Con chispa triunfadora
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No se puede decir lo mismo de todos los reconocimientos, pero en este caso sí que se puede asegurar sin fisuras: galardones como el premio Bernat Vidal i Tomàs son importantes. Y lo son porque, por una parte, indican cada año y de manera periódica algunos de los nuevos talentos de la poesía en lengua catalana, pero también acaban siendo una celebración de grandes nombres que, cuando lo ganan, alcanzan hitos destacados de sus respectivas trayectorias. Conseguirlo fue clave, por ejemplo, para Lucia Pietrelli con Violacions, como también lo fue para Anna Gual con Molsa y para Damià Rotger con Arèola. También fue absolutamente fundamental para presentar, por primera vez, el trabajo de un jovencísimo Pau Vadell i Vallbona, que, y de esto ya hace 21 años, se estrenaba y hoy por hoy es el editor oficial de los premios de Santanyí a través de su sello independiente, AdiA Edicions, y no debería ser necesario mencionar que este año es el comisario del Año Blai Bonet en el centenario del nacimiento del querido autor santanyiner. Viva. Ahora en mis manos tengo la última entrega de este eslabón que rinde homenaje a un auténtico maestro alentador como fue Bernat Vidal i Tomàs, y este 2026 el honor ha recaído sobre las manos de Quela Servera-Turnes con Compost present quasi constant, su primer volumen, su bautismo de fuego.
Compost present quasi constant es una investigación sobre la desaparición, pero no una extinción plácida, amable: aquí hay la violencia de los objetos que se rompen, de la materia que sufre un proceso de devastación y de putrefacción, de los cuerpos que se enfrentan a mil y un conflictos mientras respiran y van en busca de los placeres efímeros, sí, pero también la agonía que se genera en el proceso de dejar de ser, como si vivir fuera una lucha pero la muerte también. A partir de aquí, reflexiones sobre el paso del tiempo, sobre las relaciones entre seres humanos, sobre los vínculos que establecemos con los elementos naturales y artificiales de nuestro entorno… Se trata de un poemario coherente y definitivamente y, nunca mejor dicho, orgánico, y ya sé que era difícil que con un título así no lo fuera. Se modula en secuencias de arrebatados versos libres que seguro pueden ser poderosamente recitables, por su energía y su rabia y su furia, y por el humor negro y la mala leche que gasta con una solemnidad furibunda y burlona al mismo tiempo.
A todo esto, y no es poco, se añade una sensualidad valiente y decidida muy de mi gusto, y esto invita a indicar que nos encontramos ante otro noble ejemplo de poéticas del cuerpo y de poesía mórbida, en este caso también con un carácter arriesgado, atrevido, experimental e incitador a revueltas que convierte Compost quasi constant, de Quela Servera-Turnes, en una de las propuestas más estimulantes y a tener en cuenta de este 2026 sin ninguna clase de duda.