fábricas y tiendas mientras grupos de manifestantes recorrían las calles con la bandera tricolor”. Compañeros de Fermín Galán –que se había alzado por la República unos meses antes y había sido fusilado– “se encontraban recluidos en la fortaleza de la Mola, por lo que fueron inmediatamente liberados y aclamados como héroes”.

No todo el mundo compartía aquel entusiasmo. El derechista Miquel Villalonga, escribió: “La nota refinada dejó de sonar en España en 1931”. Para él la República era vulgar. “En casa de Mossèn Alcover”, recuerda Francesc de Borja Moll, “no estábamos tranquilos del todo” porque el cura había elogiado Alfonso XIII, gracias a quien financió el Diccionario. Se optó por descolgar el retrato del exmonarca que presidía su despacho. “Pero no pasó nada. Nadie vino a pedir noticias, y la vida siguió su curso normal”.

“Nos regalaron el poder”, concluyó Miguel Maura respecto de aquel cambio súbito de hace 90 años, y, por suerte, “el órgano rector” ya estaba constituido, era el gobierno provisional que ya habían acordado los republicanos. Evidentemente, hubo disturbios durante la II República, como había pasado en la primera y como también los había habido durante la monarquía. Pero la propaganda franquista los destacó y exageró para atacar un sistema que, hace ahora 90 años, había llegado pacíficamente.

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