Almendras tiernas para una imagen
Os explicamos cómo preparar berenjenas de ir a mar en casa
PalmaEntonces el carreró se encontraba flanqueado por solares. Los almendros se asomaban a nuestro paso ofreciendo unas almendras tan verdes que aún podíamos comer la piel. Las abríamos con los dientes y sacábamos el corazón que estallaba dentro de la boca como un pequeño sorbo de agua ácida. Nos llenábamos los bolsillos y partíamos de cuatro por miedo a que nos delatase algún vecino. En el mes de septiembre, cuando era el tiempo de recoger las almendras, siempre comía alguna de las que pelábamos fuera de las telas. La pulpa se rompía crujiente dentro de la boca, lechosa y dulce, desafiando tan maravillosa transformación, talmente una crisálida esperando su estado final.
La naturaleza se encuentra siempre en estado de metamorfosis. Nosotros también mudamos. El callejón de los almendros ya no es aquel callejón, los solares han tomado otras formas y los árboles que caían las ramas han dejado de ser una presencia cotidiana para convertirse en un recuerdo. Es entonces cuando la memoria necesita otra piel para sobrevivir. La fotografía cumple este prodigio deteniendo todo este movimiento en un instante preciso que permite capturar la mariposa antes de que desaparezca del jardín. La imagen acaba siendo el único paisaje que podemos habitar sin que el tiempo la altere.
Hoy, la mayoría de los viejos almendros adornan el paisaje como si fueran imágenes en negativo y es inevitable pensar en las fotografías que Joan Fontcuberta presenta en la Fundació Toni Catany. En este proyecto, los árboles moribundos o muertos son retratados como si fueran figuras, esculturas en medio del campo que conservan una forma humana sugerida y que son tratados talmente como si se encontraran dentro del estudio del artista. Mientras que el fotógrafo de Llucmajor preserva la vida cotidiana de los objetos, de los frutos y de las flores en la quietud íntima de la naturaleza muerta, Fontcuberta contempla los árboles y los convierte en un paisaje que ya solo puede persistir como memoria visual. Entre ambos se establece un mismo gesto: dar forma a lo que está a punto de desaparecer o ya ha desaparecido.
La receta de berenjenas con almendras tiernas que preparaban en can Toni Catany para llevar a la playa deviene una tercera pieza del mismo sistema. La cocino pensando que es un privilegio poder hacerla y ofrecerla, porque nace de la mano de un fotógrafo que me maravilla y porque cocinarla es también una manera de acercarse a su mirada, de continuarla en otro lenguaje. Una receta también es una forma de fotografía, porque nos permite adentrarnos en un tiempo, en un momento preciso, y dar forma a un paisaje. Por eso, las berenjenas para ir a mar con almendras tiernas que preparaban en can Toni Catany no solo conservan un gusto, sino también un momento exacto del año, cuando las almendras todavía no han acabado su proceso y florecen los frutos de verano.
Quizás la cocina y la fotografía no son otra cosa que dos maneras de oponer una resistencia silenciosa al tiempo. Una fija la luz; la otra, el gusto. Entre ambas consiguen que, muchos años después, todavía podamos sentir estallar dentro de la boca aquella mordida lechosa y dulce que esconde una almendra tierna.
Aprovecho para dar las gracias a Toni Garau por transmitirme la receta –ha sido un placer para mí poder hacerla–, y a Xesca Riera por proporcionarme las almendras tiernas.
Cortaremos las berenjenas en rodajas y las pondremos dentro de un bol con agua y sal. Mientras tanto, escaldaremos los tomates, los pelaremos y los picaremos. Haremos una salsa añadiendo sal, pimienta negra, una hoja de laurel y unos ajos machacados. Cuando esté bien cocida, la retiraremos del fuego.Colaremos la berenjena y la freiremos por tandas. Dejaremos que escurra sobre papel absorbente y la pondremos dentro de una cazuela. Salpimentaremos.Haremos un majado con las almendras peladas, un ajo y una pizca de sal. Añadiremos un chorrito de vinagre, todo lo que el majado beba. Mezclaremos el majado con la salsa y la verteremos sobre la berenjena. Pondremos la cazuela en la nevera y esperaremos a que enfríe. Mejor si se hace de un día para otro.Este plato tan veraniego puede parecer peligroso para llevar a la playa, ya que el ácido de la salsa y el calor no son muy compatibles. El vinagre, en este caso, actúa como en un escabeche y hace que se conserve.
2 berenjenas 1 kg de tomates1 puñado de almendras tiernaslaurel, ajos 1 chorrito de brandy o de vino negro vinagreaceite