"Un profesor cogió a un alumno y lo tiró por la ventana"

Antoni Vidal (1963) fue a clase a las monjas del Vivero, en Palma, y también a la escuela Avante

Antoni Vidal.
06/04/2026
3 min

PalmaSi algo me quedó marcado de mi etapa escolar es que había profesores muy violentos. Recuerdo uno que llegó a apalear a un niño hasta dejarlo destrozado. Otro día, tiró a uno por la ventana. Hoy sería impensable. Entonces, no pasó nada. También había humillaciones. Un compañero con una deformación en la cara, que hablaba con dificultad, fue ridiculizado por el director delante de toda la clase. Le preguntó si ya había acabado de vender cupones. Nadie rio. El silencio fue más elocuente que cualquier risa.

Mi escolarización comenzó muy pronto, a solo dos años, en las monjas del Vivero, en Palma. Guardo pocos recuerdos nítidos, pero sí una sensación clara: allí dentro había disciplina y también humillación. Si un niño se portaba mal, le ponían una banda negra para que todo el mundo lo viera. Era un castigo público, una marca. Años más tarde, pasando por delante del convento, todavía vi el escudo de José Antonio encima de la puerta. Como si el tiempo no hubiera pasado del todo.

En nuestra casa, la vida también dio un giro pronto. A los seis años perdí a mi padre, aunque su enfermedad ya nos había condicionado antes. Por eso hice la comunión a los cinco años, adelantada, para coincidir con mi hermano. A aquella edad ya me sabía el catecismo de memoria. Era casi todo lo que había aprendido en aquellos primeros años.

Después fui a la escuela Avante, donde estuve hasta octavo de EGB. Allí viví una etapa contradictoria. Por un lado, tengo buenos recuerdos: jugaba a baloncesto, teníamos un equipo competitivo e incluso nos llevaron a Mataró. Aquellos momentos, con los compañeros, eran una ventana de aire. Recuerdo también el día que murió Franco: nos dieron tres días libres y lo vivimos casi como una fiesta, sin entender del todo qué significaba.

Pero la escuela también era un lugar duro. Antes del 75 formábamos y cantábamos el Cara al sol. Después eso fue desapareciendo, pero el franquismo continuaba presente en muchas cosas. Las clases eran en castellano, aunque en el patio hablábamos en catalán. Y la violencia era normal. Si te tenían que pegar una bofetada, te la pegaban.

Lo viví en primera persona: un día, en clase, estaba sentado con un compañero y hacíamos comentarios mirando las piernas de una niña. El profesor nos pilló. Me hizo levantar, me giró la cara y empezó a pegarme bofetadas una detrás de otra. Me dejó la cara hinchada, roja. Después, arrodillados como castigo. Nadie lo cuestionaba.

Nueva mirada

Aun así, en medio de aquel ambiente, también había luz. Cuando tenía unos diez años llegó un profesor que me marcó profundamente. Me abrió los ojos. En mi casa se defendía el régimen, pero él me mostró otra manera de ver el mundo. Años más tarde, incluso vino a nuestra casa para convencer a mi familia de que yo podía continuar estudiando. Lo aceptaron… a medias. Me dijeron que sí, pero que tenía que trabajar a la vez. Con 15 años ya trabajaba.

El recuerdo más duro lo guardo de una excursión a la Victòria. Éramos cuatro alumnos y un profesor de confianza. Dormíamos en una tienda, apretados. En medio de la noche me desperté. Noté su mano caliente encima de mí y su respiración muy cerca. El cuerpo me reaccionó solo: salté por encima de los compañeros y me alejé. No dije nada. Con los años lo he entendido: era un depredador sexual. Y, aun así, continuó dando clase durante mucho tiempo.

'Mis años de escuela' es una serie de ARA Balears que reconstruye cómo era la educación en Mallorca década a década a través de testimonios en primera persona.

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