El reto de siempre de la izquierda: construir sociedad o gestionar sociedad

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Salvador Martínez Millán
22/08/2026 - 17:16 h.
Presidente de ATTAC
5 min

El autor del artículo, Salvador Martínez, nos dejó el pasado día 3. Estamos ante, pues, un texto póstumo. Su testamento político, que quiso publicar en ARA Balears, medio del cual era suscriptor y con el que mantuvo un contacto permanente como activista y dinamizador, además de como presidente de ATTAC. Se publica este escrito con la esperanza de que sea fuente de debate, que sea iluminador de perspectivas de paz y justicia social, y también alentador del pensamiento y la acción transformadora.Coincido totalmente con el análisis que Juan Torres, economista y miembro del comité científico de ATTAC España, ha publicado en Globalter el 28 de mayo bajo el título: ‘La izquierda que ya no sirve. Ideas para recuperar el norte’ y quiero centrar mi reflexión y propuestas en cuatro líneas-fuerza que se desarrollan en su artículo.

¿De dónde partimos?:

Torres plantea que las izquierdas dejaron de ser transformadoras cuando abandonaron la construcción de sociedad y se plantearon sustituir el contrapoder social por la mera ocupación institucional; se quería así combatir el neoliberalismo utilizando las mismas estructuras culturales, económicas y comunicativas que el neoliberalismo ya controlaba. Además no debemos olvidar que la izquierda histórica no solo era la expresión de los partidos y sindicatos obreros, sino que también defendía formas de vida compartida (barrios, asociaciones de vecinos, cooperativas, escuelas públicas, ateneos, espacios colectivos, etc.). La izquierda no solo eran ideas compartidas, también eran propuestas de condiciones de vida surgidas de esas mismas ideas.

El liberalismo supuso una transformación civilizatoria, una operación antropológica y cultural: transformar la manera de pensar, sentir y vivir de las personas; fabricar un nuevo tipo humano adaptado a la lógica del mercado–Homo economicus. Se destruyen centros fabriles y el trabajo se precariza. Se atacan y desprestigian partidos y sindicatos (los elementos organizativos de la clase obrera), se privatizan servicios públicos, se mercantiliza toda la vida, se destruyen espacios comunitarios que sostenían vínculos sociales y se impone una nueva moral: la libertad individual es el valor supremo. El éxito es mérito personal y el fracaso es responsabilidad individual. Lo público no sirve y el mercado es la mejor garantía de nuestro bienestar.

Dentro de la tercera línea-fuerza que Torres desarrolla en su artículo se defiende la idea de que la derecha hace uso de la política para consolidar el poder que ya tiene sobre la sociedad. No necesita transformarla, ya le pertenece. El poder económico, mediático, financiero, las grandes corporaciones, los fondos de inversión... Todo eso es suyo antes de que comience ninguna campaña electoral. La política, para la derecha, no es un instrumento de cambio, es el instrumento de conservación y consolidación de su poder. Cuando la derecha llega al gobierno solo necesita defender el mundo que encuentra, extenderlo y blindarlo ante cualquier amenaza y, por eso, con el poder institucional ya es suficiente, porque el resto del poder, el poder real, ya lo tiene.

La izquierda, en cambio, no tiene ninguno de estos poderes, y el mundo que quiere construir no existe, o tan solo en las grietas del sistema. Es por eso que la izquierda se ahoga y fracasa cuando quiere transformar la sociedad haciendo política como hace la derecha, actuando prioritariamente en el gobierno y las instituciones.

De estas dos últimas líneas de análisis surge una conclusión que me parece todo un reto para volver a plantear los objetivos a largo plazo de la izquierda: “La izquierda ha intentado emplear la política para transformar la sociedad, cuando su tarea real es exactamente la inversa: transformar la sociedad para cambiar la política”.

¿Hacia dónde queremos ir?

Hoy, en nuestro tiempo, es más necesario que nunca volver a elaborar un nuevo relato civilizatorio, un nuevo relato común, que recupere las grandes causas de las luchas sociales que seduzcan a todo tipo de personas; recuperar y renombra los valores universales que siempre han tenido sentido: el bien común, la libertad, la justicia, los derechos humanos, la democracia.

Debemos recuperar los pilares del desarrollo humano y social, volver a poner a la persona en el centro de la vida: la sanidad pública, educación pública, la vivienda digna, la movilidad respetuosa con el entorno; recuperar el equilibrio con la naturaleza, aceptar que estamos en un planeta finito con recursos finitos, redirigir la mirada al terreno agroecológico e implementar un tipo de vida, de distribución del tiempo y de cuidados desde una mirada y concreción ecofeminista.

Finalmente, hay que volver a abrir todo el ámbito comunitario a más participación comunal de barrio, de pueblo, e inventar nuevas formas de implicación de todos y todas para vivir la democracia desde un terreno cercano. Todo esto y más es construir sociedad, crear un nuevo relato común.

¿Qué papel podría hacer ATTAC?

ATTAC es una organización internacional, altermundialista y de izquierdas cuyo lema es ‘Otro mundo es posible’. Somos un movimiento contrario al sistema capitalista-financiero actual y, como consecuencia, apostamos por una economía al servicio de la persona, por una sociedad que tenga en el centro el bien común, la justicia social y la Paz entre los pueblos. Somos una organización anticapitalista que defiende la justicia económica y social a escala global.

Hemos hecho una opción obvia y coherente por el ecologismo como forma de equilibrio entre todos los seres vivos con la naturaleza y la Tierra, denunciando también el colonialismo y el patriarcado. Por eso, pensamos que podemos ofrecer un lugar de encuentro, de reconocimiento mutuo y elaboración conjunta de alternativas. Participar en la “batalla cultural” para elaborar un relato común alternativo, y aportar nuestro esfuerzo, compromiso y tiempo para luchar contra la hegemonía del discurso neoliberal y sus valores: individualismo, competitividad y acumulación de riquezas.

En esta lucha por un mundo nuevo debemos trabajar codo con codo con otras organizaciones, colectivos, y personas que a título individual se incorporen a la tarea común. Debemos recuperar un relato común alternativo, como también los valores de la justicia, la fraternidad, el bien común, la cooperación, la empatía, el cuidado mutuo, potenciando una cultura de paz y de unidad. Esta podría ser nuestra pequeña aportación a la creación de tejido comunitario y a la lucha por una verdadera transformación de las personas y la sociedad.

¿Y, finalmente, cómo podemos hacerlo?

Aprovechando nuestra capacidad de movernos allí donde haya tejido asociativo –asociaciones de vecinos, ateneos, pueblos– para conectar y relacionar experiencias alternativas: poner en contacto experiencias de consumo alternativo, producción, cooperativismo, economía social y solidaria, cuidados, tipos de vivienda alternativa, comunidad y formas de participación democrática, entre otras, y hacer de vez en cuando encuentros de estas experiencias.

También sería importante hacer talleres explicativos de las mismas experiencias –se trataría de visibilizar y conectar estas otras maneras de vivir. Ni más ni menos, se trataría de visualizar que la Utopía es posible, que la Utopía ya se hace, pero que se concreta en muchas experiencias dispersas y descoordinadas.

A modo de síntesis, pienso que más allá de las convocatorias electorales que periódicamente tendremos y a las cuales, inexorablemente, la izquierda se ha de presentar tan unida como sea posible, el verdadero proyecto a largo plazo al cual no debería renunciar por el cortoplacismo electoral es, precisamente, caminar con una mirada a largo plazo brazo a brazo con el máximo de agentes hacia la transformación de esta sociedad capitalista, origen de todos los males sociales, personales, medioambientales y de supervivencia que sufre la Humanidad, partiendo del primero y más horroroso e inhumano de todos que es la Guerra.

Si vivimos valores que sean de verdad humanos estaremos construyendo un auténtico mundo nuevo.

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