Soberanía

El sector pagès reivindica en Lloret que Mallorca podría producir más alimentos "si no se pusieran obstáculos al campo"

Pagesos y expertos reunidos en Lloret alertan de la dependencia alimentaria de las Islas y denuncian la presión urbanística, la falta de apoyo institucional y el modelo agrícola industrial dominante

Jornada de soberanía alimentaria en Lloret
ARA Balears
16/05/2026
3 min

PalmaEl sector agrario mallorquín ha reivindicado este sábado en Lloret de Vistalegre su capacidad para aumentar la producción local de alimentos y reducir la dependencia exterior de las Islas, siempre que se deje de “poner trabas” al campo y se apueste decididamente por la soberanía alimentaria.

La reflexión se ha hecho en el marco del Festival por la Soberanía Alimentaria, organizado por Pla XXI, Permacultura Gran Giro y la Sociedad Española de Agricultura Ecológica y Agroecología (SEAE), dentro de las actividades de la Academia del Clima. La jornada ha reunido a agricultores, investigadores, activistas, colectivos agroecológicos y ciudadanía para debatir sobre el futuro del campo mallorquín en un contexto marcado por las crisis climática, energética y alimentaria.

Uno de los debates centrales ha girado en torno a la capacidad real de Mallorca para alimentar a la población ante una eventual emergencia. El moderador de la mesa, Daniel Quetglas, ha advertido que la isla actualmente solo produce cerca del 12% de los alimentos que consume y ha alertado de la fragilidad de un modelo “basado en stocks mínimos y en una dependencia absoluta del transporte marítimo”.

A pesar de estas cifras, los participantes han coincidido en que el problema no es tanto la capacidad productiva como el modelo económico y territorial actual. “Se vive de espaldas a los agricultores y a los pescadores y, si hubiera una crisis alimentaria, todo el mundo miraría hacia nosotros”, ha afirmado Toni Feliu, de Sa Casa Pagesa. El agricultor ha denunciado que el sector a menudo es acusado de no poder producir suficiente, aunque considera que la realidad es otra.

Feliu también ha criticado la falta de apuesta institucional por el producto local y se ha preguntado por qué no se exige que hospitales, escuelas y residencias consuman al menos una parte significativa de alimentos de proximidad. Según ha apuntado, los bajos salarios y la presión de los precios favorecen la compra de productos importados más baratos, lo que perjudica directamente a la agricultura local.

En la misma línea se ha expresado el secretario general de Unió de Pagesos, Sebastià Ordines, que ha defendido que el sector podría incrementar la producción si tuviera más salida comercial. “No es un problema de producción sino comercial”, ha asegurado. Ordines ha denunciado la competencia de los productos de fuera y ha advertido también de la presión urbanística sobre el suelo rústico. “Parece que los agricultores molestamos en el campo”, ha lamentado, con referencia al aumento de construcciones en terrenos agrícolas.

La responsable de proyectos internacionales e incidencia de SEAE, Aina Calafat, ha puesto el foco en los impactos ambientales del modelo productivo actual. Según ha denunciado, el suelo fértil “se está cubriendo de cemento y placas solares” mientras los acuíferos se degradan por el uso de plaguicidas y contaminantes.

Calafat ha defendido la agricultura ecológica como una herramienta de adaptación ante el cambio climático y las futuras crisis alimentarias y energéticas. En este sentido, ha destacado que ya un 20% de la superficie agraria está dedicada a este tipo de producción y que buena parte de los agricultores ecológicos son jóvenes.

A pesar de ello, también ha advertido de las dificultades que afronta el relevo generacional en el campo, especialmente en los primeros años de actividad, cuando los ingresos son bajos y el acceso a ayudas es complicado. Entre las iniciativas positivas, ha destacado proyectos colectivos como el obrador compartido de Apaema, que facilita el acceso a infraestructuras comunes para los nuevos productores.

La jornada ha combinado los espacios de debate con actividades divulgativas y festivas, como microcharlas sobre agricultura regenerativa, compostaje y biofertilizantes, proyecciones documentales, intercambio de semillas y un mercado agroecológico.

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