Aulas saturadas, más desigualdad y el catalán, moribundo
Entre 2000 y 2025 también se han producido hitos como la aprobación de la primera Ley de educación balear y la marea verde del 29S de 2013, con 100.000 personas en la calle contra la política educativa de Bauzá
PalmaEl primer cuarto del siglo XXI ha dejado una impronta profunda en el sistema educativo balear. Cambios demográficos acelerados, desigualdades crecientes, debates lingüísticos, nuevas oportunidades formativas y una universidad que ha evolucionado en dimensión y ambición científica han configurado un escenario muy diferente al de inicios de milenio. Este reportaje mira hacia atrás para entender el presente y proyectarse en el futuro.
Más y más vulnerables
Se han sumado más de 50.000 alumnos
Desde principios de siglo y milenio, en Baleares se han incorporado más de 50.000 alumnos al sistema educativo de régimen general, un fenómeno que se ha asumido con unos centros educativos que no han crecido al mismo ritmo. "El mayor aumento se empieza a notar a partir del año 2000, cuando ya teníamos problemas para colocar a todos los alumnos que nos llegaban", explica el exconseller de Educación y ex director general de Universidades, Martí March. "En el período 2015-2023 se nos sumaban una media de 2.000 alumnos anuales", dice.
Un ejemplo es el IES Sineu: ese año tenía 333 alumnos y ahora son 1.400, todo en un centro pensado para 700 alumnos. Entonces, un 18% era alumnado recién llegado, un porcentaje que ahora se ha disparado hasta el 32%.
No sólo hay muchos más alumnos, sino que las mochilas de exclusión social y económica que arrastran son más pesadas. "A principios de siglo, los que llegaban eran peninsulares, alemanes e ingleses; ahora tenemos gente extracomunitaria que a menudo viene con muchas dificultades. Algunos nunca han sido escolarizados, que no saben leer ni escribir y los centros lo enfrentamos con mucha profesionalidad, pero con los ratios con los que nos movemos es imposible llegar a todo el mundo con las máximas garantías Viejas desde hace 20 años y presidenta de los directores de Primaria de Mallorca (Adipma). En Sineu, actualmente tienen cerca de un centenar de alumnos de extrema vulnerabilidad. Años atrás se podían contar con las manos. Hoy en día, muchos centros tienen ratios elevados, a veces máximos o incluso sobrepasados, y más alumnos con dificultades que nunca. Todo ello lastra la dinámica educativa.
La lacra del abandono
El último dato lo sitúa en el 20,14%
Por ahora, Baleares tiene un 20,14% de abandono escolar, la segunda tasa más alta del Estado. Ha subido dos puntos respecto a 2023 y cinco frente a 2021, aunque ha bajado más de 12 puntos en comparación con hace 10 años, cuando se situaba en el 32%. Y si vamos más atrás, en el 2000 la tasa escaló hasta el 40%, indica March.
El modelo económico, como ya era entonces, sigue siendo un factor determinante: se contrata a gente sin ninguna clase de formación, en una comunidad donde el sector servicios genera muchos puestos de trabajo. Los centros intentan retener al alumnado, pero no siempre lo consiguen.
Aunque en este cuarto de siglo, y especialmente en los últimos diez años, se ha potenciado la FP y se ha logrado sacar el estigma del lugar "donde terminan los malos estudiantes", la oferta todavía no logra satisfacer las pretensiones de todos los interesados ni las demandas del mercado. "De 160 alumnos que hacen 4º de ESO, podemos tener unos 15 que lo dejan y se van a trabajar directamente", explica Rafel Crespí, profesor y ex director del IES Sineu.
La escuela no siempre habla catalán
El Decreto de mínimos, en peligro
Hay una realidad que todo el mundo sabe, pero que es difícil constatar. Hace 25 años, la mayoría de los centros públicos tenían proyectos lingüísticos en catalán. "Ahora hay, tanto públicos como concertados, que no cumplen el Decreto de mínimos", afirma March. Por su parte, Mas acusa a sus dirigentes: "Lo que tenemos ahora es el resultado de la mala política lingüística de todos los gobiernos. Nadie se ha esforzado por hacer una política lingüística de calle que complementara la labor de las escuelas", dice.
Por todo ello, el uso del catalán en las escuelas y también el nivel del alumnado se han desplomado, tal y como constatan año tras año las pruebas IAQSE. Durante décadas salían hornadas de profesores con conciencia lingüística y conocedores del deber de transmitir la lengua. Ahora llegan a las escuelas maestras nacidos aquí que tienen dificultades para expresarse en catalán. Algo impensable hace 25 años. La falta de docentes también hace que lleguen profesionales peninsulares sin ningún conocimiento de su propia lengua.
Las escuelas ya no pueden compensar las carencias del alumnado: llega juventud que desconoce las dos lenguas oficiales. Terminan Primaria sin dominar ninguna, aunque siempre les va algo mejor con el castellano. Aterrizan en Secundaria "con grandes dificultades para hablar y escribir en catalán", indica Crespí. Y muchas veces se gradúan sin dominarlo, algo a lo que la ley obliga.
La primera Ley de educación
Aprobada en 2022 y con consenso
Fueron necesarios muchos años de trabajo hasta que en 2022 el Parlament aprobó la Ley de Educación de las Islas Baleares (LEIB). La iniciativa surgió del movimiento Menorca Edu21, ya partir de ahí directores, docentes, inspectores, sindicatos y las redes pública y concertada trabajaron conjuntamente para crear el documento Islas por un Pacto, que culminó con la firma del Pacto por la Educación en 2016.
La ley tardó seis años en aprobarse. "Fue un trabajo muy bonito, porque nos unimos todos por primera vez y dio lugar a un texto muy, muy bueno, que se desdibujó un poco durante la tramitación parlamentaria", señala Mas. Tanto ella como March coinciden: "El actual Govern la tiene aparcada en un cajón. No hace falta derogarla, simplemente no la han desplegado", lamenta el exconseller.
La ley potencia la educación 0-3 y apuesta por la autonomía de centro y la descentralización de las decisiones educativas a favor de los claustros, entre otras medidas. También recoge que el catalán es la única lengua vehicular. El gobierno del PP, con el apoyo de Vox, introducirá también al castellano sin que, en principio (y de momento), esto suponga que los centros tengan que modificar sus proyectos lingüísticos.
Movimiento educativo parado
La lucha contra el TIL generó unidad
El 29 de septiembre de 2013, más de 100.000 personas salieron a las calles de Baleares contra la política educativa del Gobierno de José Ramón Bauzá, caracterizada por los recortes y por los ataques al catalán, con el TIL como máximo exponente. Fue en la legislatura 2011-2015 cuando se generó un sentimiento de comunidad educativa: la primera vez que familias, docentes, universidad e inspectores se unieron en defensa de la escuela pública y en catalán.
Fue también el momento del nacimiento de la Asamblea de Docentes y de la huelga indefinida histórica. "Lo pasamos fatal, con 30 días de paro", recuerda Crespí, que en el 2013 dimitió en desacuerdo con el TIL y con la Ley de símbolos que impedía poner banderas en las fachadas de los centros. "El movimiento que se generó ahora no se podría repetir, a menos que volvieran a atacar la lengua como lo hicieron entonces, que tal vez los docentes nos rebelaríamos. Ya lo demostramos con la campaña 'la lengua no se toca'", avisa el director.
"Ahora las familias no detectan que haya problemas, no hay recortes y, por tanto, sería difícil que nos pusiéramos todos de acuerdo". Por lo que respecta a la Asamblea de Docentes, lamenta que ha perdido capacidad de convocatoria. "En el tiempo del TIL, se hacían asambleas en el instituto y llenábamos; ahora ya no", lamenta.
La UIB vuelve grande
Más titulaciones y en lucha por la lengua
En 25 años, la UIB ha pasado de tener entre 24 y 39 licenciaturas/diplomaturas y un doctorado en ofrecer 37 grados, seis dobles grados, 40 másteres y 26 programas de doctorado, unas cifras que evidencian el crecimiento de la universidad. "La oferta se ha diversificado mucho", explica el rector Jaume Carot, que pone el foco en una idea: si bien antes la UIB era la universidad del G9 (el grupo de universidades públicas que son únicas en sus territorios) con menos oferta, ahora ya tiene unas cuantas por detrás. El alumnado que cursa estudios oficiales ha descendido ligeramente, de 14.488 a 14.311. "Debemos tener presente la Universidad Abierta para Mayores (UOM), que entonces no existía y que actualmente tiene más de 2.000 alumnos", recuerda Carot.
Uno de los problemas que arrastra la UIB es la escasa presencia de la docencia en catalán, un tema que preocupa y ocupa al rectorado, que pronto tendrá datos sobre cuál es la situación y actuará en consecuencia para impulsar la lengua. "Antes, el personal era más autóctono. Ahora recibimos de Catalunya y de la Comunidad Valenciana, pero con la internacionalización también hemos incorporado a gente de fuera. Tenemos para ellos un programa de acogida y se les ofrece formación. Tenemos un plan e irá a más", expone Carot. Pese a la voluntad del rectorado de reforzar la lengua, el problema es la libertad de cátedra. "No se puede obligar a un profesor a impartir clases en un idioma determinado", dice.
Enfocados en la ciencia
Crecimiento exponencial de la investigación
Baleares, de la mano de la UIB, han cogido impulso en la investigación y la ciencia. Si en 2000 se publicaron 1.537 artículos en la Web of Science, 25 años después se ha alcanzado los 6.244. Entonces había 80 proyectos de investigación 'vivos' y ahora 330. Lo que también se ha disparado son los fondos conseguidos en competición con investigadores de todo el mundo, que han pasado de 2.441.403 euros a 51.762.873. "El dinero para investigación no se consigue yendo a parar la mano. Compite con gente del Estado, de Europa y del mundo. Se analiza lo que propones, pero también lo que has hecho hasta ahora. Es complicado", explica el rector.
Hay un hito histórico en este cuarto de siglo que Carot recuerda con cariño. El grupo de Relatividad y Gravitación de la UIB, liderado por la doctora Alicia Sintes y con investigadores como el doctor Sascha Husa y otros especialistas, fue el único equipo español integrado en el proyecto LIGO (un observatorio norteamericano que detecta ondulaciones del espacio-tiempo). Aportaron modelos y el análisis de datos clave para confirmar el descubrimiento de las ondas gravitacionales en 2015. El trabajo de Sintes en esta materia se remonta a 1995 con su tesis doctoral, que precisamente dirigió Carot. "Tiene un currículum impresionante", remarca él mismo.