PalmaUna mujer, Anne Carson, acaba de ganar el Nobel de literatura. Esto todavía es un hecho insólito: solo un 15% de los galardonados lo han sido, 19 de 123. ¿Y en Baleares? ¿Han llegado las autoras del Archipiélago a la plena igualdad con los colegas hombres o todavía hay aspectos discriminatorios? El 19 de octubre es el Día de la mujer escritora; miremos cómo está la cuestión y sobre todo cómo están ellas.
La mayoría de las personas consultadas, escritoras de diferentes generaciones, de diversos géneros y de las cuatro islas, perciben el avance. Ya no digamos desde 1869, cuando sobre una de las escasas autoras mallorquinas de la época, Manuela de los Herreros, escribía el misógino Joaquin Asensio que “aunque fuera una mujer sabia, seguramente tendría el hogar abandonado”.
En los últimos diez años, el porcentaje de afiliadas a la Asociación de Escritores en Lengua Catalana (AELC), en el conjunto de todos los territorios, ha subido de cerca de un 35% al 45%, casi la mitad del total de asociados. Este es un indicador del peso más significativo que han conseguido las mujeres en el ámbito literario en catalán.
Para la poeta y traductora residente en Mallorca Noèlia Díaz Vicedo, vocal por las Islas de la junta de la AELC, “aunque ha mejorado” la situación de las escritoras, “todavía no podemos decir que haya una igualdad plena y satisfactoria” entre mujeres y hombres en el ámbito literario. Personalmente, Díaz Vicedo no se ha encontrado con una discriminación directa por el hecho de ser mujer. Pero sí, quizás, de carácter “mucho más sutil”, matiza. En alguna ocasión, al presentar una propuesta a una editorial, se le ha respondido que “no es un libro necesario”: “Y esto me sorprendió mucho: ¿cuánto de necesario es un libro?”.
Otro caso es la organización de actos literarios, a los cuales, a menudo, “los primeros nombres” que se ponen sobre la mesa “son de hombres”. Más o menos igual se podría decir del ámbito académico, en que las asignaturas de género “siempre son optativas: un espacio añadido”. A diferencia, afirma, de la perspectiva “postcolonial”, que sí que ha sido asumida en este entorno.
El ejemplo del fútbol femenino
“En mi caso”, explica la joven narradora y autora teatral mallorquina Laura Gost, “no he notado ningún tipo de inconveniente” por el hecho de ser una mujer. “Ha habido un cambio sustancial. Me siento afortunada porque no me he sentido menospreciada, al contrario. He tenido mucha suerte”. Gost sí que se ha sentido incómoda por algún episodio puntual, como aquel de tres escritores, hombres, que optaron por un pseudónimo conjunto femenino, quizás en la creencia de que esto ayudaría a la difusión de su obra.
Diferente es el punto de vista de la veterana narradora mallorquina Carme Riera, que hace medio siglo que se dio a conocer con Te deix, amor, la mar com a penyora: “No creo que las cosas hayan mejorado mucho. Seguimos más o menos igual”. En los premios nacionales de ámbito estatal, por ejemplo: “Hay una tendencia a que los ganen nuestros oponentes”, dice. Lo mismo ocurre con el Nobel: “Hay muy pocas mujeres, aunque sean tan buenas, o tan menos buenas. La invisibilidad está ahí”.
Diferente es la opinión que Riera tiene de mediados de los años setenta, cuando empezó su carrera. Cree que, “de cara al público”, la literatura escrita por mujeres levantaba un cierto interés, con los libros de Montserrat Roig, o de ella misma, “tal vez más que ahora”. El problema, opina, no es solo de las mujeres escritoras: es que “la literatura se está convirtiendo en algo residual. Tanto de hombres como de mujeres”.
La poeta de Formentera Maria Teresa Ferrer no se ha sentido discriminada en su trayectoria: “En ningún caso. Actualmente, en la escritura de hombres y mujeres hay igualdad. No creo que haya ningún inconveniente para una mujer que quiera escribir”.
Iolanda Bonet, escritora de Ibiza que ha cultivado la poesía y la narrativa para niños y jóvenes, matiza que “en un 90%” no ha percibido ninguna reserva, a la hora de publicar –quizás queda, todavía, ese diez por ciento por resolver. “Incluso me han venido a buscar” para dar difusión a sus escritos. Otra cosa era, añade Bonet, cuando se tenía que organizar un acto: “Si no había ninguna mujer”, entre los participantes, “no pasaba nada”. Hacia finales de los ochenta o principios de los noventa, asegura que no tuvo “ningún problema” a la hora de publicar. Pero si se trataba de un congreso, “en la plana mayor todos eran hombres y esto todavía dura un poco”, si bien puntualiza que pasa mucho menos que en el pasado.
Para Bonet, es importante “que haya un modelo femenino” y utiliza como muestra del auge que vive el fútbol jugado por mujeres: “Las futbolistas son un ejemplo de un entorno masculino” en el cual han adquirido protagonismo. “Y no se ha caído el mundo porque sean mujeres”, observa. “Infinito es el vacío que debemos llenar”, dice un verso suyo, de un poema dedicado, justamente, a las mujeres escritoras.
Las editoriales y las librerías
La poeta menorquina Llucia Palliser cree que “eso de los micromachismos existe”. Puntualiza que “en Menorca no me he sentido” discriminada, “hay bastante igualdad”. Respecto a otros ámbitos, lo confiesa: “Cuando coincides con autores hombres, a veces oigo algún comentario fuera de lugar”. “A veces notas un cierto recelo. No todos, pero a algunos escritores más veteranos todavía les cuesta que una mujer tenga éxito en el mundo literario”, opina. Quizás también, en parte, dice, “porque en el mundo de la creación hay ego y ambición”.
Ahora bien, ¿cuántos libros escritos por mujeres publican las editoriales de las Islas? Para señalar algunas de las más conocidas, Adia Edicions llega a la paridad, cuatro entre las ocho últimas novedades: La carne de los Ángeles,, de Alda Merini; Lágrimas de nieve, , de Mireille Gansel; Vestigios, , de Lucia Pietrelli, y Compost,, de Quela Servera-Turnes. Entre los ocho libros más recientes de Lleonard Muntaner Editor, dos son de autoras: Mallorca romaní, de Laura Jurado, y Si todo el mar fuera tinta, de Rosa Planas Ferrer, que reivindica, justamente, a una escritora mallorquina, sor Anna Maria del Santísimo Sacramento, que fue pionera en una época tan poco propicia como el siglo XVII. Y la misma proporción, en la editorial Moll: Xorca, de Sara Rivera Martorell, y Corcs, de Olívia Lund.
En Documenta Balear, una entre las ocho publicaciones más recientes: El colegio de Montesión de Palma, de Concepció Bauçà de Mirabó –con Marià Carbonell. En El Gall Editor, uno de sus cuatro últimos títulos: Cantar al Pla de Mallorca. 50 años de la coral de Sant Joan, de Bàrbara Duran Bordoy. En Disset Edició, uno de los cinco libros recién salidos del horno: Ton pare no té nas, de Marina Uguet. En el sello ibicenco Edicions Aïllades, también uno entre ocho: Historia de la Cofradía del Santo Cristo Yacente de la Catedral de Ibiza, de Carmen Tur Ferrer; pero también se han de tener en cuenta, de su producción, dos novedades colectivas: Relatos Ganadores del VII Concurso Literario de Cultura Clásica Joana Maria Pol i Fiol, que incluye textos de unas cuantas jóvenes autoras, y Lletres Pitiüses. Obras ganadoras y finalistas de los Premios de las Letras Pitiusas 2026, entre las cuales hay creaciones de Josefina Torres, Teresa Navarro Pastor, Mònica Sintes, Aydee Núñez Pérez y Cristina Ortega Joan.
Hay un sello, sin embargo, que apuesta específicamente por este segmento: Veus Pròpies, impulsado por la mallorquina Maria Martorell. El objetivo de esta editorial es recuperar, en catalán, a escritoras de los siglos XIX y XX que habrían quedado arrinconadas. Veus Pròpies ha publicado Cròniques d’un mig estiu, de Maria Antònia Oliver; Algú en la distància, de Dorothy Whipple, y Crònica d’un viatge de sis setmanes, de Mary Shelley.
En cuanto a hacer accesible al público lector los libros escritos por mujeres, en Palma hay una librería –un caso insólito– dedicada únicamente a estas producciones literarias. Llibreria Pròpia, en la plaza del Quadrado, a cargo de Aldana Areco, abrió sus puertas en 2023 y en aquel momento, como informaba el ARA Balears, era la primera solo de autoras en las Islas y de las pocas que entonces existían en todo el Estado.
En otra librería de Ciudad, Drac Màgic, entre sus actividades periódicas destaca un club de lectura feminista, con títulos únicamente de autoras, que este año llega ya a la décima edición. Se trata de “una contribución” de este establecimiento, subraya la librera Laia Alegret, para visibilizar a las mujeres escritoras.
En Inca se puso en marcha en 2022 otro club de las mismas características, impulsado por la entidad cultural Siracusa con la colaboración del área de Cultura del Ayuntamiento y de la librería Espirafocs. En Porreres se reúne otro club similar en el local de Veus Feministes.
¿Se apoyan, entre ellas, las mujeres escritoras? ¿Practican aquello que se conoce como ‘sororidad’? Llucia Palliser no lo duda: “Sí y no solo lo he percibido”. Asegura que ella misma lo pone en práctica. Hace unos días organizaba un recital en Menorca al cual invitó a “otras mujeres creadoras, para darnos apoyo y simpatía. Lo he percibido e intento formar equipo de sororidad”.
¿Deben incluir las convocatorias unas cláusulas de discriminación positiva?
¿Deberían incluir las convocatorias de las instituciones cláusulas de discriminación positiva, es decir, para compensar las dificultades que todavía puedan encontrar las mujeres escritoras? Si echamos un vistazo a las bases de este año del ámbito isleño, el Institut d’Estudis Baleàrics prevé “la participación de la mujer en el proyecto de creación o la inclusión de temáticas relacionadas con la perspectiva de género”, hasta cinco puntos; el Consell de Menorca, las “acciones que favorecen la igualdad de género”, hasta dos puntos; y el Consell de Eivissa, “la incorporación de la perspectiva de género”, temáticas o equilibrio hombres-mujeres, hasta cuatro puntos.
Noèlia Díaz Vicedo considera que este tipo de cláusulas “todavía son necesarias, porque no hemos llegado a una igualdad real de condiciones”. Iolanda Bonet piensa que el criterio esencial para acceder a un apoyo institucional “debe ser la calidad”. “Pero garantizar que haya un tanto por ciento de mujeres, sí”, puntualiza. Ahora bien: valorar “algo malo o mal hecho porque es una mujer”, matiza Bonet, “eso nunca”.
Para Maria Teresa Ferrer, “todo lo que sea incentivar el acceso de las mujeres es necesario”. “Todavía hay una serie de condicionantes, como es el cuidado de las personas mayores y de los hijos, que recae sobre todo en las mujeres”, afirma. Carme Riera, en cambio, se muestra tajante: “Ninguna discriminación, sea positiva o negativa, me gusta”.
“Lo ideal”, para Llucia Palliser, sería “que no se tenga que llegar a incluir” este tipo de cláusulas en las convocatorias. “Quizá sí que sea conveniente, pero es triste, todo ello”.