Por pan y por sal

Siete almudes no hacen barcella

Os explicamos como preparar granadinas en casa

Un panecillo redondo y esponjoso muy sencillo de hacer.
06/06/2026
3 min

PalmaEl pan, alimento básico para la humanidad, parece que surgió de la casualidad. Se cuenta que los primeros pobladores recogían cereales silvestres y que entonces aprovechaban el grano machacándolo entre dos piedras para hacer gachas. Se cree que, un día, alguien olvidó una parte de estas gachas cerca del fuego, o quizás las vertió expresamente sobre una piedra caliente. El resultado fue una pasta seca, plana y crujiente, el primer pan ázimo (sin levadura) de la historia. El pan tal como lo conocemos hoy, esponjoso, con miga y volumen, nació en el antiguo Egipto. El azar volvió a jugar a su favor cuando algún pastor olvidado captó alguno de los hongos de la levadura que viven suspendidos en el aire. Aquella masa se infló y cuando la encontraron decidieron cocerla. El resultado fue realmente un milagro: un pan blando, sabroso y mucho más fácil de digerir.

La domesticación de los cereales y su comercio creció de manera paralela al consumo del pan. El grano se podía vender, comprar, almacenar e intercambiar, pero también se debía medir. Las primeras unidades de medida aparecen en las primeras civilizaciones agrícolas: el sil, el ban y el gur en Mesopotamia; el hekat en Egipto: el efa y el homer del mundo hebreo, el medimnos griego, el modius romano y el mudd islámico son algunos de los ejemplos de la variedad de unidades que se emplearon. Como era engañoso medir el grano por peso, ya que la humedad lo hacía cambiar, se usaron medidas de capacidad.

Los fraudes

Explica Antoni Riera Melis en Els cereals i el pa en els països de llengua català a la baixa edat mitjana (Institut d’Estudis Catalans, 2017), que en la etapa central de este período las unidades de medida de los cereales eran de carácter local y bastante numerosas en toda Europa, lo cual favorecía los fraudes. A pesar de los intentos de simplificarlo para proteger a los consumidores y agilizar los intercambios comerciales, las unidades de medida comportaron muchas complicaciones porque podían variar en el espacio y en el tiempo. Así una quartera de trigo no era la misma en Tarragona que en Mallorca, ni tenía la misma capacidad en el siglo XII que en el XIII. Las Illes Balears han conservado durante siglos un sistema muy estructurado de medidas para el grano y otros productos secos. Entre estas unidades destacan el almud, la barcella y la quartera. El almud (del mudd islámico) como medida pequeña (1,95 litros aproximadamente), la barcella como unidad intermedia y la quartera como medida grande. Esta clasificación se convirtió en el estándar para la gestión del cereal en contratos agrarios, impuestos y mercados. Su estructura era muy regular y fácil de utilizar: una quartera equivalía a seis barcelles y treinta y seis almudes, lo que permitía conversiones sencillas. Este sistema de medidas mantuvo la vigencia durante siglos sin grandes cambios. No obstante, con la implantación del sistema métrico en España en el siglo XIX, se inició un proceso de sustitución progresiva.

En el contexto de la sociedad rural destaca la fiesta de las medidas, una celebración muy importante del campesinado menorquín que tenía lugar normalmente durante el mes de agosto, cuando el trigo y el resto de cereales ya se habían recogido. Esta jornada servía para medir la producción anual y determinar qué parte correspondía al amo y cuál, al señor. El día señalado para hacerlas, se reunían sobre la era el propietario y el aparcero, el personal del lugar y las familias de todos; uno de los mozos sacaba del montón de trigo medidas y más medidas, y pasaba a cada una el bojo o rasera; si llegaban a llenar cien, la que hacía cien no se arrasaba, sino que iba a montón, y entonces el medidor lanzaba la rasera tan lejos como podía y marcaban con una hito el punto donde había llegado; acto seguido se hacía un refresco de resolí y tiraban los sombreros al aire; entonces otra persona continuaba las medidas y lanzaba la rasera cuando volvía a llegar al centenar y la intentaba tirar más lejos que la primera hasta que se había medido todo el montón. La jornada se acababa con una merienda abundante y un baile muy animado.

La receta de hoy es muy apropiada para meriendas y fiestas, un panecillo redondo y blando muy sencillo de hacer. Ahora que hace calor es el mejor momento para preparar pastas tiernas y esta, en una hora, la tendréis lista.

Magranetes

Mezclaremos la leche tibia con la levadura y la fundiremos. Añadiremos el agua y el aceite y, a continuación, la harina y la sal y lo amasaremos hasta que tengamos una pasta que no se pegue a las manos. La amasaremos un rato y la dividiremos en 8 o 10 porciones. Haremos bolas y las dejaremos levar en una palangana, tapadas con un paño. Pasados 30 minutos les haremos una cruz encima con la ayuda de un cuchillo y las volveremos a dejar levar media hora más o hasta que veamos que están a punto.Las hornearemos a 180 ºC unos 20 minutos. Dejaremos que enfríen y ya las tendremos listas para comer.

Ingredientes

l 450 g de harina de fuerza l 100 g de agual 100 g de lechel 50 g de aceitel 25 g levadura prensada l 1 pizca de sal

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