El coste para las Baleares de las vacaciones más cortas
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PalmaLos ciudadanos de las Baleares han comprobado en los últimos años los efectos del exceso de turismo hasta el punto de que se ha generado un importante consenso social en torno a la idea de que la llegada de pasajeros no puede aumentar más. Aquello que quizás ha pasado más desapercibido es que una parte importante de este incremento de pasajeros es causado por un hecho muy concreto: el acortamiento de las estancias de los turistas. De aquellas familias que venían una o dos semanas a las Islas y que no necesitaban desplazarse cada día porque tenían suficiente tiempo, se ha pasado a un modelo que va camino de la locura. Vacaciones de tres o cuatro días de duración generan nuevas necesidades: automáticamente la oferta reglada necesita más visitantes para llenar las camas y mantener el mismo nivel de actividad.
Este cambio, promovido según los especialistas de manera absolutamente programada y con una clara intencionalidad de aumentar el consumo, tiene unas consecuencias muy negativas para las Islas Baleares. Si antes una habitación de hotel se ocupaba una vez por semana de media, ahora hacen falta dos o tres reservas. Esto significa más cambios de ropa, mucho más consumo de agua, y, lo más preocupante, un importantísimo incremento del número de pasajeros en los aeropuertos y de los vuelos con las emisiones correspondientes. Mientras los grandes acuerdos internacionales hablan de reducirlas, las Islas han visto cómo las suyas crecen de manera ininterrumpida y galopante.
Esta semana, en la World Travel Market, los hoteleros han puesto sobre la mesa su preocupación por la reducción progresiva de las estancias, conscientes de que ahora mismo en las Islas no puede crecer más la rotación de turistas, sino que hay que ir en sentido contrario.
Los aeropuertos de las Baleares tienen hoy un 77% más de pasajeros que hace 25 años. Dentro de este incremento están también los residentes, que no son ajenos a la moda del viaje constante. Cuando irrumpieron las compañías de bajo coste, que son un puntal de esta nueva estrategia neoliberal de disparar el consumo de la ciudadanía, buena parte de la población vivió con alegría la posibilidad de visitar ciudades del Estado o de cualquier lugar de Europa por casi lo mismo que cuesta una pizza.
Hoy sabemos que esta hiperconectividad de la que nos beneficiamos conlleva aparejado un aumento inasumible de viajeros, y, por descontado, garantiza que muchos europeos puedan adquirir propiedades en las Islas porque pueden ir y venir las veces que quieran. Todo ello demuestra que la movilidad extrema, presentada siempre como signo de libertad, en realidad conlleva muchas consecuencias negativas para un territorio limitado, que tampoco se puede adaptar indefinidamente a las necesidades del mercado.