Joan Alcover: el amigo de Maura que se pasó al catalanismo

El poeta, de quien se conmemora el centenario, fue diputado en Madrid, pero se desengañó y optó por la reivindicación de la lengua común como seña de identidad

Joan Alcover en el Congreso de Lengua Catalana de 1906
21/02/2026
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PalmaPoeta, autor del poema La Balanguera, que se convertiría en himno de Mallorca, anfitrión y animador de aquella tertulia de lujo que se reunía los domingos en su casa: Can Alcover, en Palma, con las figuras más destacadas de la cultura mallorquina de la época. Teórico del arte, hombre que sufrió la muerte de la primera esposa y cuatro de sus cinco hijos... La figura de Joan Alcover es ampliamente recordada cuando se cumplen cien años de su traspaso, el 25 de febrero de 1926. Quizás no sea tan conocida, sin embargo, su vertiente política, aquella que le llevó a ser diputada en Madrid catalanismo, con la lengua como elemento vertebrador de lo que ahora llamamos Països Catalans.

Las trayectorias de Joan Alcover y de Antoni Maura discurrieron, en buena medida, de forma paralela. Nacieron ambos en Ciudad, con un año justo de diferencia: Maura, el 2 de mayo de 1853; Alcover, el 3 de mayo de 1854 –el mismo signo astrológico, Tauro. Ambos eran de familia relativamente acomodada. Maura, hijo de un pequeño empresario; Alcover, de un alto cargo de la Audiencia. Lo suficiente para permitirse el lujo de enviar al hijo a cursar estudios superiores, ambos de Derecho, en la Península, ya que entonces se había suprimido la enseñanza universitaria en Mallorca. Aquello suponía un gasto considerable.

Fueron compañeros en las aulas del Institut Balear en Palma, donde probablemente se forjó una amistad que se prolongaría toda la vida. Morirían con sólo dos meses de diferencia –Maura, el 13 de diciembre de 1925; Alcover, en febrero siguiente. Ahora bien, Maura se fue a estudiar a Madrid. Allí fue objeto de las burlas del resto de estudiantes por su fuerte acento mallorquín, y su reacción fue adoptar el castellano como lengua, hasta el punto de llegar a director de la Real Academia Española. Alcover, en cambio, optó por Barcelona, ​​donde asistió a las tertulias del mallorquín Mariano Aguiló, un encarnizado defensor de la lengua común. Ésta tal vez sería una bifurcación esencial.

Fue ligado a aquella amistad como un joven Joan Alcover entró en las filas del Partido Liberal, ya que Maura era entonces dirigente. A sólo 25 años, fue elegido concejal de Palma, en 1879. A continuación, miembro de la Diputación Provincial –curiosamente, por Manacor–, entre 1883 y 1886.

Un poema contra Alfonso XIII

Alcover se expresaba muy bien. Su amigo Maura dijo de él que era "el primer orador de España". Entonces, lo de hablar bien era una condición importante para estar en política. No como ahora, que se expresan de cualquier manera... En 1906, sus intervenciones en el Congreso de la Lengua Catalana en Barcelona obtendrían un éxito abrumador: "Se reveló como orador, admiradísimo de todos", relataba Miquel Costa i Llobera.

En 1893, Joan Alcover llegó a la cima de su carrera política como diputado en Les Corts, en Madrid. Y ahí acabó esa trayectoria, tan prometedora. Alcover estuvo muy poco tiempo, asistió a unos cuantos llenos, no abrió la boca en aquella estancia y se volvió a Mallorca. Continuaría en el ejercicio del Derecho, hasta llegar a magistrado de la Audiencia Provincial.

¿Por qué? Muchos años después, Josep Pla –periodista, al fin y al cabo– trató de arrancarle el motivo de esa retirada, al encontrarse ambos en Palma: "Haga con el brazo un gesto como si quisiera apartar de su mirada algo repelente y me dijo hablando con lentitud: 'No vale la pena'." Por otra parte, Alcover se caracterizaba por la sinceridad y por la falta absoluta de 'figurera', y quizás éstas no fueran las cualidades más adecuadas para triunfar en política.

Juan Alcover.

Sin embargo, Alcover mantuvo la fidelidad personal hacia el amigo, que en 1902 se pasó al Partido Conservador, con el que llegaría a ser cinco veces presidente del gobierno estatal. Aún en 1913, cuando parecía que Antoni Maura se retiraría para darle el relevo a su hijo Gabriel, Alcover le ofreció su colaboración: "Con la misma resuelta voluntad que he seguido el padre, estaré al lado de los hijos".

Alcover dedicó al amigo alguno de sus poemas, como El enebro. A otro, Abigail, parece que identifica a Maura nada menos que con el rey David bíblico. En cambio, Queremos rey –señala Ignasi Moreta– es "un auténtico alegado antimonárquico": el destinatario sería Alfonso XIII, más que probablemente por su comportamiento con Maura, al que trataba de imponerle nombramientos y al que dejó caer, cuando la Semana Trágica de Barcelona concilió una animadversión casi unánime contra el entonces presidente, bajo el!

Ahora bien, una cosa era la fidelidad personal y otra el seguimiento ideológico. Hacia 1920, Alcover se sinceraba con Miquel Ferrà: "Ya habrá notado usted que de mi 'maurismo' apenas queda algún pequeño residuo", además de añadir que el propio Maura, seguramente, se lo olía. "Por eso tengo resuelto no pedirle absolutamente nada, sobre todo por mí o los míos". Era lo que todo el mundo hacía, si algún amigo llegaba a ser 'cosa'.

Contra la pena de muerte

La evolución de Joan Alcover fue, como escribió Josep Maria Llompart, "la historia de una conversión". De escribir a veces en castellano y en catalán, pasó, por opción personal, a hacerlo sólo en la lengua propia. "La lengua catalana es entre nosotros la única expresión posible del escritor", afirmaría en el congreso de Barcelona de 1906. Señaló la lengua común como seña de identidad esencial de aquellos pueblos que la hablan: es la "sangre viva de la patria". Y enfatizó la personalidad común de todos los territorios: "La voz de la sangre empieza a proclamar que todos somos unos".

Ese mismo 1906, Gaietà Alcover, hijo del poeta, llevó la bandera de Mallorca a la concentración de Solidaritat Catalana, la gran coalición que se había formado como respuesta a los ataques al supuesto separatismo de este pueblo. De un poema de Joan Alcover, La chispa, tomó su nombre en 1909 una formación mallorquina de reivindicación autonomista.

A aquellas alturas, resultaba lógico que Joan Alcover se encontrara más a gusto en la línea de la Liga Regionalista catalana que del maurismo. Se convirtió en el hombre de confianza en Mallorca de Enric Prat de la Riba, primer presidente de la Mancomunidad catalana: una entidad descentralizadora, de corta existencia. Su sucesor, Josep Puig i Cadafalch, le confió una misión delicada: reconciliar al filólogo Antoni Maria Alcover con el Institut d'Estudis Catalans, con el que había roto por su centralismo barcelonés. Sin éxito.

Parecía que Joan Alcover saltaría de contento con la colaboración de maurismo y Liga, al entrar el liguista Cambó a un gobierno presidido por el viejo amigo. Pero el antiguo liberal y ahora catalanista no acababa de verlo claro: "¿Quiere decir que Maura se acerca al catalanismo o que Cambó se desvía?", escribía a Ferrà. Ay, esa sinceridad suya...

Otros aspectos de Alcover divergen de la etiqueta de burgués conservador y cantor de paisajes que a menudo se le adjudica. En su conferencia clave, Humanización del arte, de 1904, defendía una poesía "utilitaria" en el mejor sentido: "A beneficio de los pueblos". Talmente parecía un avanzado de la llamada 'poesía social', que estallaría en el conjunto del Estado a mediados del siglo.

Antonio Maura.

Por supuesto, calificar a Alcover de feminista sería un anacronismo flagrante. Pero en su poema Fantasía es una mujer quien guía al protagonista en un viaje, una mujer empoderada, que llamaríamos hoy. El peatón es, como subraya Moreta, "un alegato tajante contra la pena de muerte". En Henoc, cuestiona la desigualdad e incluso la propiedad privada, como males de la Humanidad. Sí, quizás todavía nos queda mucho por descubrir, de Alcover. Quizás ahora, en su centenario, sea el momento.

El monumento que Alcover no quería... ¿o sí?

Bien en el centro de Ciudad, en el cabo del Born, se encuentra el monumento dedicado a Joan Alcover, rodeado de un pequeño jardín. La escultura, La Serra , título de uno de sus poemas más célebres, es obra de Esteve Monegal, y la fuente la diseñó el destacado arquitecto –y político autonomista– Guillem Forteza. Hace unos días que se han culminado los trabajos de restauración de este conjunto, por parte del Ayuntamiento de Palma.

Alcover todavía estaba vivo cuando, hacia el otoño de 1920, a iniciativa de un grupo de jóvenes poetas, el Consistorio de Ciudad decidió levantarle un monumento. Con esa voluntad de pasar desapercibido que le caracterizaba, el poeta, que se había enterado por la prensa, manifestó su total oposición.

Según Antoni Comas, ese proyecto fue una de las causas de la ruptura con el otro Alcover, Antoni Maria, que había sido un asistente habitual en las tertulias en su casa. Mosén Alcover era un pedazo de pan, pero con un genio demasiado vivo, y calificó al poeta de "maurista reconsagrado", "con un pie en el partido liberal", "catalanista sui generis " y "escolanet de la Liga [Regionalista catalana]".

¿De verdad no le quería, Joan Alcover, ese monumento? En Humanización del arte había señalado: "Si yo tuviera la doble suerte de ser un hombre ilustre y asistir a mi inmortalidad y me dieran a elegir el monumento, yo diría: que sea un lugar de habitación humana (...) que al menos brote una fuente pública y las vecinas al atardecer conversen mientras el chorro del ángulo". El monumento actual se parece bastante a ese ensueño: un pequeño oasis de paz en un centro de Ciudad estibado de visitantes arriba y abajo.

Del respeto y admiración en torno a Alcover es buena prueba de que este monumento se sufragase por suscripción popular. Claro que, como ésta es la isla de la calma, la cosa se fue retrasando, y no fue hasta ocho años más tarde, en marzo de 1928, cuando se iniciaron sus obras. Con estas sí se hizo vía, porque se inauguró ese mismo año. Entonces, Alcover ya estaba muerto y no pudo ver cumplida su fantasía.

Al llegar el franquismo, en la dedicatoria al poeta en el pedestal de la estatua, se sustituyó el nombre de fuentes, 'Joan', por 'Juan' –¡en castellano! ¡Qué estamos en España! Actualmente, figura con la expresión original: "A Joan Alcover" y las fechas de su nacimiento y su muerte.

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Información elaborada a partir de textos de María Antònia Perelló, Josep Pla, Antoni Comas, Ignacio Moreta, Josep Maria Llompart, Mª Magdalena Brotons, Miguel Ángel Casasnovas, Màrius Verdaguer y José Manuel Cuenca.

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