El mar hierve la posidonia: 225 días de ola de calor en un año

El IMEDEA detecta un incremento de hojas descoloridas y de mortalidad, mientras Marilles alerta que las aguas residuales agravan la situación

4 min
Los científicos dicen que no basta con un discurso institucional, sino que hace falta actuar.
17/10/2026 - 17:45 h

PalmaLas hojas de la posidonia pierden el verde característico y se vuelven blanquecinas en algunas zonas poco profundas de las Baleares. Es el fenómeno inquietante que la investigadora del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA, CSIC-UIB) Núria Marbà ha vuelto a observar este verano en el puerto de Cabrera, frente a la playa del Pagès, donde el agua alcanza temperaturas especialmente elevadas, un fenómeno que se repite en los últimos años. “Las hojas se emblanquecen, parece que pierden la clorofila”, explica. No es una alteración nueva, pero todavía no se conocen con certeza las causas ni las consecuencias. “No sabemos si es por la temperatura, pero parece que sí, porque ocurre en verano”, señala.

Que la posidonia es el pulmón del Mediterráneo, que retiene partículas en suspensión y contribuye a mantener las aguas del mar Balear transparentes es tan cierto como el hecho de que su futuro está cada vez más comprometido. La temperatura del mar aumenta a un ritmo acelerado y las praderas acumulan los efectos de un estrés térmico que amenaza su supervivencia. Pero los vertidos de aguas residuales, el exceso de nutrientes y los impactos físicos sobre el fondo marino complican todavía más la situación.

El mar Balear se ha calentado 1,73 grados en 44 años. En 2025 acumuló 225 días de ola de calor marina y este verano la boya de la Dragonera registró una temperatura récord de 33,02 grados. Son datos del informe Mar Balear, avanzadas al ARA Balears por Raquel Vaquer, responsable del informe Mar Balear de la Fundación Marilles, que evidencian la magnitud del calentamiento y la persistencia de las temperaturas extremas.

Marbà, que participa en el seguimiento de praderas de Mallorca, Cabrera y Formentera desde hace 25 años, explica que el emblanquecimiento todavía necesita más investigación. En algunas zonas donde lo había observado, años después todavía había haces vivos. Ahora prevé marcar parcelas para estudiar su evolución. Lo que sí que ha constatado el seguimiento científico son episodios de mortalidad superiores a los habituales después de veranos calurosos.

El Gobierno asegura que se realiza un seguimiento intenso de la planta para descubrir posibles nuevas afectaciones.

La mortalidad aumenta con el calor

“Sí que hay zonas donde vemos mortalidades altas. No se mueren todos los haces, pero el porcentaje que se muere es más elevado de lo normal”, explica Marbà. La primera gran alerta llegó en 2003, cuando algunas estaciones registraron mortalidades de cerca del 15%. El fenómeno se repitió en 2006. “La posidonia no se queda indiferente ante el incremento de temperaturas. Está claro”, advierte la investigadora.

Superar 28 grados en el agua ya no es excepcional. Este verano, los sensores del IMEDEA a seis o siete metros de profundidad en Formentera han registrado temperaturas superiores a 30 grados y han superado los 29 grados durante numerosas jornadas. La capacidad de recuperación varía según la profundidad. En determinadas praderas situadas a menos de diez metros, los haces perdidos se pueden recuperar en, aproximadamente, dos años. Pero la sucesión de olas de calor dificulta esta recuperación.

“Todo depende de cómo sea la frecuencia. Las que sobreviven pueden ir tirando, pero, está claro, si viene otra ola de calor, es muy duro”, señala.

Un calentamiento más intenso

Los datos del informe Mar Balear, recopilados a partir de registros de diversos organismos científicos como el SOCIB, indican que la temperatura superficial del mar ha aumentado 0,39 grados por década entre 1982 y 2025. Desde 2005, las anomalías térmicas son sistemáticamente positivas y, desde 2020, superan un grado. En la primavera de 2025 se observaron anomalías de hasta 2,2 grados.

La persistencia de las olas de calor es especialmente preocupante. En 2025 se acumularon 225 días, con una intensidad máxima regional de 5,05 grados por encima de los valores habituales. El análisis del periodo 1982-2025 muestra que han aumentado la intensidad, la duración y la frecuencia, con una aceleración especialmente marcada en los últimos cuatro años.

El calentamiento también afecta a las capas intermedias y profundas del mar. El problema, por tanto, no son únicamente los récords puntuales, sino la acumulación de calor y el poco tiempo de recuperación entre episodios. Las temperaturas extremas también alteran la reproducción de la posidonia. Marbà recuerda las floraciones extraordinarias observadas tras las olas de calor de 2003 y 2022.

Un estudio internacional publicado este año en Communications Earth & Environment analizó 442 localizaciones mediterráneas tras el verano de 2022. En 333, el 76%, se detectó floración, con una incidencia especialmente elevada en el mar Balear. La floración, sin embargo, exige una inversión energética importante y no implica necesariamente una mejora de las praderas. “No sé si la planta puede volver a invertir tanta energía en florecer”, reflexiona Marbà, que considera posible una nueva floración importante tras el verano de 2026, todavía pendiente de confirmar.

El cambio climático no actúa solo. Raquel Vaquer, de Marilles, identifica otras presiones que afectan a las praderas: “los fondeos, las construcciones costeras, el exceso de nutrientes procedentes de los vertidos y las especies invasoras”, afirma. Vaquer explica que determinadas aguas residuales, incluso después de ser depuradas y cumplir los requisitos legales, pueden conservar concentraciones considerables de nutrientes. Este exceso favorece la proliferación de algas y reduce la transparencia del agua, lo que dificulta que llegue suficiente luz a la posidonia. La descomposición de la materia orgánica también puede consumir oxígeno en los fondos marinos.

Los episodios de lluvias intensas agravan el problema cuando los sistemas de saneamiento vierten al mar aguas residuales mezcladas con aguas pluviales. Vaquer también avanza que un estudio elaborado con investigadores del IMEDEA, todavía pendiente de publicación, apunta que los efectos de los vertidos de aguas depuradas pueden llegar a varios kilómetros del punto de descarga. Los ecologistas se han cansado de pedir a la Administración que revise las inversiones en materia de saneamiento, porque no solo no se han llevado a cabo, sino que en los últimos años ha subido la población residente y el turismo y, por tanto, la presión sobre las depuradoras. “Envían agua al mar que, en muchos casos, no cumple los requisitos legales, y aquí nadie hace nada”, lamenta Neus Prats, del GEN-GOB Ibiza.

La combinación con el calentamiento resulta especialmente perjudicial. Marbà explica que la pérdida de transparencia del agua puede reducir la tolerancia de las plantas a las temperaturas elevadas. “La temperatura nos lleva a un escenario no muy favorable, pero, si mitigamos los otros impactos, es más alcanzable”, afirma. Este verano, el IMEDEA y otras entidades han reclamado más compromiso institucional. “No basta con estar concienciados, hay que actuar”, concluye Marbà.

  • 28 grados. Registro muy habitual

    Hace solo unos años la temperatura del agua no solía pasar de 28 grados y se consideraba un episodio extraordinario alcanzarlos. Este año se han superado los 30 a menudo.

  • 2003. Primer año preocupante

    El primer año en el que ya se detectaron más casos de mortalidad de la previsible fue el 2003. Desde ese momento, las cifras de pérdidas de planta no han bajado.

  • 15% mortalidad

    Desde hace unos años, el IMEDEA ha podido constatar que en algunos de los puntos de control, la mortalidad de la posidonia llega al 15% en un año.

  • 1,73 grados. Incremento acumulado

    Los últimos 44 años el mar Balear ha visto cómo se incrementaba la temperatura 1,73 grados, según los últimos datos disponibles. Un aumento por encima de lo previsto.

stats