Filosofía

El camino hacia una vida feliz según Schopenhauer

Schopenhauer propone que evaluemos el grado de felicidad a partir de saber la magnitud que ocupa aquello que nos entristece

El camino hacia una vida feliz según Schopenhauer
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PalmaLos Aforismos de Schopenhauer son un tratado sobre la felicidad que recoge tanto las experiencias personales como la sabiduría y las reflexiones de literatos y filósofos clásicos y modernos, como Sócrates; Platón y Aristóteles; Diógenes de Sinope y su discípulo Crates; Epicuro, el gran maestro de la felicidad; Menandro; Homero; Epicarmo; Sófocles; Juvenal; Estobeo; Horacio; Terencio; Lucrecio; Celso; los historiadores Tácito, Salustio y Plutarco; Séneca y Cicerón; Diógenes Laërcio; Petronio; Petrarca; Saadi; Shakespeare; los escritores del Siglo de Oro español Baltasar Gracián y Calderón de la Barca; Leandro Fernández de Moratín; Hobbes; Giordano Bruno; Silesius; la reina Cristina de Suecia y Descartes; Francis Bacon; Osorio, el ‘Cicerón portugués’; Gellert; los ilustrados Voltaire, D’Alembert, Diderot y Rousseau; los moralistas franceses La Rochefoucauld, Chamfort y La Bruyère; Bernardin de Saint-Pierre; Leibniz; Goethe y Schiller, impulsores del clasicismo de Weimar; el alemán Lichtenberg, uno de los grandes maestros de los aforismos, y otros autores de máximas y refranes anónimos.

Schopenhauer comparte la definición aristotélica de felicidad, entendida como la libertad de ejercer la virtud. También coincide con el estagirita en la identificación de la vida filosófica como la más feliz, la idea de que la felicidad proviene del interior, del libre ejercicio de las propias facultades y la importancia otorgada a disfrutar libremente del ocio, entendido como una existencia libre. Así, para Schopenhauer el hombre más feliz es aquel que está más dotado intelectualmente y que dispone libremente del tiempo para desarrollar las facultades espirituales innatas, mientras que el más infeliz es aquel hombre corriente y estúpido, carente de vida interior que busca la felicidad en las cosas exteriores. También subraya que la salud y la tranquilidad son fundamentales para nuestra felicidad.

Schopenhauer considera que los niveles de felicidad, tranquilidad y alegría se pueden incrementar limitando la influencia de las opiniones ajenas y, por lo tanto, reduciendo los efectos de aquello que somos a los ojos de los demás, es decir, de la representación de lo que somos definida por el rango, el honor en sus diferentes variantes (burgués, por el cargo, sexual, caballeresco y nacional) y la fama. Según el filósofo, uno de los remedios más eficaces para reducir el peso de las opiniones y comentarios ajenos es adoptar un estilo de vida retirado y solitario que favorezca el silencio y la concentración en uno mismo. Recordemos que Schopenhauer da prioridad a lo que somos en relación a lo que tenemos o representamos. De aquí, la alabanza a la tranquilidad de ánimo alcanzada por los cínicos a través de la renuncia a las posesiones materiales.

Evitar el dolor

Entre las reglas para una vida feliz propuestas por Schopenhauer destaca la regla moral negativa de evitar el dolor, dado que es un error muy común “querer convertir este valle de lágrimas en un lugar de gozo”, y creer como los necios que la felicidad consiste en alcanzar el máximo de placeres posibles en lugar de aspirar a evitar los males. La conducta de los cínicos le sirve de buen ejemplo de actuar sabiamente porque está orientada a evitar dolores y sufrimientos en lugar de buscar los placeres. Se trata de aspirar con resignación a hacer que la vida sea soportable y adecuarse a su sentido trágico, asumiendo la idea de que “el medio más seguro para no ser muy infeliz es no pretender ser demasiado feliz” y reduciendo las aspiraciones a la fama inauténtica, el rango, el honor y las propiedades.

Schopenhauer propone que evaluemos el grado de felicidad a partir de saber la magnitud que ocupa aquello que nos entristece. Otros consejos que da son que debemos dirigir la atención hacia el presente y hacia el futuro, de manera equitativa; además de simplificar las relaciones; ser autosuficientes; no ser envidiosos; amar la soledad y el aislamiento profundo; huir de la vulgaridad y llevar una vida retirada y separada de los demás; conocernos y estar en armonía con uno mismo; reducir las necesidades; meditar bien un proyecto antes de llevarlo a cabo y también después de haberlo puesto en marcha; adoptar una actitud fatalista y conformista ante los acontecimientos desgraciados que han sucedido; evitar dar rienda suelta a la fantasía; aprender a valorar lo que tenemos como si lo hubiéramos perdido; imaginar desgracias para aceptarlas más fácilmente en el momento en que se produzcan; controlar los propios pensamientos para mantenerlos ordenados y evitar que se interfieran entre sí; limitar los deseos y moderar los instintos; estar ocupados con actividades de carácter intelectual o produciendo algo de provecho; impedir que la fantasía determine las decisiones y favorecer que lo hagan, en cambio, los juicios y los conceptos pensados con claridad; dominar las impresiones y las intuiciones mediante la razón y los pensamientos; ser indulgentes y prevenidos; vivir y dejar vivir, aceptando las individualidades y dejando que cada uno sea como es; evitar hablar con bobos y necios; buscar personas afines; ocupar el tiempo pensando; evitar ser demasiado complacientes o amables; evitar relacionarnos con gente de baja condición social; ser críticos con los vicios y defectos de los demás para poder sentir y corregir los propios; deshacernos de las relaciones basadas en intereses materiales y establecer vínculos ideales con personas con sentimientos y maneras de pensar afines; cultivar las amistades auténticas y sinceras, aquellas que sienten un interés puro y desinteresado por nuestro dolor o placer.

Schopenhauer también aconseja no molestarnos por la desconfianza, porque la confianza que sentimos hacia los demás a menudo se debe a la pereza, el egoísmo y la vanidad; cree que es conveniente ser corteses, respetuosos y prudentes; no tomar a los demás como modelos de conducta ni combatir ni contradecir sus opiniones; no ser vanidosos ni caer en la tentación del elogio propio; actuar reflexivamente de acuerdo con el propio carácter; descubrir a los mentirosos fingiendo credulidad; ser discretos con lo que se dice y no dar a conocer a nadie los asuntos personales; recordar el carácter, las actitudes y las conductas de los demás hacia nosotros, pero sin acumular ningún tipo de malevolencia; no mostrar ira ni odio a través de palabras sino de hechos; hablar sin afectación; no fiarnos de la fortuna ni del destino; actuar teniendo en cuenta las circunstancias presentes, esperando que las decisiones tomadas nos acerquen al objetivo deseado; anticiparnos mentalmente y de manera pasiva a lo que puede pasar, sin acelerar el paso del tiempo.

Prever las desgracias

También dice que no debemos mirar con estrechez de miras a la hora de destinar esfuerzos a evitar una desgracia; que es necesario prever y prevenir las desgracias para poder hacer frente con éxito a cualquier contratiempo y adoptar una actitud estoica de inmutabilidad ante los sucesos de la vida; ser insensible a las molestias cotidianas, como las charlatanerías, las impertinencias y otras cosas semejantes. No cree que sea nada bueno actuar precipitadamente, pero, en cambio, recomienda ser valientes y no cobardes, pero sin llegar a ser temerarios y ser tenaces ante la adversidad.

Recomienda, finalmente, aceptar el fatalismo; ampliar a la vida entera la regla pitagórica de hacer balance de lo vivido durante el día y extraer todas las enseñanzas. Y, en definitiva, seguir una serie de reglas para preservar la salud, que son: hacer ejercicio físico, reposar si estamos enfermos, cuidar de los sentidos, dejar descansar el cerebro durante la digestión y después de haber hecho esfuerzos físicos intensos, porque si lo hacemos así podremos pensar con claridad.

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