Menorca, la isla que se resiste a ser como las otras
La manifestación del 13 de junio da el pistoletazo de salida a las movilizaciones de verano en las Islas en defensa de la vivienda y de los recursos naturales, y para hacer frente a la masificación turística
CiutadellaA punto de comenzar el verano, Menorca vuelve a llamar a la puerta de la movilización contra la saturación turística. La plataforma Vía Menorca, impulsada por el GOB y un grupo entusiasta de jóvenes, es la impulsora de la primera de las grandes manifestaciones y protestas –la del sábado 13 de junio– que se anuncian en todas las Islas para reclamar medidas efectivas e inmediatas en defensa de la vivienda y de los recursos naturales. El primer clamor ciudadano ha sido en Menorca, donde, dice el coordinador de política territorial del GOB, Miquel Camps, “todavía estamos a tiempo de evitar convertirnos en una nueva Ibiza”.
Los síntomas son preocupantes. En los últimos 15 años el número de turistas prácticamente se ha duplicado en Menorca. La isla ha pasado de recibir 1 millón de turistas al año a recibir 1,8 millones. Esto supone que hay 20 turistas por cada residente, una proporción que la plataforma considera del todo “inassumible”.
La oferta ilegal de alquiler turístico agrava aún más la situación, ya que duplica la oferta reconocida oficialmente. El GOB calcula que hay 6.000 casas que se alquilan legalmente a turistas con un total de 30.000 camas, pero el problema es que hay otras 6.000 casas que huyen del control de la Administración y operan en el mercado negro. “Solo así se explica que en la punta del verano seamos 230.000 personas, cuando no hay tantas plazas declaradas en Menorca”, destaca Camps. “El hecho es que estas 12.000 casas antes estaban disponibles para residentes, de modo que, si no revertimos esta tendencia, la cifra continuará creciendo”, apunta.
El objetivo, insiste Camps, “es acabar con la deriva de crecimiento indefinido en la llegada de turistas. Porque, así, en Menorca faltan viviendas accesibles para la gente joven, que tiene su proyecto de vida parado, y la dependencia del monocultivo turístico es cada vez mayor”. El ecologista remarca que “este crecimiento no se debe a que se haya construido mucho más en las urbanizaciones, sino al fenómeno del alquiler turístico. Las casas se van vaciando de residentes para poner turistas y ya no tenemos ni para alojar la mano de obra que debe venir a trabajar al sector turístico. Esta saturación provoca también falta de agua y que toda la economía se base en el turismo”.
El tercer dato que ampara la movilización es la saturación que sufren las playas vírgenes, de manera que cada bañista no dispone ni de cinco metros cuadrados de arena. Solo tiene el espacio justo para la toalla. Es una tercera parte de los 15 m2 por persona que, según los parámetros oficiales, marca la calidad mínima de los destinos turísticos.
Esta situación se ha dado ya casi desde el mismo momento en que arrancó la temporada. De hecho, desde mediados de mayo los aparcamientos de las playas vírgenes de Ciutadella ya están llenos a media mañana, lo que obliga a cerrar el acceso a las calas de Macarella, Turqueta y Son Saura durante buena parte del día.
Sin limitación de vehículos
A todo esto se añade que, un año más, no se limite la entrada de vehículos turísticos a la isla, una medida que estaba al alcance del Consell al empezar el mandato, pero que todavía no ha llevado a cabo. “Ya hace años que se ha tomado en Formentera y que, con solo un año de aplicación, ha conseguido bajar la presión turística en Eivissa. Esto que ya se hace en dos islas en las que gobierna el mismo partido que en Menorca se acaba de aprobar también en Mallorca, mientras Menorca continúa siendo la única isla que todavía no ha limitado la entrada de coches”, constata Camps. “Es una demostración bien clara del hecho de que en Menorca no hay nadie al volante”, remata.
El hecho de que el Consell haya dejado pasar todo el mandato sin restringir la llegada de coches, a pesar de disponer de la Ley de reserva de la biosfera que lo permitía, ha trasladado también el debate al terreno político. El secretario general del PSOE menorquín, Pepe Mercadal, ha acusado al gobierno de Adolfo Vilafranca de permanecer “dormido e inmóvil” ante un problema “que cada vez es más grave. Cada año hay más coches y, por tanto, más caos y saturación en las carreteras. El Consell ha sido capaz de empezar unas obras en la carretera en contra del mandato de la Unesco, pero no de impulsar una medida que reclama el 80% de los menorquines. Es un problema que el PP no sabe ni quiere afrontar”, dice. Como alternativa, los socialistas proponen potenciar el transporte público para conseguir que los turistas no se desplacen en vehículo privado y así se pueda reducir el tráfico en las carreteras.
“Menorca abre las puertas al colapso por no limitar la entrada de vehículos”, añade el coordinador de Més, Esteve Barceló, que también denuncia “tres años de excusas y promesas incumplidas” de los populares, cuando la isla ya empieza a sufrir los efectos de la saturación el primer mes de la temporada. Por este motivo, Miquel Camps pide que no nos conformemos “con el discurso de que no estamos tan mal como otras Islas, cuando lo que tenemos que hacer es no esperar a estarlo para tomar medidas. Necesitamos que, gobierne quien gobierne, se controlen determinados parámetros. Si queremos mirar al futuro tenemos que fijarnos en Eivissa, donde el alquiler turístico lo promueven fondos de inversión que se quedan todo el negocio y dejan el problema en la isla. Todavía estamos a tiempo de que Menorca no sea una nueva Eivissa”.
Eivissa ya no cree en ello
Pero Ibiza parece haber descubierto que ya no puede seguir por el mismo camino que hasta ahora. Los datos de 2025, el primer año de aplicación de la restricción de la entrada de vehículos, lo demuestran. La presión humana diaria en la mayor de las Pitiusas bajó el verano pasado en 13.000 personas, 18.000 en agosto, pero, aun así, la ocupación y el gasto turístico de los visitantes aumentaron un 8%. El vicepresidente del Consell pitiuso, Mariano Juan, entiende que “la sostenibilidad, gestionada de manera rigurosa, no implica decrecer, sino corregir distorsiones que refuercen la competitividad del destino”. Neus Prats, vicepresidenta del GEN-GOB de Ibiza, dice haber aprendido que “el gran capital se impone y que hacer grandes movilizaciones, que incluso consiguen dar giros políticos históricos, sirven solo para cambiar las caras, pero no la política de destrucción que continúa, gobierne quien gobierne. Ibiza no se rinde –concluye–, pero está muy cansada de traidores”. No es casual, por tanto, que Ibiza, donde se han producido las manifestaciones proporcionalmente más multitudinarias en defensa del territorio, se haya desmarcado por ahora de las grandes movilizaciones contra la saturación que entidades de Mallorca y Menorca sí anuncian este verano.
En todas las Islas las movilizaciones son convocadas por entidades que han salido del Pacto para la Sostenibilidad Turística que promueve el Gobierno de Prohens. “Muy pronto nos dimos cuenta de que era solo una manera de entretener a la gente para no tener que tomar ninguna decisión”, se justifica el coordinador del GOB en Menorca, Miquel Camps. “No ha existido diálogo y el 90% de los participantes son entidades con ánimo de lucro”, añade Joan Femenia, de la plataforma Menos Turismo, Más Vida.
Aún más, “el Gobierno ha intentado criminalizar las protestas”, dice Camps, quien niega ninguna politización por su parte, ya que las acciones en la isla se iniciaron años atrás, bajo el mandato de las socialistas Armengol y Susana Mora, y fue antes de 2022 que se dictó la moratoria turística en Menorca, que incrementó significativamente el alquiler turístico en la isla. “No reclamamos un cambio de gobierno, sino de la manera de gobernar”, puntualiza. “Dicen que el ecologismo es de izquierdas, cuando no lo es. El problema es que los partidos españoles de derechas son muy poco ecologistas. Tienen muy poco compromiso medioambiental”, critica Camps y acusa al gobierno conservador de Menorca de “pretender polarizar el debate como excusa para no tomar ninguna decisión”.
Decepciones políticas
Aina Llauger, del GOB Mallorca, también urge a “cambiar las políticas” del gobierno balear, que “no ha hecho nada para contener el crecimiento, sino más bien todo lo contrario. Da pasos para desregularizar y para que sea más fácil urbanizar. Pero –aclara– no vamos a favor de un partido u otro. También hay mucha decepción con las políticas del Pacte de Progrés de estos últimos ocho años”.
“Quieren hacer ver que estamos atados a las izquierdas, pero nosotros huimos de ello y no permitimos que ningún partido político participe de la red de nuestra plataforma”, dice Femenia. Menos Turisme, Més Vida “ha nacido con el Govern Prohens, pero como reacción a la presidencia europea del gobierno de España, que es socialista”, remarca.
En Mallorca habrá acciones puntuales a partir de las próximas semanas, pero no será hasta el 26 de julio que se hará la gran manifestación contra la saturación turística. Medio centenar de entidades vinculadas a la plataforma Menys Turisme, Més Vida quieren colapsar Palma para hacer presente su protesta. Será el tercer verano que llamen la atención de manera masiva “contra el modelo turístico que provoca múltiples problemas sociales, ecológicos y laborales”. De hecho, muchos trabajadores del sector acostumbran a sumarse a las protestas para denunciar la precariedad que sufren.
‘Mallorca, al límite’ es el lema escogido para la manifestación, precisamente el mismo que ya empleó el GOB en el año 2000 para denunciar la peligrosa deriva que seguía la isla. Ahora, un cuarto de siglo después, la tendencia ha ido a más y el crecimiento “ya es insostenible”. Se reciben 20 millones de turistas al año, situación que supone que haya 13 por cada residente, la cifra de coches por habitante también es de las más elevadas de Europa, y los recursos son tan limitados que, sin las desaladoras, habría graves problemas de sequía y restricciones por doquier”, dice Joan Femenia, portavoz de la plataforma. A todo esto se suma la dependencia de fuera tanto de alimentos (“solo producimos entre el 10 y el 20%”) como energética (“las renovables son insuficientes y se necesita el cable eléctrico con Valencia”). “Si intensificamos las protestas es porque el malestar también es mayor”, concluye Femenia, para quien “no hay otra solución que el decrecimiento y un cambio en el modelo turístico”.
Aina Llauger echa en cara al Govern Prohens que “no impulse ninguna medida para frenar la saturación y el crecimiento urbanístico, que van muy ligados. Aunque el número de plazas hoteleras prácticamente se ha estabilizado, el crecimiento de plazas turísticas y residenciales en suelo rústico continúa”. Llauger constata que “el desplazamiento de la presión turística al suelo rústico aumenta también la presión sobre los recursos naturales y provoca un crecimiento disperso sobre el territorio. Entre alquiler turístico, coches y redes sociales, todo el mundo se mueve mucho y lo satura todo: las carreteras, el litoral y los espacios naturales”.
La gran novedad, sin embargo, de las movilizaciones a favor del medio ambiente de estos últimos años es que se ligan a la vivienda porque, dice Llauger, “son las dos caras del mismo problema. El crecimiento turístico ha agravado la dificultad de acceso a la vivienda y esto hace que la participación en las manifestaciones sea más intergeneracional, ya que los jóvenes ven en peligro su proyecto de vida”.
Ante este hecho, “la respuesta de la sociedad civil, pero no la única, es salir a la calle”. También en verano, una época diferente de las habituales para las principales movilizaciones en Baleares, que siempre se han producido en otoño y primavera. “Este es el principal síntoma de que la sociedad está harta”, concluye. Hartas, remarca, están “personas de todas las tendencias políticas, porque todo el mundo sufre problemas de vivienda y los empresarios ven que la sociedad se empobrece. Ya no vivimos del turismo. Ahora es el turismo el que vive de nosotros”.