Jordi Sansó: "El relevo generacional será complicado, mis hijos no lo quieren coger"
propietario de la Casona Can Jordi
ManacorJordi Sansó y Gabriela Brunet abrieron el año 1974 la Casona Can Jordi, al lado del riachuelo de Portocristo. Desde entonces una cosa va con la otra. Las hamburguesas, los ‘perritos’ o los pinchos son la especialidad de una casa que su hijo Jordi aún conserva. En menos de 10 metros cuadrados un mundo, en una terraza medio pueblo y en las fotos los recuerdos de Can Jordiet, Can Jordió o lo que el olor haga venir primero a la memoria.
¿Cuándo empieza la historia de la casona más famosa de Portocristo?
— Lo puso mi padre entre los años 1973 y 1974… exactamente no le sé decir cuándo, pero por estos años. Aquí tenemos la fecha de 1974, por eso hace dos años celebramos el 50 aniversario, pero podría ser que hubiera sido en verano del 73. Mi padre [Jordi Sansó] era sastre y decidió dejarlo. A partir de aquí decidió montar un negocio de comida rápida. Primero tuvimos alquilado el de Cala Agulla y después, cuando nació mi hermana pequeña Xisca, vinimos ya a Portocristo. De aquellos días que ya no nos hemos movido.
¿Cuál es el secreto de las hamburguesas? ¿Hay alguna receta que pueda contar?
— Para las hamburguesas amor y ternura [ríe]. Para los pintxos sí que hay una receta secreta de munpare… ¡pero evidentemente no se la diré!
¿Eres de familia porteña?
— Mi padre era un llorencí y mi madre carrionera. Mis hermanos ya han nacido todos en Manacor.
—
¿Por qué cree que su padre dejó la sastrería? ¿Por qué pasar a dirigir un quiosco no tiene mucho que ver…
— Si quieres que te diga la verdad, no tengo ni idea. Hubo una pequeña crisis, la sastrería iba a la baja, las prendas ya confeccionadas y las tiendas de ropa se fueron generalizando… y decidió que lo dejaba ir.
¿Siempre habéis estado aquí cerca del Riuet?
— Exactamente aquí donde estamos ahora no. Primero estuvo debajo de las escaleras de Can Salvador, después cuando yo era niño en el trast del Perelló, donde ahora está el restaurante Portobello; y después ya la pasó aquí. De aquel tiempo acá siempre aquí.
Su madre también trabajaba allí?
— Claro, y todos los hermanos de pequeños hemos ayudado en algún momento. Mi padre era quien abría y cerraba. Cada día del año.
¿No cerrabais nunca?
— Antiguamente solo cerrábamos el día de Navidad, que era cuando nos juntábamos toda la familia. Solo una vez al año. Los domingos también abríamos.
Los inviernos supongo que sí que bajabais la barrera
— Munpare nunca cerraba nunca, soy yo que soy un vago [ríe]. Es la verdad. Nunca cerraba, solo los días que llovía.
¿Y la clientela bastaba?
— Hubo días mejores y peores. como es de suponer.
¿Siempre habéis hecho hamburguesas o también otras cosas?
— Hamburguesas y ‘perritos’, sobre todo, y lo que ves en la carta. Las patatas vinieron después; antiguamente no había patatas. Pero en general en lugar de añadir hemos ido quitando. Antes teníamos bocadillos de chorizo de revilla, de beicon, de sobrasada, de morcilla… todo eso lo he ido descartando.
¿Fuiste la primera hamburguesería de Portocristo?
— No, a principios de los 70 ya estaba El Pino, la den Nadal, otra que hacía xaflant (ruidosa/bulliciosa) al lado de la iglesia.
Y después el Rinconcillo o el Wimpy, que fue la primera franquicia en Portocristo…
— Tienes razón…
¿Han sido alguna vez competencia directa?
— No. Gracias a Dios siempre digo que yo he tenido la mejor clientela del mundo.
¿Clientela mallorquina?
— Sí, sí, mallorquina. Los extranjeros siempre han sido bien recibidos como se supone y los esperamos con los brazos abiertos, pero es el nacional el que siempre vuelve y el mayoritario… el de Manacor, vamos.
¿Y qué horario tienes y de qué fecha a qué fecha?
— Comenzamos que abríamos a las 10 de la mañana; pero después del Covid ya lo pasamos a las 12. Y la cocina está abierta hasta las 22.30-23h. En diciembre cerramos y hasta un poquito antes de Pascua.
El torrente de 1989 pasó justo por aquí
— Hasta que no quedó nada. Aquí hay una foto de la riada donde se puede ver cómo quedó el quiosco. No se salvó absolutamente nada. Bueno sí, solo una pinza y un extintor. La pinza todavía la tengo, el extintor no.
¿Lo pasas mal cuando llueve?
— No estoy muy tranquilo, la verdad. La casona está asegurada, pero aun así… [se pone la mano en el cuello]
¿Es sencillo mantener una licencia para tener una casona como esta en un lugar tan singular?
— En aquellos tiempos lo pedimos al Ayuntamiento de Manacor y no recuerdo que hubiera ningún problema. Ahora mantenemos los permisos. Porque al final no deja de ser un terreno privado. Nosotros pagamos un alquiler a Jeroni de El Pino.
¿Es muy duro aguantar tantos años?
— Sobre todo físicamente, porque son muchas horas: hay gente de esa manera. Tienes que tener un hígado como el de la Seu, hablando claro [ríe].
Aquí se rodó una escena de la película de culto ‘Jostissi de Carreró’. ¿Cómo fue la experiencia?
— Reímos mucho, la verdad. Salía Tomeu Penya… fue muy divertido. Lo que pasa es que para grabar dos minutos de película fue necesario toda la tarde!
¿Algún personaje famoso que recuerde en esta terraza?
— Paloma Lago, Antonio Martín, Héctor Cúper… el Fary, el padre de Ana Obregón…
¿El Fary ha cenado aquí?
— Siii, era divertido, ¡pequeño como yo!
¿Hay clientela de cada día?
— Sí claro, los hay que siempre vienen a tomar la cervecita, a leer el periódico…
¿Cómo ve el futuro?
— Ahora tengo 62… el relevo generacional será complicado. Mis hijos no lo quieren coger. Ya veremos.