¿Ya habéis acabado la serie o todavía no la habéis empezado?
La concordancia de participio continúa viva en el catalán de Mallorca en muchos más contextos que en el resto del dominio lingüístico, a pesar de que los datos actuales indican que el fenómeno pierde fuerza entre los hablantes jóvenes
PalmaAnte la magnitud de la crisis de la vivienda, la preocupación creciente que genera y la sensación de que las políticas aplicadas hasta ahora no han afrontado el problema con la ambición necesaria, es imprescindible empezar a poner el foco también en las posibles soluciones. Es una cuestión demasiado grave para resignarnos a repetir diagnósticos sobradamente conocidos. La crisis de vivienda es hoy una gran crisis social, porque afecta directamente al derecho de las personas a desarrollar un proyecto de vida con dignidad.
Las políticas impulsadas los últimos años en Baleares no han sido capaces de frenar la espiral. Durante los gobiernos de izquierdas, las medidas fueron del todo insuficientes y no se respondió a la velocidad con que aumentaban los precios y la presión inmobiliaria. Ahora, con el actual gobierno de derechas, algunas iniciativas ya nacen destinadas al fracaso o se perciben como operaciones de maquillaje más que como respuestas estructurales. Y, además, conviven con decisiones que entienden que construir más viviendas es la principal solución, sin tener en cuenta que el problema no es solo de cantidad, sino también o sobre todo lo es de modelo.
Aquí también hay un papel importante del periodismo: explicar que, a pesar de la complejidad del problema, hay propuestas y caminos posibles. No hay una única solución, pero sí medidas concretas que pueden contribuir a paliar la crisis si existe la voluntad política de aplicarlas. Las últimas semanas se han multiplicado las aportaciones de la sociedad civil, de economistas, juristas, urbanistas y profesionales que reclaman decisiones más valientes. El Círculo de Economía de Menorca ha sido una de las entidades que ha hecho propuestas concretas, pero no es la única. También hay expertos que plantean cambios fiscales y reguladores, limitaciones a la compra por parte de quien no ha de residir, obligaciones de tiempo mínimo de uso, modificaciones legislativas para facilitar vivienda asequible, incentivos para transformar hoteles o establecimientos en venta en viviendas, y medidas para movilizar casas vacías y liberar suelo.
Muchas de estas propuestas comparten una misma idea: reducir el papel de la vivienda como objeto de inversión y especulación para reforzar su función social primigenia. Es decir, volver a situar en el centro la idea de que las viviendas deben servir sobre todo para vivir.
Ninguna de las medidas es sencilla ni suficiente por sí sola. Pero precisamente porque no existe una única solución, lo peor sería continuar instalados en la inacción o en medidas insuficientes. Como dice el Círculo de Economía de Menorca, “lo único que no podemos hacer es no hacer nada”. Por eso apuntamos soluciones y pedimos valentía y compromiso de toda la sociedad para rebajar la presión que este problema ejerce en la vida de casi todos.