Se ha escrito mucho en torno a esta última manifestación del 26 de julio. Se ha escrito mucho antes, con toda la polémica absurda generada por la publicación del manual de acción directa no violenta, que ya quedó en nada, después de la supuestamente “aleccionadora” detención de las compañeras de Santa Maria. Y se ha escrito mucho después de la manifestación, en la que la Policía Nacional nos hizo una demostración elocuente y totalmente gratuita de lo que realmente significa violencia. Una demostración que deja en absurdos y ridículos los desmarques y denuncias públicas de algunos –todo el mundo ya sabe de quién– de la supuesta “incitación” a la violencia del manual de la plataforma y que, para muchos, llevaba también implícito el mensaje aleccionador que pretendían también las detenciones de las activistas unas semanas antes.Algunos opinadores han dicho que Mallorca por fin se ha rebelado. Y no se ha rebelado solo por el hecho de salir masivamente, como nunca hasta ahora, a la calle en una manifestación histórica en Mallorca, sino que se ha rebelado precisamente contra los intentos de aleccionar las voces críticas y disidentes al modelo que según la señora Prohens, aún hoy, es el que nos da de comer, cuando en realidad es un modelo que se nos come vivos y, por eso, la gente ya no calla. A pesar de la denuncia casi unánime de la opinión pública a las detenciones de Santa Maria, la gente salió el día 26 a la calle con ánimo reivindicativo, pero tranquilo. La manifestación impulsada por Menos Turismo, Más Vida fue la más multitudinaria, diversa e intergeneracional que muchos recuerdan en mucho tiempo. La gente expresó la rabia con creatividad e incluso humor. Salimos todos juntos a la calle a exigir límites, un año más. Y este grueso de gente, este aumento de la masa crítica, es lo que da miedo. Primero, se intenta dividir, criminalizando y acusando de radicalización a una plataforma que ha sido amplia, diversa y ha trabajado los objetivos políticos de manera asamblearia desde sus inicios como plataforma en 2023. A ver si así, deslegitimándola, pierde la fuerza de convocatoria que tiene. Después, y para atacar por otra banda, se acusa y se detiene a dos compañeras que hicieron lo que muchos piensan pero no se atreven a hacer y que ya había pasado en otras ocasiones. Ahora resulta, sin embargo, que se les acusa de organización criminal. Un absurdo como unas casas. Tan grandes y tantas como las que ya no tenemos por culpa de las respetables inmobiliarias. Y, finalmente, y por si no fuera suficiente, a pesar de saber que mucha gente está llegando al límite de lo soportable, arremeten unas cuantas cargas al final de la manifestación para ver si así ya pueden decir que “los radicales se han apropiado de la lucha contra la turistificación”. Otro absurdo como unas casas —que no tenemos—, porque el otro día, la Policía Nacional no cargaba contra radicales, cargaba contra una sociedad entera a la que los poderes quieren sumisa y a la que las fuerzas del orden pretendían domesticar a porrazos de “así no volverán”.Pero se han equivocado, y ahora y aquí ningún responsable político ni institucional puede ponerse de perfil, porque todos son parte del engranaje que engrasa a los poderosos, los intocables, los que exigen tener sus intereses blindados, si no son parte directamente. ‘¿Y ahora qué?’ nos preguntamos muchas. ¿Continuaremos viendo el espectáculo vergonzoso de tirar las pelotas a tejado del otro y lavarse las manos? ¿Continuaremos oyendo los cínicos discursos que dicen que “respetan el derecho a la manifestación” y que “ellos también comparten las reivindicaciones de la plataforma”? ¿Escalará todavía más la represión de los cuerpos policiales ensayando nuevas estrategias con la Ley mordaza en la mano? ¿O sencillamente se calmarán las cosas con el tiempo, tendremos un eclipse de Sol —y conciencia—, y volveremos a las mismas dinámicas de siempre hasta la próxima manifestación del verano que viene?¿Y ahora, qué?' es una pregunta que debemos hacernos todas y especialmente las personas que de una manera u otra nos organizamos para hacer frente y continuar denunciando las injusticias sociales y los desastres ambientales y territoriales de este desastre de modelo social y económico que ha estructurado nuestra realidad insular. ¿Cuál es nuestro próximo paso, independientemente de las —más que previsibles— respuestas políticas e institucionales que se puedan generar ahora y en los próximos meses? Sabemos que empezamos a molestar de verdad, y lo que más molesta es que ahora mismo ya no somos grupos pequeños más o menos organizados, sino que somos una amplia mayoría social que sale a la calle con un clamor unánime que exige dignidad y justicia. Porque cuestionar el modelo de especialización económica turística ya no es solo una cuestión de crítica al modelo económico o una expresión de malestar por la presión de la turistificación absoluta de nuestra realidad. Es, ahora y gracias a la violencia ejercida por el mismo modelo de manera implícita y por las mismas instituciones y cuerpos de “seguridad” de manera explícita, una cuestión de justicia y dignidad.