En el Consejo de Mallorca, prescindió de Vox

Una vez obtenida la importante victoria de suprimir el carril Bus/VAO, como el caballero que mata al dragón, el presidente del Consell de Mallorca ha descubierto que la tarea de desembolsar la isla, como había prometido, no era tan sencilla. El problema iba un poco más allá de eliminar una simple señalización que sólo servía (y sigue sirviendo, como saben en las ciudades europeas que tienen carriles VAO o equivalentes, indistintamente con gobiernos de izquierda o de derecha) para pacificar el tráfico en tramos habitualmente demasiado saturados. Esto era todo, pero vivimos tiempo en que la polarización política puede llegar a extremar incluso el debate sobre cuestiones puramente técnicas.
El problema de la saturación de las carreteras mallorquinas, y de las ciudades y pueblos y núcleos urbanos mallorquines, es real, y se debe a un cúmulo de causas entre las que sobresale una principal: sobran coches. Sobran vehículos motorizados en la isla, por lo general, y coches en particular. No son sólo los que vienen de fuera para alquilar al turismo (curiosamente los coches se llaman también "turismos"); hace ya tiempo que son excesivos también los vehículos locales. El parque automovilístico de Baleares, y en particular el de Mallorca, es cuantitativamente exagerado, y además es viejo.
Baleares ya es la comunidad con más coches por habitante, concretamente 912 coches por cada 1.000 habitantes. Es una cifra muy superior a la de la media española, que también se considera demasiado alta, pero que es de 750 coches por cada 1.000 habitantes, según datos del INE y de Ibestat. En el caso de Mallorca contamos también ahora con el estudio de carga de las carreteras de la isla, encargado por el Consell de Mallorca a la consultora CINESI, y que también proporciona datos muy interesantes. Entre ellas, que el 80% de los desplazamientos que se realizan a Mallorca en vehículos motorizados los realizan los residentes. Además, en cuanto al envejecimiento, la media de edad de los vehículos en Baleares es de 14,2 años, también demasiado alta. La masificación turística, por supuesto, complica aún más las cosas en los meses de verano (que en realidad significa desde Semana Santa hasta el 31 de octubre).
Urge actuar y los expertos coinciden en unas primeras medidas obvias: mejora del transporte público, regulación del alquiler de coches y limitación a la entrada de coches que llegan en barco. Pero aquí el presidente Galmés choca con su verdadero problema: gobierna con la extrema derecha de Vox, y la extrema derecha de Vox se niega rotundamente a limitar la entrada de vehículos en la isla. "Ningún español debe pagar una tasa para entrar en Mallorca", sentencia Toni Gili, portavoz de Vox en el Consell de Mallorca y autor de la frase según la cual conceder subvenciones a las entidades que trabajan en favor del catalán es cómo gastar el dinero "en putas y cocaína". Ciertamente, cada uno habla a partir de sus referentes.
Éste es un buen ejemplo de por qué nunca sale a cuenta gobernar con negacionistas, populistas y neofascistas. No es sólo una cuestión de valores y principios ideológicos (que también son importantes), sino del día a día, de las decisiones cotidianas que afectan directamente al bienestar de los ciudadanos. Es extremadamente difícil gobernar cuando se depende de una gente que da la espalda a la democracia, a los derechos humanos, y también al sentido común puro y simple. Galmés busca el apoyo de la oposición para limitar la entrada de vehículos en Mallorca, y hace bien. Haría aún mejor si prescindiera de unos socios como Vox y gobernase en solitario, buscando apoyos cuando los necesitara a través de la geometría variable. Puede parecer más difícil pero a la larga sería más eficaz. Y mejor para el bien común, sin lugar a dudas.