Como era Enric Mas, según su amigo: "Cuando vamos a cenar a un restaurante lleva su propia pasta"

Joan Danús, amigo del ciclista, nos explica los secretos mejor guardados de su infancia y juventud

Enric Mas, de azul, con sus amigos.
09/08/2026 - 15:49 h.
3 min

PalmaHace años que vive en Andorra, una ubicación habitual entre ciclistas profesionales para poder hacer concentraciones en altura. Igualmente, mantiene los amigos de toda la vida, con los que empezó a pedalear. Desde la pandilla de amigos aseguran que en las distancias cortas es prácticamente igual que cuando era un niño: “Cercano, divertido y muy natural”. Ahora bien, siempre ha sido “muy reservado con su intimidad”: “Las entrevistas y las cámaras no le gustan nada y, si puede evitarlas, lo hace”, nos cuenta Joan Danús, uno de los amigos de infancia del ciclista profesional Enric Mas (Artà, 1995).

A solo doce años empezaron a ir juntos en bicicleta a la Escoleta de Ciclisme de Artà, dirigida por Miquel Alzamora, “todo un referente del ciclismo en el pueblo y campeón del mundo de pista”. La mitad de la primera década de los 2000, dice, “también era la época dorada de Joan Llaneras, que inspiraba a toda una generación de jóvenes ciclistas mallorquines”. Podríamos decir que aquello fue el inicio de un sueño.

Aun así, antes de dedicarse completamente a la bicicleta también había practicado otros deportes, como el baloncesto. Y, “como cualquier adolescente, también vivió modas propias de la época: el skate, los pantalones bajos... Era un chaval bien normal, como todos”, opina Danús. El ciclista, sin embargo, ha destacado en la pandilla por su sentido del humor y su actitud “traviesa”: “Es el que siempre tiene la broma a punto, el gracioso del grupo”. Los veranos, el grupito de amigos era por Canyamel. “Y muchas tardes las pasábamos sobre la bicicleta arriba y abajo. Íbamos a buscar cangrejos, a cazar renacuajos… y acabábamos comiendo una hamburguesa en el chiringuito de Canyamel”, cuenta.

Cuando todavía era adolescente, Enric Mas decidió apostar plenamente por el ciclismo. Dio el salto a la Península cuando era cadete, tenía 15 años, en el AEL de Valencia; de juvenil pasó al Club Castillo de Onda de Castellón. A los 18 años fichó por la Fundación Alberto Contador, considerada una de las grandes canteras del ciclismo español.

Sin embargo, cuando era más pequeño, cuenta Joan Danús, “Enric no destacaba por tener un gran físico, sino por ser inteligente sobre la bicicleta y tener una mirada muy estratégica”. Ganaba muchísimas carreras “porque sabía leerlas y tomaba las decisiones adecuadas”. Un ejemplo muy recordado por la pandilla de amigos con los que empezó a hacer ciclismo es el Campeonato de las Baleares infantil entre Llucmajor y el Santuario de Gracia. “Antes de la salida, su padre lo llevó a reconocer las curvas más complicadas del recorrido. Aquella visión estratégica le dio ventaja”. Más adelante, el físico también empezó a evolucionar hasta adaptarse perfectamente a las exigencias del ciclismo profesional.

Si hay una palabra que define a Enric es disciplina. “Es la persona más disciplinada que conocemos. Cuando viene por Artà y salimos a cenar, él llega con su propia pasta para que le preparen exactamente la cantidad de hidratos de carbono que necesita. No falla ni un solo día en la dieta. Apuntarse a una torrada con los amigos o beber dos cervezas es una excepción absoluta y no pasa casi nunca”.

Enric Mas es un pilluelo y gracioso, con salidas que siempre hacen que los amigos rían. Y esta parte más alocada se equilibra con la más seria del deporte: “Ha entendido que el ciclismo es un deporte donde las diferencias se deciden por segundos. Por eso cumple al pie de la letra todo lo que le marca el entrenador: si toca entrenar cuatro horas, hace cuatro y no tres horas y cincuenta minutos. Descansa las horas necesarias, cuida cada detalle de la recuperación e invierte en máquinas para recuperar mejor la musculatura. Todo gira alrededor de la bicicleta”.

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