No son futuros lectores

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05/11/2026 - 07:31 h
Escritor

Hace pocos días que los lectores de las Islas hemos recibido la que seguramente será una de las noticias culturales del año: Lleonard Muntaner, Editor, con Maria Muntaner al frente y con la dirección editorial de Xisca Mas, lanzará el próximo mes de noviembre un nuevo sello dedicado a la literatura infantil y juvenil, y tendrá un nombre que no podría ser otro que La Lleonera. A esto debemos añadir la reciente recuperación de Cort Edicions por parte de Rata Cultura, que ahora publicará sobre todo títulos dirigidos a primeros lectores, y la actividad nada despreciable de editoriales como Saïm (¡qué libros ilustrados!) o bien Melicotó (¡qué libros ilustrados, por dos!). Hacía tiempo que, desde el cierre de la primera etapa de la Editorial Moll, los niños y jóvenes isleños estaban relativamente huérfanos en cuanto a publicaciones que les hablaran en términos cercanos del mundo más cotidiano y del universal, y parece que el sector editorial empieza a ponerle remedio.

Y esta es, sin duda, una buena ocasión para plantearnos un par mallorquín de preguntas, ya que si lo hacemos, lo debemos hacer bien: ¿qué significa hacer libros para niños y jóvenes? ¿Y qué implicaciones tiene publicarlos desde Mallorca, pero a menudo con la vocación de recorrer mundo?

Antes de nada, es importante remarcar que, contra lo que algunos piensan (incluso lo he oído decir a personas que escriben, que publican, que divulgan y prescriben libros), los niños y jóvenes no son los lectores del futuro: son, sencillamente, lectores. Los lectores de ahora. Y pueden llegar a ser, de hecho, los más exigentes de todos. Un lector adulto puede decidir terminar un libro aunque no le acabe de entusiasmar, pero un niño de tres a once años difícilmente terminará un cuento que no le interese. Como tampoco tolerará incoherencias injustificadas, decisiones arbitrarias o giros forzados que algunos adultos, en pro de la teoría o de la perspectiva o de vete a saber qué, quizás se tragará a gusto y todo.

Otro mito que conviene dejar atrás es que los niños son los que leen más (qué le vamos a hacer, público cautivo) mientras que los adolescentes son los que bajan las estadísticas de lectura. Por suerte, los datos recogidos por el Ministerio de Cultura en los últimos años revelan que el 76,9% de las personas de entre 14 y 24 años son lectoras, y que son, en realidad, el sector de la población que lee más de todo el Estado. Los que causan el descenso, de hecho, son los mayores de 65 años, un perfil que a menudo coincide con estos juicios poco fundamentados.

La literatura infantil y juvenil es uno de los géneros más estratégicos y sensibles de los que se pueden escribir en catalán, y más desde Mallorca. Es el inicio de un viaje, es la creación de referentes. Es, también, la construcción de una industria que, si creciera como toca, podría dar muchas alegrías tanto a editores como a creadores. ¿Sabremos estar a la altura? El panorama editorial isleño, el mencionado y el que ya hace años que avanza poco a poco, publicando nuestra LIJ, empieza a hacer los deberes. Ahora, nos toca a los lectores y a los prescriptores.

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