Lara Magrinyà (L’arannà): “Un día probando dijimos: ¿qué pasaría si mezcláramos el canto redoblado de Ibiza con Daft Punk?”
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IbizaTur y Marí son dos de los linajes más abundantes en Ibiza, hay una dispersión tal que los hace casi inevitables en el campo; como los pinos, el romero o como (antes) las lagartijas. La fusión de los dos linajes ha servido para titular el segundo disco del dúo L’arannà, integrado por la catalana Anna Sala y la ibicenca Lara Magrinyà. Turmarí se publicó el pasado 30 de octubre y es un homenaje a Ibiza, a su tradición musical, pero también al presente y a todas “las Ibizas” que conviven en la isla. Los sintetizadores y la tradición folclórica ibicenca se mezclan con una naturalidad sorprendente, en un experimento pop cargado de intención y de sensibilidad. Ignoro cómo se debe recibir el disco si no eres ibicenco o formenterés, pero, si resulta que lo eres, Turmarí constituye un viaje muy emocionante. L’arannà, después de la presentación del álbum el sábado 7 de noviembre en el Auditorio de Barcelona, estará el viernes 13 en Can Balaguer, en Palma, dentro del festival Open House. No os lo perdáis: Turmarí es en el siglo XXI lo que Cançons d’Eivissa –el primer disco de UC– fue en el siglo XX.
En Turmarí habláis de la extinción de la lagartija y de los precios de la vivienda.
— Sí, en el momento en que dices “haré un disco sobre Ibiza”, estos son temas que te encuentras enseguida; sin ir a buscar si queremos reivindicar esto o aquello otro, haberlo esquivado habría sido extraño.
O de la leyenda de los ovnis de Es Vedrà: en la canción ‘Manises 1979’ –con Albert Pla como colaborador– jugáis a imaginar que los extraterrestres han abducido el islote.
— Esta canción tiene diversas capas. Una es imaginar el agujero que dejaría el Vedrà si desapareciera; es una metáfora de todo aquello que podemos llegar a perder como cultura. El hecho de que el Vedrà haya adquirido esta fama, la masificación del mirador, que tengan que limitar el acceso... Al final es como si el islote desapareciera para los ibicencos. También hemos querido hacer una referencia a una canción de Albert Pla que transcurre en un avión y donde el cantautor acaba teniendo relaciones sexuales con una pasajera que se llama Antònia Font.
¿Cómo se gestó la colaboración con Albert Pla?
— ¡Estamos muy contentas, no nos lo creemos! Habíamos coincidido con él en un par de ocasiones, participamos como cantantes en la serie de los Javis La mesías; por eso le conocíamos. Pla era uno de sus actores principales. Cuando empezamos a escribir Manises 1979, tuvimos la idea de vincular la canción de Albert Pla con la nuestra; contactamos con él, le invitamos a un concierto, le pasamos la maqueta del disco..., y un tiempo después nos dijo que quería colaborar en la canción.
Arannà sois un dúo medio ibicenco medio catalán, pero la verdad es que Turmarí os ha quedado ibicenco al 100%.
— Es así. Hay el canto redoblado, los instrumentos ibicencos tradicionales... Turmarí es electrónica, pero hemos intentado que sea muy orgánico. Muchas tonadas son tonadas ibicencas; hemos cogido estas melodías y las hemos incorporado; la gente de Ibiza o Formentera lo detecta de seguida, pero desde fuera se ve diferente. Nuestra idea era que Turmarí fuera muy ibicenco y a la vez proyectar la mirada hacia tantas Ibizas que hay. Desde dentro tienes una tradición, pero desde fuera parece que se ha hecho otra tradición de Ibiza: toda esta oleada de los 60 y 70... Hemos intentado hacer un viaje por las diferentes culturas que están ligadas a Ibiza y Formentera.
¿A la mitad catalana de L’arannà también le ha tocado aprender a redoblar? Ambas sois pianistas clásicas de formación.
— Sí, sí, la parte catalana también redobla. Es verdad que yo soy más la voz cantante, pero ella también ha tenido que aprender; eso quiere decir que da igual de dónde vengas, si quieres aprender. La verdad es que es una manera de cantar muy diferente a nuestra tradición europea, tuvimos que entrenar la musculatura; al principio da miedo porque parece que te tienes que hacer daño en la garganta. El canto redoblado consiste en comerse una de las sílabas del verso y transformarlo en una especie de trino gutural: tiene su dificultad.
Después de Barcelona y Palma, la gira os llevará a lugares tan diversos como Rabat, Santiago de Compostela y Nápoles. ¿Cómo se recibe fuera de las Pitiusas una propuesta tan ibicenca?
— La recepción cambia mucho, pero no tanto como te esperas: cuanto más lejos hemos ido, y cuanto más diferente era el lugar, más nos hemos sorprendido de cómo lo recibían; de una manera muy emocional, a veces. Obviamente, después, en Ibiza y en Formentera, la gente tiene una complicidad total con lo que estás haciendo.
No sabría decir si Turmarí es más folk o más pop. ¿Cómo nació la idea de hacer un disco así?
— Nació una vez descubrimos el canto redoblado; yo como ibicenca no lo había oído nunca en directo, sabíamos que hacía décadas que estaba prácticamente desaparecido. Fue un poco en el entorno académico, que lo descubrimos; alguien nos habló de las Caramelles de Nadal y del canto redoblado, y dije, ‘¡qué bestia haber nacido en Ibiza y no haber conocido esto!’. Y con nuestra curiosidad investigamos. Es una expresión muy distintiva y muy diferente de lo que habíamos oído. Un día, así, probando, dijimos: ¿qué pasaría si mezclásemos canto redoblado con Daft Punk? Y así, jugando con los sintetizadores, llegamos a la concepción del disco. En aquel momento yo no sabía redoblar, había aquel componente de descifrar todo aquello. ¿Si es más pop o más folk? No lo sabría decir. Turmarí lo hemos producido nosotras dos, sin una referencia externa; ha sido un ejercicio de recorrer muchas vías. Supongo que es folk, es pop y es electrónica.