IA y miedo
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Y ahora, de repente, la IA nos matará a todos. Todavía no hace ni cuatro años que llegó este aparato a nuestras vidas, y ya hay multitud de voces dentro de la misma industria que le da cuerda, que nos advierte de que sus responsables están asustados, y que ante el poder de lo que están poniendo en marcha no saben si parar o bien pedir que los paren con la ley en la mano. Esta IA era muy diferente de lo que teníamos antes: esta redacta, resume, traduce, argumenta e incluso programa, quitándole el trabajo, por lo que se ve, al tipo de profesionales que le dieron cuerda en primera instancia. Pero si uno se informa o hace un poco de investigación ve que la IA ahora mismo ya está salvando vidas: en la radiología y detección de cáncer, por ejemplo, o en oftalmología, donde la IA examina fotos de retinas y detecta de repente retinopatías en la atención primaria sin tener que ir al especialista. Hay multitud de sistemas que encuentran también arritmias, imágenes cardíacas ahora tratadas con IA, datos que el sistema puede procesar de una manera más acelerada y eficiente que la inteligencia del médico, y hace más complicado que incluso las anomalías más pequeñas pasen desapercibidas. Solo estos últimos años, desde que la IA ha empezado a hacer de médico, por decirlo así, se estima que se han salvado casi 50.000 vidas adicionales anualmente en todo el planeta. Pero ahora resulta que esta tecnología nos tiene que matar…: hay gente que se está tomando pastillas desarrolladas gracias a moléculas que la IA ha estructurado y a la vez teme que, de alguna manera, la IA también sea responsable de alguna clase de apocalipsis. La IA nos parece una amenaza porque cualquier cosa humana o medianamente consciente ya nos parece una amenaza. Nuestros vecinos tienen conciencia y libre albedrío, pero ¿nos dan miedo? En el caso improbable o difícil de que la IA tuviera conciencia propia: ¿cómo la diferenciaríamos de una IA que simplemente simula tenerla? ¿Y qué diferencia puede haber entre tener conciencia y tener una simulación de ella que puede ser más efectiva o profunda que la de nuestros conciudadanos? ¿Y por qué no se debería poder desenchufar? Los miedos a la tecnología son tan antiguos como la propia tecnología: el miedo de Platón a la escritura, o más modernamente el miedo a la imprenta, que haría correr todo tipo de herejías, de ideas falsas o informaciones que podían poner en duda la relación que se tenía con la autoridad o con la misma realidad. ¿Los responsables de estas empresas que ahora mismo desarrollan las herramientas de IA propagarían estos miedos si supieran que todo ello puede poner en peligro sus negocios? Son empresas emergentes, que están siendo valoradas en millones —en cientos de millones— de dólares, y curiosamente cada vez que hablan de estos ‘avances’ envolviéndolos de esta aura de miedo, no hacen más que atraer inversiones más cuantiosas. No están hundiendo sus negocios: el apocalipsis que quieren apuntar en el horizonte es una forma de reclamo, ya infalible, además, porque cuanto más miedo más poder, y cuanto más poder más capacidad tendrá una herramienta para hacer las cosas ilegales que ahora quizás están haciendo a la hora de apropiarse del software de los otros.