La plaza es de Jaime
Palma“¡la piazza è mia! ¡La piazza è mia!”, era la frase que el loco de la plaza, uno de los personajes que poblaban el Giancaldo de Cinema Paradiso, repetía una y otra vez mientras la vida seguía su curso a golpe de fotograma. Cuando he visto al alcalde de Palma, Jaime Martínez, anunciando con soberbia que ha desalojado la acampada de la plaza de España, he pensado en el loco de la plaza. Jaime también cree que la plaza es suya. A diferencia del personaje de la película de Giuseppe Tornatore, el alcalde puede usar a la Policía para recordarnos que la plaza es suya y que es él quien decide quién puede estar en ella. Y lo hace pasando por encima de la Delegación del gobierno español, la autoridad competente respecto a esta cuestión.
Jaime ha paseado por el espacio que antes ocupaban las tiendas de campaña y ha hecho pedagogía en las redes sociales, porque los ciudadanos somos cortitos y necesitamos que nos enseñen cómo va la vida. “Palma tiene ordenanzas que deben cumplirse”, ha recordado. “Yo tengo la obligación de defender todos los derechos de los ciudadanos”, ha añadido. Este patinazo no lo habría dado ni el loco de la plaza. El derecho a la vivienda y el de protesta no constan en la lista de preocupaciones del alcalde, más centrado en el derecho a la especulación y al lujo, como suele pasar con los políticos de provincias.
A Jaime le gusta que su plaza esté limpia y bonita. No debe haber nadie protestando, ni pidiendo limosna, ni durmiendo en el suelo porque no tenga casa –eso no es excusa. No debe haber ni cosas ni personas feas. Por eso ha colocado bancos con reposabrazos en medio, para que la gente no pueda tumbarse. Hay personas que son como la basura, que molestan y huelen mal, y deben retirarse cuanto antes mejor. Por eso los acampados fueron desalojados también con un camión de Emaya.
“Queremos una ciudad cívica, una ciudad donde se respeten las normas”, dice Jaime en su vídeo triunfal. Más que decirlo, lo ordena. Y presupone que todos tenemos la misma idea de civismo que él, una visión estrecha en la que protestar es equivalente a no respetar las normas de su plaza, de su ciudad. Alguien podría pensar en este punto que en realidad Jaime tiene un problema con las personas que no piensan como él. También hay quien espera el día en que anuncie que se ha pasado a las filas de ese partido verde de extrema derecha que tiene bien claro que sus normas deben obedecerse sin cuestionarlas. Jaime sabe que es un héroe, un hombre de orden. La plaza es suya.