Seguridad humana como prioridad
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El establishment político en general, pero, especialmente, el occidental, nunca ha parecido tener mucho interés en profundizar en un asunto tan trascendente para la humanidad como es la construcción de la paz desde la perspectiva de la no-violencia. Por el contrario, ha sido —y todavía es— evidente que ha tenido un interés soberbio por vincular seguridad con violencia. Es cierto que en el ámbito de la intelectualidad y del activismo ha habido notables excepciones —desde, pongamos por caso, Hannah Arendt a Mahatma Gandhi— a esta hegemonía de la política belicista. El pacifismo y el antimilitarismo se sustentan en buena parte en esta intelectualidad y activismo social para imaginar una convivencia regulada por medios no violentos ni guerreros.
Para intentar mediar entre estas dos visiones antitéticas, Naciones Unidas —a través de la agencia del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)— lanzó la propuesta de Seguridad Humana. La presentó en el informe de desarrollo humano de 1994. Esta propuesta tiene un enfoque dirigido a proteger a las personas en todas sus necesidades y capacidades, y no a centrarse en la supuesta seguridad de los estados. No obstante, a pesar de los argumentos que señalaba el informe de seguridad humana, y los posteriores desarrollos, las élites del Norte Global se han obstinado en sostener que el derecho a la seguridad de los estados es una prioridad absoluta. Esta prioridad está íntimamente relacionada con la defensa militar, el militarismo y el negocio del complejo militar-industrial. Es decir, un modelo de seguridad donde el derecho de las personas a una vida digna es secundario, y en el que lo que prevalece es el uso de la fuerza antes que el diálogo y la negociación política. En estas estam!
El dilema político y económico histórico de cañones o mantequilla —donde los cañones representan el gasto militar, la defensa y la seguridad del estado, y la mantequilla, los bienes civiles, el estado del bienestar, la educación y la sanidad públicas, y el gasto en políticas sociales y medioambientales— se agrava hasta el punto de romper consensos largamente trabajados en torno a la legalidad internacional y el multilateralismo representado por la ONU. Hoy el mundo vive en un régimen de guerra alimentado por la dinámica del armamentismo mundial.
Un rearmamento global que va desde Asia hasta la Unión Europea, pasando por los EE. UU. y el continente africano. Por ejemplo, en Japón se reabre el debate nuclear en el marco de la remilitarización incluso revisando los ‘Tres principios no nucleares’, los cuales impiden poseer, fabricar e introducir armamento nuclear en Japón, para permitir —con la excusa del nuevo entorno estratégico Asia-Pacífico, caracterizado por el creciente poder militar de China— entrar barcos estadounidenses con armamento nuclear. La seguridad humana deja de ser una prioridad incluso en un país con una sociedad todavía hoy traumatizada por los dos bombardeos atómicos, perpetrados por los Estados Unidos de América sobre Hiroshima y Nagasaki al final de la Segunda Guerra Mundial, y por el accidente nuclear de Fukushima en 2011. Los EE. UU. continúan agrandando la enorme maquinaria militar con un presupuesto en 2025 de 895.000 millones de dólares y un total aproximado de 1.328.000 efectivos militares activos. Las de los EE. UU. son, digámoslo claro, unas fuerzas armadas verdaderamente imperiales y colonialistas. Continúa el brutal genocidio en Palestina, y el armamentismo global es, en buena parte, responsable —la fabricación y comercio de armamento se hace para que se utilice— de las múltiples guerras en África.
¿Y en la Unión Europea? La nueva política de rearmamento se articula en torno al plan ReArm Europe con una financiación de 800.000 millones de euros. Una iniciativa que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, presentó afirmando que "si Europa quiere evitar la guerra, Europa debe prepararse para la guerra". Es, como bien indica el Centro Delàs de Estudios por la Paz, "un proyecto de militarización que se sustenta en la política del miedo. Porque se pretende hacer creer a la población europea que Rusia no tiene suficiente con mantener una guerra en Ucrania y desestabilizará o atacará a algún otro país europeo en un corto espacio de tiempo". España, como miembro comprometido con las políticas armamentísticas de la UE y la OTAN, también ha puesto en marcha su política de rearmamento, y el año 2025 incrementó el gasto en defensa un 50% y superó el 2% del PIB por primera vez en tres décadas.
Conviene no olvidar las palabras del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, a finales de 2024, afirmando que "los ciudadanos europeos deben aceptar sacrificios con recortes en sus pensiones, Sanidad y seguridad social". Es decir, a criterio de la OTAN, hay que menospreciar la seguridad humana para priorizar la seguridad violenta y belicista. Desgraciadamente, ¡ya son varios los estados europeos que han obedecido a Rutte!
Mallorca por la Paz sigue pensando que hay que movilizarse contra este desorden criminal y antisocial. Al mismo tiempo que afirmamos que verdaderamente es la seguridad humana —lo que conocemos como el estado del bienestar y su reforzamiento— lo que garantiza una sociedad local y global con democracia y orientada a conseguir el bien común.