Las escuelas de idiomas (EOI) de las Baleares pierden casi la mitad del alumnado en doce años

Las alternativas digitales, el absentismo y las dificultades para conciliar estudios y trabajo explican parte del descenso, mientras que Educación defiende que la matrícula sube "gradualmente"

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Fachada de la EOI de Palma.
Jaume Cladera
04/11/2026 - 21:33 h

PalmaEl curso 2014-2015, las Escuelas Oficiales de Idiomas (EOI) de las Baleares llegaron a su máximo de matriculaciones, con 19.388 alumnos. Doce cursos después, la cifra se ha reducido casi a la mitad: en 2025-2026 se registraron 10.031. Son 9.357 matrículas menos, una caída del 48,3% que plantea una pregunta incómoda: ¿qué ha cambiado para que aprender idiomas en estos centros haya dejado de tener el atractivo que tenía? El descenso no se explica por un único motivo. La irrupción de las aplicaciones y la inteligencia artificial, la preferencia por formaciones más cortas y flexibles y las dificultades para mantener el compromiso con unos estudios exigentes han transformado la manera de aprender lenguas. Al mismo tiempo, las EOI afrontan el reto de hacer compatibles las necesidades de los alumnos con una formación oficial que requiere tiempo y dedicación. Todo en un contexto en el que la gente joven ha perdido un cierto interés por las titulaciones oficiales de idiomas, según las fuentes expertas consultadas.

Para Maria del Mar Vanrell, filóloga y profesora de la UIB, la pandemia aceleró un cambio en las expectativas. "Desde la pandemia, la gente quiere formaciones breves, focalizadas y que se puedan adaptar a formatos en línea, sin tener que ir necesariamente a un lugar físico", explica. Además, hoy hay plataformas que permiten aprender nociones de muchas lenguas con formatos más informales y atractivos que los de la enseñanza tradicional.

También ha cambiado la manera de repartir el tiempo. "El tiempo que antes dedicábamos a formarnos, ahora lo queremos dedicar a otras cosas. Queremos calidad de vida, socializar, hacer deporte", señala Vanrell. Si antes la gente joven, y no tan joven, consideraba que estudiar un idioma era una inversión percibida como necesaria para mejorar las oportunidades laborales, ahora esta expectativa no siempre pesa tanto. "Los niveles y los títulos oficiales de idiomas han perdido valor", resume la experta. Por otra parte, hay quien prefiere acceder a titulaciones avaladas a escala internacional. Los certificados que emiten las EOI tienen validez oficial en todo el territorio español y pueden ser reconocidos en procesos selectivos, según las bases de cada convocatoria. Por otro lado, por ejemplo, los títulos de Cambridge disfrutan de reconocimiento internacional y también pueden ser admitidos en oposiciones y otros procesos de selección, siempre que cumplan los requisitos establecidos.

El efecto del TIL

La bajada se entiende mejor si se compara con la etapa de máxima demanda. Una exprofesora de las EOI recuerda que hubo "un gran boom" en la época del TIL, cuando mucha gente quería aprender inglés para hacer frente a la educación trilingüe impulsada por el Gobierno de Bauzá. También había expectativas vinculadas al turismo: en el caso del ruso, por ejemplo, había alumnos que se apuntaban pensando que llegarían visitantes con dinero, pero esta previsión no se cumplió como esperaban. Las motivaciones, sin embargo, no han desaparecido: se han diversificado. Vanrell distingue entre aprender una lengua porque es un requisito y hacerlo porque cuenta como mérito. Cuando deja de ser una condición obligatoria y pasa a sumar puntos, dice, la matrícula puede bajar. En cambio, sigue habiendo personas que estudian idiomas para hacer una estancia Erasmus o por interés personal. Los gustos también marcan la oferta. "Ahora, por ejemplo, se ha puesto de moda aprender coreano", apunta la profesora de la UIB. En estos casos, los alumnos pueden recurrir a otros recursos para aprender la lengua que les interesa.

La tecnología es otro factor de competencia. Los traductores automáticos permiten comunicarse sin dominar necesariamente una lengua, mientras que la inteligencia artificial ofrece la posibilidad de practicar conversaciones. Diversos exalumnos consultados consideran que estas herramientas pueden ser una alternativa eficaz a las clases presenciales. Critican, además, que, según su experiencia, en las EOI había poca corrección y poco seguimiento del aprendizaje. En la misma línea, remarcan que a veces no se corresponde el nivel que se pide en clase con el que después se reclama en los exámenes finales, un hecho que les conduce al malestar y, especialmente, al suspenso. Otros alumnos valoran positivamente la calidad educativa recibida y ponen en valor el grado de exigencia.

La crítica no es compartida de manera generalizada. La exprofesora consultada sostiene que las metodologías dependen del docente y que muchos profesores utilizan el método comunicativo. También recuerda que, cuando trabajaba en las EOI, el profesorado se reunía cada dos semanas para revisar los suspensos y el absentismo, y que enviaban correos a los alumnos que dejaban de asistir a clase.

Estudiar idiomas exige tiempo

Más allá de las metodologías, la conciliación es una dificultad recurrente. Los cursos oficiales requieren continuidad y las clases pueden ocupar cuatro horas semanales, a las cuales se debe añadir el tiempo de estudio. Para un alumno de Bachillerato, una persona que trabaja o alguien que hace trabajo de temporada, mantener este ritmo durante meses no siempre es posible. "Si tú trabajas, estás muy motivado, pero no lo necesitas mucho, lo dejas", resume la profesora de japonés de la EOI de Palma, Libertad. El absentismo y el abandono son problemas que también afectan a su departamento. Para tratar de responder a perfiles diferentes, los centros han incorporado formatos semipresenciales en algunos cursos y formaciones específicas para preparar exámenes.

El japonés, de hecho, muestra que la demanda no es igual para todas las lenguas. Según Libertad, en cinco años han triplicado el alumnado y actualmente tienen 140 estudiantes. Cuando empezó a impartirse esta lengua, había un profesor y medio; ahora hay tres docentes a jornada completa. Es un ejemplo que convive con la bajada general y que apunta a la importancia de los intereses de los alumnos y de la adaptación de la oferta.

La exigencia académica también puede ser una barrera. La exprofesora defiende que los niveles altos sean difíciles porque esto garantiza la calidad, pero advierte que hay alumnos que no pueden asumir el tiempo que requieren. Además, los cursos semipresenciales no siempre implican menos trabajo: parte de las actividades se trasladan a casa y pueden aumentar la carga de corrección del profesorado y del alumno.

Una caída desigual

Los datos del último curso muestran que la tendencia no es homogénea. Entre el 2024-2025 y el 2025-2026, las matrículas crecieron un 5,9% en Mallorca y un 11,1% en Menorca. En cambio, cayeron un 44,3% en Ibiza y un 47,9% en Formentera, lo que hizo bajar el total de Baleares un 3,5%, hasta las 10.031 matrículas. En el conjunto de los trece cursos estudiados (desde el 2013-2014), Mallorca ha pasado de 14.365 matrículas a 8.206, un descenso del 42,9%. En Menorca, la caída es del 42,7%; en Ibiza, del 51,8%, y en Formentera, del 35,7%.

La Consejería de Educación y Universidades defiende que, en los últimos cursos, la tendencia se ha revertido y que el número de alumnos aumenta gradualmente. También pide tener en cuenta a los 890 estudiantes que realizan cursos específicos no reglados, como inglés para negocios y literatura francesa y rusa, que no se ofrecían hace una década. Este año, además, se ha ofrecido coreano para comprobar si hay suficiente demanda para crear un departamento. Según la Consejería, el trabajo de las EOI va más allá de certificar niveles de inglés o catalán e incluye programas con institutos, centros de educación de personas adultas y formación profesional.

El reto es que esta ampliación y los nuevos formatos respondan a las necesidades de quien hoy quiere aprender una lengua. Las herramientas digitales pueden ofrecer flexibilidad, pero no sustituyen necesariamente todos los beneficios de las clases. Libertad reivindica el valor del contacto humano, mientras que Vanrell señala que los centros también deben competir con opciones que exigen menos tiempo y se adaptan mejor a los intereses de cada persona. Las EOI no han dejado de tener alumnos ni toda su oferta ha perdido demanda. Pero la distancia respecto al máximo de hace una década evidencia que el modelo ya no conecta de la misma manera con una parte de la población. La cuestión es cómo adaptarse a estos nuevos hábitos sin perder aquello que diferencia a una escuela oficial de una aplicación o un centro privado: un itinerario formativo estructurado y una certificación académica.

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