El Pla, la última frontera de la presión urbanística

Más de 10.488 casas en suelo rústico evidencian la llegada al interior de Mallorca de una transformación más tardía que en la costa, donde coinciden la expansión residencial, el turismo y la crisis de la vivienda

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En el campo cada vez hay menos maquinaria agrícola y más excavadoras para hacer chalets.
06/11/2026 - 23:47 h

PalmaAños atrás, al mirar por la ventana desde un avión, Mallorca se veía moteada de noche. Las manchas de luz de Palma, el aeropuerto y la costa contrastaban con una discontinuidad de manchas oscuras. La más grande, además de la sierra de Tramuntana, era el Pla. Las considerables extensiones de tierra fértil sin uso residencial mantenían en la oscuridad la última frontera de la expansión urbanística en la isla.

Hoy, más de 10.488 casas se encienden cada noche en las afueras en esta comarca para desmontar aquella idea de espacio rural virgen y agrario. Más de 10.488 construcciones que constatan la transformación implacable de la última reserva de paisaje agrario y actividad genuinos de Mallorca.

Los datos provienen del estudio del investigador Miquel Rosselló Xamena Casas que no existen, expuesto en la mesa redonda ¿Qué Pla queremos mañana? organizada por Pla XXI en Lloret de Vistalegre, y dedicada al urbanismo y al planeamiento. El dato corresponde a un censo de 2024 y, por tanto, el número actual ya es superior. La transformación urbanística no ha sido uniforme en Mallorca y el Pla ha sido el último lugar donde se ha extendido la presión urbanística, años después de que desnaturalizara la mayor parte del litoral de la isla. Una parte importante de las construcciones en suelo rústico de la comarca se llevó a cabo entre finales de los años 90 y los primeros 2000, cuando buena parte de la costa ya había experimentado una profunda urbanización.

Este desfase temporal ha convertido al Pla en un espacio donde confluyen presiones que antes se manifestaban en otros puntos de Mallorca. Rosselló Xamena identifica en él, por una parte, la última oleada de metropolización de Palma, la expansión residencial, la llegada del turismo, las construcciones potencialmente contrarias a la normativa urbanística y los grandes chalets asociados a la compra de propiedades por parte de extranjeros. A todo esto, se ha añadido otro fenómeno: la aparición de infraviviendas en suelo rústico vinculadas a la crisis de la vivienda. “Todos estos fenómenos se mezclan en el Pla y confluyen en un espacio geográfico que todavía tiene una cierta voluntad de ser un territorio que trabaja y cuida la tierra agrícola”, hechos que convierten al Pla en “un elemento interesantísimo para pensar la planificación, no solo de esta comarca, sino de toda la isla”, apunta.

El Pla conserva una actividad agraria que convive con estos nuevos usos del territorio. Además, una de las particularidades de la comarca es que, a diferencia de la sierra de Tramuntana, no dispone de una protección territorial generalizada.

La presión se ha trasladado al interior

“Para muchos, el Pla es la reserva de Mallorca, nuestro paisaje sentimental y el que más aguanta etnológicamente”. Así lo dijo Antoni Alorda, jurista y expresidente de la Comisión Balear de Medio Ambiente. Sin embargo, apunta, “todos los mecanismos de contexto están llegando al Pla e incluso en lo que respecta a la planificación hemos quedado desfasados, porque en el contexto hay cosas tan importantes como las dinámicas culturales de ocio, la residencia, la llegada de la libre circulación primero de los españoles y después de los europeos, la extranjería... Todo lo que en un momento determinado llegó a Palma y a la costa, ahora ha llegado aquí”. En este sentido, apuntó cómo también las plataformas turísticas han cambiado las reglas del juego. “En un momento se planteaba cómo debíamos captar turismo de interior, y ahora pensamos que qué suerte que solo lo consiguiéramos a medias.”

Es cierto que el Pla de Mallorca ha crecido menos que otras zonas de la isla, pero, sin embargo, no ha quedado al margen de las transformaciones. La directora insular de Urbanismo, Maria José Frau, también ve un cambio en la demanda. “Antes todo era ir a la costa, pero ahora insulares y foráneos buscan el interior de Mallorca”, afirmó. “No tenemos el mar, por tanto, no hemos crecido como ha crecido el resto de la isla”, resumió el alcalde de Maria de la Salut, Jaume Ferriol, durante el encuentro. La comarca ha evitado la construcción hotelera, pero esto no quiere decir que no haya cambiado. “No podemos detener el crecimiento, pero debemos poner los sentidos para ver qué tipo de crecimiento necesitamos y cómo se debe hacer”.

La teniente de alcalde de Ariany y presidenta de la Mancomunitat del Pla, Joana Maria Pasqual, considera que la comarca todavía conserva una identidad de pueblo y un territorio menos transformado que otros lugares de Mallorca. Esto hace que planificar ahí sea especialmente importante. “El planeamiento debe permitir que en los pueblos se pueda vivir y que sean económicamente sostenibles sin que esta explotación económica afecte al urbanismo y al entorno”.

Pero el margen de crecimiento también topa con la disponibilidad de agua. “Si aumentamos mucho en población, ahora mismo no se podría asumir”, advirtió Pasqual. Coincide el alcalde de Maria, quien asegura que “por poco que crezcamos, antes de nada debemos arreglar este problema. Si no le ponemos remedio, sí que nos tendremos que detener”.

A esta limitación se añade una crisis de la vivienda que ya afecta a los jóvenes de la comarca. “No puede ser que para comprar o alquilar tengan que salir de su pueblo”, advierte Pasqual. La presión compradora por parte de extranjeros ha hecho subir los precios, mientras que muchas casas que antes estaban a la venta ahora desaparecen del mercado en pocos días.

20 años para aprobar unas normas

La demanda de vivienda, el interés de compradores de fuera y la presión sobre el agua obligan a la mayoría de los municipios del Pla a decidir qué crecimiento quieren asumir y con qué límites. La dificultad es que, actualmente, hay muchos que aún tramitan planeamientos empezados hace dos décadas, cuando la realidad era muy diferente.

La velocidad de estos cambios contrasta con la capacidad de los municipios para actualizar el planeamiento. El Ayuntamiento de Maria trabaja desde 2006 en la revisión de las Normas Subsidiarias sin haber logrado todavía aprobarlas definitivamente. En dos décadas, según aseguró el alcalde, se ha destinado más de un millón de euros públicos.

El problema es que la realidad que se intenta ordenar ya no es la misma que existía cuando se elaboraron los estudios. La documentación municipal parte de datos de 2022, cuando Maria tenía unos 2.200 habitantes. Actualmente, ya supera los 2.600. En cuatro años, el pueblo ha ganado cerca de 400 residentes y las casas y los solares disponibles prácticamente han desaparecido del mercado. “La iniciativa privada siempre irá por delante de lo público”, lamentó Ferriol, que pone en duda hasta qué punto un planeamiento que ha necesitado 20 años de tramitación podrá dar respuesta a las necesidades actuales.

En Ariany, el proceso presenta dificultades similares. La teniente de alcalde y presidenta de la Mancomunidad del Pla explicó que el municipio también intenta actualizar el planeamiento desde 2006. Este caso muestra hasta qué punto han cambiado las necesidades de los pueblos. En 2006, el Ayuntamiento suspendió licencias para impedir los edificios plurifamiliares ante la presión de los promotores. 20 años después, el Consistorio plantea adquirir un solar para construir vivienda pública de esta misma tipología.

“Lo que entonces nos parecía una aberración, ahora es una necesidad”, reconoció Pasqual. La falta de viviendas asequibles para los jóvenes ha obligado a reconsiderar decisiones que entonces se tomaron para preservar las características urbanísticas del pueblo.

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