Asia Central

El primer país musulmán que prohíbe el hiyab (y multa a las mujeres que lo llevan)

En Tayikistán la ley veta la "ropa extranjera” y limita aún más los derechos de las mujeres en una sociedad muy conservadora y con un gobierno autoritario

Mujeres en Tayikistán.
A. M.
22/04/2026
4 min

Juyand (Tayikistán)En el bazar de Khujand, la segunda ciudad más grande de Tayikistán, hasta mayo del año pasado paseaban mujeres con hiyab y abaya, otras con ropa europea y el cabello descubierto, y otras con pañuelos atados a la nuca y túnicas de colores. Ahora, sin embargo, una de estas vestimentas ha sido prohibida. En un país con más de un 90% de población musulmana, se podría pensar que el estado ha prohibido llevar el cabello descubierto. Pero no. En Tayikistán, que constitucionalmente es secular, la mujer multada es la que lleva hiyab.

El año pasado el presidente Emomalí Rahmon firmó un conjunto de leyes que según el preámbulo pretendía “proteger los verdaderos valores de la cultura nacional, prevenir la superstición y el fanatismo y aumentar la espiritualidad y los estándares de vida”. Las nuevas normas dictan el presupuesto, los invitados y el horario para celebraciones nacionales, ceremonias familiares y peregrinaciones a La Meca. También prohíben la importación, venta y uso de “ropa extranjera”, con multas de entre 8.000 y 54.000 somonís (entre 700 y 4.700 euros), en un país donde el salario medio es de 2.700 somonís (aproximadamente 240 euros).

La ley no especifica prendas de ropa concretas, pero en la práctica ha implicado la prohibición del hiyab y el abaya. Khursand Khurramov, politólogo y periodista tayiko, explica que las autoridades lo justifican con el argumento de “preservar la pureza cultural” y han clasificado el hiyab como “una prenda árabe que no forma parte de la cultura tayika” y que, por tanto, se debe eliminar. Siguiendo esta lógica, argumenta Khurramov, también se deberían prohibir los tejanos y las zapatillas deportivas, pero solo están en el punto de mira los velos musulmanes. “Es evidente que el objetivo es la secularización de la sociedad”, afirma.

Tayikistán es un país muy conservador, analiza Fran Olmos, investigador en el Foreign Policy Centre, pero “el islam no es tan central en la sociedad como en Oriente Próximo”. Esto se debe a la herencia de la Unión Soviética, que secularizó las sociedades de Asia central. En Tayikistán hay un “equilibrio entre el islam y las tradiciones propias”, que se han influenciado después de siglos de coexistencia, describe Olmos.

Contra la radicalización

Con todo, el presidente Rahmon es el líder de la región que más veces ha hecho la peregrinación a la Meca y quien más ha incorporado el islam a su imagen política. Por tanto, las nuevas leyes no son una lucha contra la religión. Según Olmos, “el motivo real detrás de esta medida es la lucha contra el islamismo radical y su expansión”.

Tayikistán comparte una larga frontera con Afganistán en una región poco poblada y con escasa vigilancia. En 2011 el líder exiliado de la oposición islamista creó el grupo talibán Jamaat Ansarullah, formado por tayikos, que controla el norte afgano. En 2018 el Estado Islámico reivindicó el atentado en el que cuatro turistas en bicicleta fueron asesinados. La proximidad del régimen talibán a una región donde el gobierno no tiene ojos en cada esquina preocupa como fuente de radicalización.

Sin embargo, no hay pruebas de que prohibir el hiyab frene la radicalización. En cambio, limita la libertad de expresión personal y religiosa en un estado autoritario donde la educación religiosa está muy restringida, donde se persiguen ramas del islam no sunitas y donde tienen prohibida la entrada de niños y mujeres a las mezquitas. La ley no solo responde a la voluntad de control gubernamental, sino que también limita aún más los derechos de las mujeres en una sociedad profundamente conservadora.

Munira Shahidi, presidenta de la fundación cultural Ziyodullo Shahidi, afirma que la prohibición “afecta de manera diferente a cada mujer”. Para algunas, sobre todo en ciudades “donde el secularismo hace tiempo que marca la vida pública”, no es un cambio importante. Es el caso de Narguiza, una chica de 27 años de Dusambé que no es religiosa, que dice que la ley no le afecta "de ninguna manera”. Sharafat, también de la capital, entiende que “para las mujeres que llevan ropa religiosa tiene un gran impacto en su vida” y que puede dificultarles “mantener su práctica espiritual”.

Las zonas rurales del país son mucho más conservadoras y religiosas. Oksana, de un pueblo cerca de la capital, ve el cambio con buenos ojos porque ha presenciado cómo la religión ha transformado la vida de chicas progresistas que, según ella, han sido influenciadas por su familia para “dejar la universidad y encerrarse en casa”.

Sin opción de protestar

Shahidi explica que el hiyab es una “expresión personal e íntima de la fe, más que un símbolo político”, como lo percibe el gobierno. Para las mujeres la prohibición representa una “pérdida silenciosa”, ya que no tienen otra opción que resignarse y cubrirse el cabello con pañuelos tayikos atados en la nuca, aceptados por las autoridades, sin opción a la protesta en un estado muy autoritario.

Según Khurramov y Olmos, la normativa no se ha aplicado sistemáticamente. “Hay casos en que mujeres con hiyab no han podido entrar en edificios públicos –dice Khurramov–, pero incluso el Comité de Asuntos de las Mujeres ha admitido que sus intentos de restringir la vestimenta religiosa femenina han fracasado”. A pesar de ello, hay informes de mujeres a las que se ha llevado a la comisaría y se les ha obligado a entregar el velo, y otras a quienes se ha expulsado de autobuses o de hospitales. Pese a su aplicación irregular y un impacto a largo plazo incierto, la nueva legislación es un ataque a las ya coartadas libertades y derechos de las mujeres tayikas en una sociedad marcada por las restricciones políticas y sociales.

stats