El autor de teatro que reinventó sa Pobla

Recordamos a Alexandre Ballester cuando el teatro Principal de Palma pone en escena ‘Un baúl amarillo para Nofre Taylor’, una de sus obras más destacadas

Alexandre Ballester.
23/05/2026
6 min

PalmaTodavía hoy, el festival que recuerda a Alexandre Ballester en sa Pobla, del cual apenas se ha llevado a cabo la sexta edición, se llama Albopàs, el nombre de la villa al revés: un término que él acuñó, como una especie de recreación mágica poblera, y un país donde ambientó un buen puñado de sus obras. Recordamos a este creador escénico precisamente cuando el teatro Principal de Palma está a punto de estrenar una nueva versión de Un baúl amarillo para Nofre Taylor, una de sus obras más destacadas.

Bartomeu Mestre decía que, si Alexandre Ballester hubiera nacido en la Cotxinxina, “igualmente sería de sa Pobla”. El caso es que vino al mundo en Gavà, en el Principado, en 1933, si bien a solo un año ya pasaría a vivir en la villa del Raiguer mallorquín. Su padrino, Pere Ballester, había cometido la temeridad de casarse con Francesca Cortès, una xueta, aquellos considerados por sus linajes como si fueran los únicos descendientes de los judíos conversos y sistemáticamente discriminados entonces. Del lado materno eran catalanes que habían emigrado a Argentina y vuelto, algo habitual en la época.

Cartel de Un baúl amarillo para Nofre Taylor en el teatro Principal de Palma.

El joven Ballester lo que quería era ser director o guionista de cine, pero entonces eso era como soñar imposibles. Y lo que más se parecía al cine era el teatro. Pero de teatro no llegaba mucho a sa Pobla. Carles Cabrera calcula que, “como mucho”, el futuro dramaturgo habría visto media docena de obras cuando se puso a escribir teatro. Lo que sí que tenía a su alcance era la revista Primer Acto, todo un referente en la época, y la colección Alfil de teatro en castellano. Fue así como aprendió: cogiendo una obra, probablemente de Enrique Jardiel Poncela, un autor bastante avanzado para su época, y calculando la duración de una pieza de acuerdo con el número de páginas. No conoció mucho más, de textos teatrales; de ahí que quedara asombrado al serle atribuidas las influencias de autores que no había leído.

La profecía de Alejandro Casona

Una posible salida para un joven que escribiera teatro a mediados de los sesenta eran los certámenes literarios, y en los premios Ciudad de Palma de 1963 existía una, de categoría de teatro. Ahora bien, Ballester no llegaba a tiempo para el plazo establecido. Así que entregó los ejemplares en blanco y prometió al entonces jefe del Negociado de Cultura, Román Piña, que le pasaría el texto auténtico antes de que el jurado examinara los originales llegados. Piña lo aceptó y él cumplió lo acordado.

Aquella pieza era Foc colgat, solamente que entonces se titulaba El tranvía del pobre Joan. A Alexandre Ballester le atribuye el director escénico Frederic Roda una capacidad excepcional para imaginar títulos. Tanto, que algunos de sus textos han tenido hasta tres diferentes. A veces fue un recurso para esquivar la censura: cuando la más que sospechosa Dins un gruix de vellut se tuvo que estrenar en Barcelona, se le adjudicó un nuevo título: Facem comèdia. Antes se había descartado otro parecido: Fotem comèdia.

Otro rasgo característico de Ballester fue su capacidad para escribir una pieza en un santiamén. De Les llàgrimes del Vienès solamente tenía el título, porque aquel día llovía, y después la redactó en diez días. Para poder disponer del texto de Maria Magdalena o la penedida gramatical se tuvo que desplazar hasta Mallorca, en 1971, Josep A. Codina, que la iba a dirigir, y en el bar del aeropuerto, mientras tomaba un café tras otro, esperó que Ballester le acabara la pieza.

El tramvia del pobre Joan, sin embargo, no se llevó el Ciutat de Palma de Teatre. El jurado prefirió dárselo a Gabriel Cortès, porque era un hombre mayor. Ballester era joven y tiempo tendría de ganarlo. Sí que se lo llevó el año siguiente con otro texto: Jo i l’absent. En el jurado estaba un autor consagrado, Alejandro Casona, a quien otro miembro, Joan Bonet, le fue traduciendo la pieza al castellano, a medida que la leía. A Casona le gustó tanto que hizo una profecía al joven pueblerino: “¡Usted escribirá teatro!”.

En los premios Ciutat de Palma de 1966 participó en la especialidad de novela, que entonces era en castellano, con Los condenados. Relata Cabrera que Camilo José Cela, presidente del jurado, quería que se lo llevara alguien de fuera de Mallorca, para dar proyección exterior al galardón. Por el lenguaje empleado, aquel texto lo parecía. Así que la sorpresa fue mayúscula al abrirse la plica y descubrirse que el ganador era aquel “cabroncete de sa Pobla”, como lo calificó Cela.

A Cela lo trató Ballester a finales de los cincuenta. También asistió a las míticas tertulias de Llorenç Villalonga en el desaparecido café Riskal de Palma. La Bodega Sant Antoni de Ciutat fue un lugar de encuentro de artistas, entre los cuales, el pintor Josep Bover, que recitaba Shakespeare, el escultor Pere Martínez Pavia y el músico Guillem d’Efak. Con Jaume Vidal Alcover, Antoni Serra y Jaume Adrover tuvo una buena amistad: Adrover, al saber que Serra había sido detenido, fue hasta can Ballester y se hizo con todo el material comprometedor –como el diario del ‘Che’ Guevara– para esconderlo en lugar seguro.

Unos ‘okupas’ en 1968

Alexandre Ballester encontró buena acogida en Barcelona. Ya en 1968, en l’Aliança del Poble Nou, le estrenaron Foc colgat. En 1970, Un baül groc per a Nofre Taylor lo dirigiría, en Gràcia, un adolescente, un tal Joan Lluís Bozzo, que después sería el nombre de referencia de Dagoll Dagom.

En 1968, el del mayo francés, fue un año crucial en la trayectoria de Ballester. Aquel enero, la compañía Artis, la de más renombre de Mallorca, le estrenó en el Principal de Palma Siau benvinguts: la historia de dos vagabundos que se instalan en invierno en la casa de verano de una familia buena. Es decir, unos ‘okupas’, aunque entonces no se les llamaba así. Ha sido, probablemente, su obra más celebrada, una crítica punzante de la sociedad de la época, bajo la apariencia amable de ‘comedia mallorquina’.

Aquel mismo año, Ballester protagonizó una iniciativa audaz: llevar a la plaza pública la historia de sa Pobla, bajo el título Assaig d’espectacle per a una nit d’estiu, a cargo de una pandilla de jóvenes de la villa y dirigida por él mismo. Ya había empezado a trabajar en el Ayuntamiento y tenía la confianza del alcalde, teóricamente franquista, Pere Ventayol. Se entregaron en cuerpo y alma a que aquello fuera un éxito, que lo fue. Como una actriz, que debía lanzar un grito espeluznante en una de las escenas, no parecía que pudiera darlo, el autor-director usó un recurso desesperado: clavarle una aguja en una nalga. “Aquella que ha dado un grito bestial es fantástica”, le comentó Jaume Adrover. “Me ha puesto la piel de gallina”.

Rafel Ramis y Santi Pons, protagonistas de Siau benvingut el 2007.

Aquello fue un gran un acontecimiento. Tanto, que se hizo una experiencia similar, Reyes y no reyes, esta vez con la historia del nacimiento de Cristo. Ballester tenía en la cabeza un tercer espectáculo, este inspirado en la Semana Santa. Pero no se llegó a poner en escena. Demasiada osadía para aquellos tiempos.

Alexandre Ballester fue también el recreador de una sa Pobla mítica al concebir un territorio mágico: Albopàs, el nombre de la villa al revés. Fue Josep Maria Llompart quien se lo sugirió, al plantearse la publicación de sus textos en la editorial Moll, de la que él hacía de asesor literario, al usar el pueblo de escenario para despistar la censura: aquello que pasaba en un lugar imaginario no podía tener nada que ver con el mundo real.

Una de las piezas más célebres de Ballester, Dins un gruix de vellut, se ambienta en un Albopàs que cada vez se hace más pequeño. En su protagonista, el tirano Adalgot III, a algunos les pareció ver, por supuesto, una caricatura de Franco. Pero, según Cabrera, lo es de todos los dictadores. Donde sí se aludía al caudillo era a Maria Magdalena o la arrepentida gramatical, al anunciarse la actuación de “el gran Paco. ¡El equilibrista más sensacional de todos los tiempos! ¡Siempre se aguanta!”. Como que se aguantó casi cuarenta años.

Las lágrimas del Vienés, un encargo de la compañía Miramar en 1995, y Un no sé qué de eternidad, donde fantaseaba con una visita del menorquín de origen Albert Camus a la isla de sus antepasados que nunca pisó, fueron los últimos títulos destacados de su trayectoria. Murió el 30 de junio de 2011, dejando una contribución capital al teatro en catalán y sa Pobla transformada –¿o ya lo era?– en un lugar mágico.

Nofre Taylor, una mezcla entre Joan March y Donald Trump

Como “un cóctel con Joan March y Donald Trump” define el actor Miquel Àngel Torrens el personaje que él mismo interpreta, cuyo nombre da título a Un baül groc per a Nofre Taylor, una de las piezas más destacadas de Alexandre Ballester. El Teatre Principal de Palma produce una nueva puesta en escena, que se representará entre el jueves 28 de mayo y el sábado 30, en homenaje al autor, cuando se cumplen quince años de su fallecimiento.Marga López, directora del espectáculo, considera “absolutamente vigente” esta farsa de Ballester, casi seis décadas después de ser escrita. Se trata de “burlarse de estos personajes ricos y poderosos” que Nofre Taylor representa. Una joya, porque lo tiene ‘todo’: “Machista, racista, clasista...”. Encarna “todos los males del capitalismo”.El linaje del protagonista no es ninguna casualidad: el ‘taylorismo’ era un sistema aplicado a la producción industrial que pretendía abaratar los gastos al precio que fuera. La consecuencia era la deshumanización de los trabajadores, convertidos en meras piezas de la cadena de montaje, como reflejó genialmente Charles Chaplin en su película Tiempos modernos, un film que, cree López, seguro que a Ballester le gustaba.La presente versión ha querido “subir las revoluciones de la farsa”, hacer más ágil y trepidante el curso de la historia y darle más dinamismo. La mecanización taylorista queda bien patente en un cronómetro que está presente en esta nueva adaptación.En el Teatre Principal de Palma se han puesto en escena algunas de las piezas más destacadas del autor de sa Pobla, entre ellas Foc colgat, en 1991, con dirección de Pep Tosar; Dins un gruix de vellut, en 1997, dirigida por Joan Arrom y Mateu Grau; y Siau benvingut, en 2007, con dirección de Luca Bonadei y en 2021 a cargo de Galeria d’Artefactes. La misma sala acaba de realizar una lectura dramatizada de otra de sus piezas, Al caire de les campanes, a cargo de Joan M. Albinyana.

Información elaborada a partir del libro de Carles Cabrera Alexandre Ballester, de profesión dramaturgo de Carles Cabrera (Lleonard Muntaner Editor) y textos de Joan Arrom Nadal, Feliu Formosa, Antoni Nadal, Joan-Anton Benach, Josep A. Codina, Tomeu Mestre, Gabriel Janer Manila, Damià Pons y el mismo Alexandre Ballester.

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