Así termina el curso 2025-2026: un año de desgaste, retrasos y tensiones que no explotan

Docentes, familias y equipos directivos coinciden en la sensación de malestar y en la falta de recursos para atender la diversidad

Alumnos en un aula del CEIP Aina Moll.
19/06/2026
4 min

PalmaUn aula con calor, ventilación insuficiente y alumnos intentando seguir la clase mientras el curso entra en la recta final. La escena, repetida en muchos centros de Baleares, resume un año marcado por el desgaste y por la sensación de que la distancia entre la planificación educativa y la realidad de las aulas no deja de crecer. En este contexto, la Conselleria de Educación ha anunciado a lo largo del curso diversas medidas: el Bachillerato de Excelencia, la incorporación de psicólogos en Primaria, el refuerzo de la atención emocional a los docentes, nuevas medidas de convivencia, la consolidación de la etapa 0-3 gratis y la apuesta por la FP, además de inversiones en centros, entre otras. Todo ello llega a un sistema que, según los centros, continúa marcado por la falta de previsión y la dificultad de convertir los anuncios en mejoras reales.

El primer foco de tensión aparece en la gestión de las ayudas y la conciliación. El padre del CEIPIEEM Son Serra y vocal de FAPA Mallorca, David Edwardes, lo resume como “un año de retrasos”, especialmente en las convocatorias de comedor y actividades de verano y Pascua. Las familias, explica, a menudo reciben las ayudas cuando ya no pueden utilizarlas, lo que convierte el apoyo público en una respuesta tardía a necesidades inmediatas.

Esta falta de planificación se extiende también a los espacios de participación educativa. Edwardes denuncia que en el Consell Escolar de les Illes Balears “se ha tramitado mucha cosa por urgencia cuando no era necesario”, hecho que ha reducido el debate y ha hecho que la participación fuera “simbólica”. Según explica, las decisiones llegan aceleradas y con poco espacio para el análisis, en un contexto en el que la comunidad educativa tiene cada vez menos capacidad de incidencia.

Cuando este desajuste llega a los centros, las consecuencias se hacen visibles en diversos frentes. Uno de los más sensibles es la atención a la diversidad. Edwardes alerta que “no hay suficientes pedagogos terapéuticos ni maestros de audición y lenguaje para garantizar una buena integración dentro del aula”. También cuestiona la apuesta por las aulas UECO cuando dejan de ser una herramienta puntual: “Es un mecanismo que segrega a los alumnos con necesidades”. A esto se añade la falta de climatización adecuada en muchos centros, especialmente en edificios antiguos, con intervenciones todavía desiguales.

En los equipos directivos, el diagnóstico se repite con otras palabras: saturación y burocracia. La directora del IES Portocristo, Xisca Crespí, lo expresa con contundencia: “La gestión y la burocracia son un desastre. La promesa de desburocratización es una falacia”. Explica que una parte creciente del tiempo de los equipos se consume en tareas administrativas: “Te puedes pasar media vida haciendo gestiones”, resume.

Nuevo sistema de gestión

A esta carga se suman cambios continuos en las herramientas de gestión digital, como la transición del Gest-IB al sistema Llull, percibida en los centros como una fuente más de incertidumbre. Y en paralelo reaparece un debate estructural que atraviesa todo el sistema: las ratios. “En Secundaria no pueden ser 30 alumnos por aula. Deberían ser 24”, reclama Crespí, que vincula esta situación con la dificultad creciente de atender la diversidad.

Desde otro centro, el director del CEIP Es Puig de Lloseta, Miquel Bujosa, coincide en el diagnóstico general, pero añade una idea clave: agotamiento. A pesar de la bajada demográfica, explica que la complejidad de las aulas no disminuye. “Se hacen grandes anuncios, pero a las escuelas no llega nada”, lamenta. La demanda, dice, es recurrente: menos alumnos por aula y más apoyo.

En Secundaria, la docente del IES Politècnic, Magdalena Vázquez, introduce una mirada más estructural del conflicto. “Lo peor es que somos un centro en extinción. Es una consecuencia de los ataques que sufre la educación pública”. Según explica, se está reduciendo la oferta de Bachillerato en algunos centros mientras crece en otros, en un proceso que considera desequilibrado y que afecta el funcionamiento natural del sistema.

Vázquez interpreta estos movimientos como un cambio de modelo: “Se está reforzando la FP a costa de mermar la Secundaria, y no veo ningún freno”. También detecta una diferencia de respuesta entre territorios: “En Cataluña y en el País Valenciano continúan luchando por los derechos educativos”, dice, mientras que en Baleares percibe un contexto desactivado, con menos capacidad de movilización.

Sensación de alienación

Esta falta de respuesta colectiva, expone, se traduce en sensación de aislamiento dentro de los centros: “Hemos comentado muchas veces que habríamos de haber hecho huelga”. También señala que los cambios se han aplicado centro por centro, cosa que dificulta una respuesta conjunta. El resultado, afirma, es visible: “Vemos líneas cerradas y ratios elevadas”.

Entre los últimos anuncios del curso, Vázquez cuestiona la propuesta de un año sabático para docentes: “Es un titular muy atractivo, pero cuando lees la letra pequeña ves que es una medida más bien populista, ideal para hacer a final de curso”. Aun así, del curso que acaba destaca dos cuestiones positivas: la visibilización de la etapa 0-3 y el trabajo cotidiano del profesorado, que “se forma constantemente y se esfuerza por los alumnos”.

En la escuela concertada, el presidente de la sectorial de Enseñanza de la Unión de Cooperativas de Trabajo Asociado, Kiko López, valora el diálogo con Educación: “La concertada se ha beneficiado”, dice. Aun así, reconoce que la burocracia continúa siendo un problema y reivindica las cooperativas como una parte del sistema con vocación de escuela pública.

El curso se cierra con una imagen compartida entre actores bien diferentes: un sistema educativo que avanza con reformas y anuncios, pero que continúa atravesado por tensiones estructurales. Entre la planificación institucional y la realidad tangible en las aulas, la distancia todavía es una de las constantes de la educación en Baleares.

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