El Pacto de la nada
PalmaLeo el último titular sobre el Pacto por la sostenibilidad del Gobierno y me quedo con la boca abierta: ‘El Pacto por la sostenibilidad sitúa la innovación y el conocimiento como requisitos para la diversificación económica’. El Pacto se reunió el jueves para llegar a esta conclusión vacía, tópica, aburrida, poco comprometida, sin pizca alguna de imaginación, ambigua... La nada, en definitiva. La innovación y el conocimiento pueden ser los requisitos de cualquier cosa: de las recetas de un restaurante, de los nuevos productos para evitar la caída del cabello o del nuevo modelo de robot aspirador.
Por eso, desde aquí quiero hacer llegar mi felicitación a los participantes de la reunión, por el gran esfuerzo intelectual que hicieron para determinar que la innovación y el conocimiento son requisitos para la diversificación. Era una pregunta que se escuchaba por la calle: “¿Cuáles deben ser los requisitos para la diversificación?”, preguntaban una señora en la parada del autobús y un joven a la salida del instituto. Ahora ya lo sabemos: con estos políticos al cargo, no diversificaremos en tres siglos. Y, cuando estemos preparados, el apocalipsis habrá pasado por encima de todo y ya no será necesario hacerlo.
Fui a la presentación del Pacto por la sostenibilidad del Gobierno el 22 de mayo de 2024. Me sabe mal haber acertado, pero entonces pensé que aquello era la nada. Centenares de personas, la mayoría con intereses empresariales favorables a la masificación, soltando una retahíla de frases hechas, unos políticos mostrándose como superhéroes sin haber hecho nada todavía y un gurú económico disfrutando de su minuto de gloria. Humo, humo, humo. Tanto humo que casi me lloraron los ojos. Después fui a la presentación del superdocumento que debía transformar el modelo económico de las Islas: un buen gasto de papel satinado, lleno de bolas de colores y con los tópicos habituales negro sobre blanco. Nada nuevo.
Más tarde contemplé el goteo de entidades cívicas que preferían irse antes que perder más tiempo con discursos y más discursos sobre la nada. Hay diferencias básicas que a veces se olvidan: hablar no es hacer, decir que se quiere hacer no es ejecutar. Pero escuchar una y otra y otra vez las mismas obviedades puede llegar a ser insoportable. El modelo ni se ha transformado ni se transforma ni se transformará. A veces, se tiene que hacer ver que todo cambia para que todo continúe igual. Eso es lo que gusta a los ricos y poderosos.