Por qué algunas normas arraigan y otras no? El caso del catalán de los medios baleares

Hace décadas que discutimos sobre las mismas cuestiones lingüísticas: el ‘lo’ neutro, los complementos directos con ‘a’, las preposiciones sobrantes... Estas vacilaciones dicen algo sobre qué pasa cuando una lengua convive durante siglos con otra que ocupa más espacios de poder y acaba dejando rastros incluso en la sintaxis

La resistencia de ciertas normas del catalán
13/06/2026
4 min

PalmaHace años que volvemos a los mismos ejemplos: el ‘lo neutro, los complementos directos con ‘a’, las preposiciones que aparecen delante de ‘que’ cuando las gramáticas insisten en que no deberían estar, etc. Los ejemplos son conocidos y los argumentos también. A veces, de hecho, da la impresión de que la conversación lingüística catalana vive atrapada dentro de una especie de bucle en el que siempre acabamos discutiendo sobre las mismas cosas.

La situación tiene una cierta gracia. Cualquiera que haya frecuentado redes sociales, grupos de WhatsApp o sobremesas familiares lo debe haber comprobado alguna vez. Basta que alguien escriba ‘lo mejor’, diga que una cosa ‘está buena’ o afirme que está segura ‘de que no vendrá’ para que reaparezcan argumentos que parecen conservados en formol. Alguien quizás recuerda qué dice la normativa, otro defiende los usos reales de los hablantes y también puede haber quien aproveche la ocasión para lamentar el estado de la lengua. Los ejemplos no cambian mucho (y los participantes, tampoco).

Hablar de identidad

Esta tendencia a discutir sobre la lengua no es exclusiva de los catalanohablantes, pero entre nosotros parece especialmente arraigada. Hay que decir que esto no es casual. Vivimos en una comunidad lingüística acostumbrada a pensar sobre su propia lengua y la historia del catalán ha obligado a muchas generaciones a plantearse cuestiones que otras comunidades lingüísticas dan por descontadas. A todo ello todavía se añade otro elemento: para mucha gente, hablar de lengua es también una manera de hablar de identidad, de cultura y de política sin tener que hacerlo de una manera tan explícita.

Sea como sea, hay una pregunta que solem formular mucho menos a menudo. ¿Por qué algunas recomendaciones arraigan y otras no? ¿Por qué hay construcciones que se incorporan con relativa facilidad a los usos formales mientras que otras continúan generando vacilaciones después de décadas de correcciones, explicaciones y campañas de sensibilización?

Los medios de comunicación ofrecen un buen observatorio para intentar responder a esta cuestión. No representan exactamente la lengua espontánea de la calle, pero tampoco la lengua completamente planificada de los textos administrativos o académicos. Se mueven en una zona intermedia. La lengua que oímos en la radio o en la televisión está condicionada por las recomendaciones normativas, pero también por los hábitos de los profesionales, por las prisas de la comunicación en directo y por las formas que circulan cada día entre los hablantes. Es precisamente en este espacio intermedio que algunas cuestiones reaparecen una y otra vez.

El caso más conocido es, probablemente, el del ‘lo’ neutro. Expresiones como ‘lo mejor’, ‘lo más importante’ y ‘lo que pasa’, entre otras, continúan apareciendo con una vitalidad notable a pesar de que las gramáticas hace más de un siglo que recomiendan alternativas. La cuestión es tan conocida que casi forma parte de lo que podríamos llamar (con perdón de los folkloristas), el ‘folklore lingüístico catalán’. Incluso personas poco interesadas por la lingüística saben de qué se habla cuando sale el tema.

Algo similar ocurre con las preposiciones delante de ‘que. Cualquier persona que haya pasado por un aula de catalán debe recordar haber oído alguna vez que se ha de decirestoy segura que vendrá’ y no ‘estoy segura de que vendrá’, y ‘me he dado cuenta que tenía razón’ y no ‘me he dado cuenta de que tenía razón’. A pesar de ello, estas preposiciones continúan apareciendo incluso en contextos relativamente formales.

Lo mismo se puede decir de determinados complementos directos introducidos por la preposición ‘a’. Expresiones como ‘entrevistaremos a la presidenta’ y ‘han invitado a los participantes’ son frecuentes en los medios de comunicación. Y, en algunos casos, las alternativas normativas pueden resultar menos intuitivas para quien ha crecido oyendo sistemáticamente la construcción con preposición.

Estos fenómenos tienen una característica en común: no desaparecen a pesar de que las recomendaciones sean conocidas. Hasta cierto punto, forman parte de los hábitos lingüísticos de muchas personas, incluidas personas con estudios de lengua, profesionales de los medios y hablantes con una clara conciencia lingüística.

Esto obliga a ir un poco más allá de las explicaciones simples. Si todo dependiera del desconocimiento de la normativa, estos casos probablemente se habrían resuelto hace tiempo. Si todo dependiera de la falta de interés por los usos formales, tampoco se entendería por qué aparecen precisamente en contextos en los que la lengua es objeto de una atención especial.

Quizás por eso vale la pena mirar el problema desde otra perspectiva. Cuando pensamos en la influencia de una lengua sobre otra, solemos pensar, sobre todo, en las palabras. Los préstamos léxicos son visibles, se detectan con facilidad, generan comentarios (y, a veces, polémicas). La sintaxis es otra cosa. No solemos detenernos a pensar en el orden de los complementos, en las preposiciones y en las estructuras que utilizamos para relacionar ideas. Son elementos mucho menos visibles y, precisamente por eso, a menudo pasan desapercibidos.

La sintaxis, más resistente

Ahora bien, cuando dos lenguas conviven durante mucho tiempo, el contacto no se detiene necesariamente en el vocabulario. A veces llega más adentro, a partes que, en principio, parecen más estables. Mientras que las palabras entran y salen con relativa facilidad, la sintaxis acostumbra a ser más resistente, más lenta y más profunda.

Esto no significa que el catalán esté en peligro cada vez que alguien dice ‘lo mejor’ ni que la sintaxis catalana se esté deshaciendo. Ahora bien, entre la visión apocalíptica y la indiferencia absoluta hay un espacio interesante desde el cual observar estos fenómenos.

Hay que tener en cuenta que, al fin y al cabo, estas vacilaciones explican cosas. Nos dicen qué lenguas conocen los hablantes, en qué contextos las utilizan, qué estructuras han oído durante toda la vida y hasta qué punto los procesos de normalización lingüística conviven con dinámicas sociales mucho más amplias que cualquier gramática.

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