10 cosas que amo y odio a ser de Palma, aparte de San Sebastián
La verbena de San Sebastián es como ser de Palma: una dualidad. Es la resistencia, la lucha por la identidad y el disfrute; pero también es la apariencia, la masificación, el abandono
PalmaSer palmesana no es algo nada fácil. Lo peor es que pasé media vida pensando que ser de Palma era el más fácil del mundo de puertas adentro y el más complicado de puertas afuera (si tu mundo es Mallorca, por supuesto). Hasta que, por suerte, llegó un momento en que me hice adulta y, sobre todo, empecé a rodearme de gente que no era de Palma. Entonces me demostraron que 1) Vivía en una realidad paralela, y 2) Ser de Palma sólo es fácil si no sales de Palma.
San Sebastián no es que sea un día que me haga querer especialmente a Palma. San Sebastián es como Palma: una dualidad. Es la resistencia, la lucha por la identidad, la tradición y el goce; pero también es la apariencia, la masificación, el abandono. El día de la verbena de San Sebastián era el único del año en que llegaba pasadas las 12 a mi casa: me mostró cómo se veía a Palma cuando todo ya había cerrado, y me dio una cata de la decadencia del mundo –personas meando, personas vomitando, personas haciendo eses por la calle. Y yo, de la mano de mi madre, lo mismo que me estiraba para que dejara de mirar y caminara más deprisa.
San Sebastián ha sido la única excusa para aprender a tostar y para comer salchichón y chuleta (a veces, ya tan frías que te cuestionas si realmente vale la pena volver a casa con esa olorada de humo que se te aferra a la ropa y al cabello). Y también ha sido la única forma de ver a Nathy Peluso en el Auditorium y de cantar las canciones de Maria Hein en la plaza de Cort con todos mis amigos.
San Sebastián es el día en que más horas paso buscando gente, diciendo "¿Dónde estás?" y "No tengo cobertura" o intentando llegar de una plaza a otra (más, incluso, que en temporada alta). Y al mismo tiempo es el día en que sé que encontraré a todo el mundo, en el que podré dar una charla con aquellas personas con las que nunca consigo coincidir, en el que abrazaré y reiré. Es el día en que los mallorquines-locales-residentes (dígale como queráis, ya nos entendemos) ocupan la calle. Y el día en que, asimismo, debemos luchar con los turistas por el espacio. Es la voluntad de los políticos de recoger votos convirtiendo Ciudad en un festival contra la vocación de las cofradías de hacer pueblo y de los colectivos de reinterpretar la figura del santo. Son los ánimos de formar parte de algo y la incertidumbre de no saber exactamente de cuál.
San Sebastián es una lista de cosas que odie y de cosas que amo, al igual que ser de Palma.
Cosas que odie de ser Palma
1. Palma de Mallorca. Que confundan Palma con Mallorca. Que se crean que Palma está en Canarias.
2. Que no me charlen en catalán por la calle, en los comercios, en los bares. De hecho, haya más carteles en inglés que en catalán.
3. Que me digan que hago la elita acelga.
4. Salir de fiesta por Palma: que todavía pinchen música del 2013, que no dejen entrar en la discoteca a mis amigos porque llevan sandalias (ya mí sí), no poder tomar un taxi para volver a casa cuando es verano.
6. La EMT (pero no Bici Palma: gracias, Bici Palma, por salvarme de llegar algo menos tarde de lo que llegaría sin ti).
7. Los cruceros. El aeropuerto. Los guiris. No poder llegar a ninguna parte porque no vivimos en una ciudad, vivimos en un parque temático. Que todo sea absurdamente caro.
8. Que sea más fácil almuerzo de tailandés o mexicano que de burballes, tumbito o arroz sucio.
9. Nuestro complejo de inferioridad y, al mismo tiempo, nuestro centralismo. Nuestra falta de tradiciones y consumos, de autoconocimiento y, por tanto, de defensa de la cultura propia.
10. No tener un lugar al que ir y saber que siempre encontrarás algún amigo. No conocer a los vecinos.
Cosas que amo de ser de Palma
1. Nuestra resiliencia, esa lucha contra la pasividad y el intento constante de saber quiénes somos.
2. Las Cien Casas de Pere Garau. El Gran Hotel. La muralla. La judería.
3. La gente que hace cultura: Drac Màgic y Rata Corner; CineCiudad y la Atlántida Film Fest; Casa Planas, Fundación Pilar y Joan Miró. Que una de las Hadas sea palmesana (en Ferran Pi), y poder decir que Rels B es de Son Gotleu. Rossy de Palma.
4. Aurora Picornell. Y, sobre todo, saber que estudié en el mismo instituto que su hija, Octubrina Roja Quiñones Picornell.
5. Los longuetes de Es Barco y El Isleño, y las langostas del Bar Bosch.
6. La fiesta del Bar Flexas.
7. Orgullo salchichón. Esta gente nos devuelve la esperanza y la autoestima.
8. Tener 11 kilómetros para pasear o montar en bicicleta por cerca del mar: desde Portopí hasta Can Pastilla.
9. Contar con un tejido feminista y antifascista frente a la barbarie gracias a ateneos populares como La Fonera y La eléctrica.
10. Poder elegir dónde ir a hacer un Espresso Martini.