Entre el desierto y la memoria: medio siglo de resistencia saharaui

04/03/2026
3 min

Estos días celebramos el quincuagésimo aniversario de la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). La bandera de la media luna tricolor se izará por primera vez el 27 de febrero de 1976 en Bir Lehlu, un pequeño pueblo en medio del desierto. Ese momento fue mucho más que una simple declaración política; representó la lucha de un pueblo por existir.

El Sáhara Occidental es una franja de tierra situada entre el cabo Bojador y el cabo Blanco, entre el océano Atlántico y el desierto, con una extensión de unos 266.000 kilómetros cuadrados. Limita con Marruecos, Argelia y Mauritania. Es una región de antiguos nómadas llena de recursos naturales, especialmente fosfatos.

Hagamos algo de historia: la proclamación de la RASD llegó en un momento convulso. Después de casi un siglo de presencia española, Madrid abandonó el territorio dentro del proceso de descolonización impulsado por la Organización de Naciones Unidas (ONU). La retirada se hizo apresuradamente, con Franco moribundo y la Transición en pañales. El vacío político fue ocupado por Marruecos y Mauritania, lo que desató una guerra con el Frente Polisario, el movimiento que defiende las aspiraciones nacionales saharauis.

Con los años, el conflicto ha pasado por distintas etapas. Mauritania se retiró en 1979, pero Marruecos consolidó el control sobre la mayor parte del territorio. Muchos saharauis huyeron y se establecieron en campos de refugiados en Argelia, como Tinduf. Después de años de combates, en 1991, se acordó un alto el fuego con la promesa de realizar una consulta para que la población decidiera su futuro. Para supervisarla se creó Minurso. Sin embargo, el referéndum nunca se ha llevado a cabo y el proceso político sigue bloqueado.

Con el paso del tiempo, la situación se ha hecho más compleja. Marruecos defiende una propuesta de autonomía bajo su soberanía. El pueblo saharaui mantiene la demanda de un referendo libre y vinculante. El desacuerdo ha impedido avances reales, y todo ello en 2020 desembocó en nuevos enfrentamientos armados. Hoy el territorio está dividido entre la zona controlada por Marruecos, un rango bajo control del Polisario y los campos de refugiados. Esta división separa a familias y alarga una espera que parece no acabar nunca.

Pese a las dificultades, la RASD ha construido estructuras propias de gobierno. En los campos de refugiados, en muy duras condiciones, se han creado escuelas, centros de salud y espacios de participación política. La vida en el desierto es difícil, pero también es un ejemplo de organización y resistencia. La causa saharaui ha recibido el reconocimiento de varios países y es miembro de la Unión Africana. Sin embargo, la solución definitiva sigue pendiente y depende de la voluntad de la comunidad internacional.

España tiene una responsabilidad clara en ese conflicto, porque, como hemos dicho, el Sáhara Occidental fue colonia. Durante muchos años, España había defendido la realización de un referéndum de autodeterminación bajo el paraguas de la ONU. Pero en 2022, el gobierno presidido por Pedro Sánchez apoyó de forma explícita la propuesta de autonomía planteada por Marruecos. Este cambio de posición provocó debate y desacuerdos en el mismo gobierno, ya que algunos sectores seguían defendiendo el derecho a decidir como única vía legítima. Paralelamente, se han intentado reactivar las negociaciones con la participación de actores internacionales, como la administración de Donald Trump, pero hasta ahora no se han logrado avances concretos.

Ante esta parálisis institucional, la sociedad civil no se ha callado. Así, en las Islas Baleares, la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui trabaja desde los años ochenta para apoyar a los refugiados e informar a la ciudadanía. Su proyecto más conocido es 'Vacances en Pau': cada verano, cientos de niños saharauis pasan unos meses con familias de las Islas. Esto les permite salir de las duras condiciones del desierto, recibir atención médica y gozar de una alimentación adecuada. La entidad también impulsa envíos de material, proyectos sanitarios y actividades de sensibilización. Además, con motivo del cincuentenario de la RASD, esta entidad organiza estos días actos de conmemoración y reflexión. Se proyectará el documental Sáhara Occidental: Memoria de una Resistencia y se hará un coloquio con representantes saharauis y personas vinculadas a la defensa de los derechos humanos. Será un espacio para escuchar testigos y recordar que el derecho de autodeterminación sigue pendiente.

Déjeme acabar con una curiosidad. Según la tradición saharaui, es necesario tomar tres tés consecutivamente: el primero es amargo como la vida, el segundo es dulce como el amor y el tercero es suave como la muerte. Esta imagen resume bien su historia reciente: sufrimiento, esperanza y perseverancia.

Cincuenta años después, el pueblo saharaui todavía espera que se cumpla la promesa de una solución justa. Es de justicia no olvidar lo que ocurre en aquella parte del mundo.

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