La implantación de la escuela en catalán: "Había docentes que no querían oír ni hablar"
La Transición democrática significó también una revolución educativa, con la introducción de la coeducación
PalmaDurante los últimos años del franquismo y, sobre todo, durante la Transición, las escuelas de Baleares se convirtieron en uno de los principales escenarios del cambio social. La implantación de la escuela en catalán, la coeducación y la modernización de los centros sacudieron un sistema educativo anclado en el pasado y pusieron a prueba a maestros, familias y alumnos.
Joan Montserrat, jefe de estudios del CEIP Padre Bartomeu Pou de Algaida durante dos décadas, recuerda las dificultades iniciales: "Cuando intentamos implantar la educación en catalán hubo tira y afloja. Junto al director, Gabriel Vich, también luchamos mucho, pero luchamos mucho. tema, se levantaban y partían. No querían ni oír hablar de ello.
Aprender catalán, explica, no fue sólo cuestión de voluntad, sino que también requería tiempo: "Nos encontramos con el problema de que los maestros no sabíamos ni letra. Leer, sí, pero escribir no. Tuvimos que hacer cursos de reciclaje muy duros. No era poca cosa. Y, poco a poco, con apoyo de otros compañeros, conseguimos company".
La resistencia no se limitaba a la lengua. Los maestros de Padre Bartomeu Pou tuvieron que hacer frente a situaciones inesperadas e incluso peligrosas, como una crisis ecológica provocada por los pinos que rodeaban la escuela: "Casi nos mataron cuando los talamos. Nos enviaban cartas y salimos a los periódicos. sobre todo en la cintura, porque hacían ampollas espantosas. No había manera de controlarlo y fue terrible.
La modernización educativa también implicaba ajustar horarios y servicios. La creación del comedor escolar fue otro frente de debate: "Hubo resistencia con la construcción del comedor, porque rompía la estética de la escuela, del tiempo de la República. Es cierto que la rompía, pero era imprescindible: nos vendía gente de Randa y Pina y, en ese momento, la jornada era partida. ¿Qué tenían que hacer estos chicos en la".
Desmontar los roles
Y después existía la necesidad de implantar la coeducación, una idea revolucionaria para la época. Montserrat recuerda la dificultad de romper con roles de género muy arraigados: "No hay nada más conservador que la educación. Debería ser progresista y, en cambio, es muy conservadora. Cuando se intentó que niños y niñas fueran iguales –que todos tenían que hacer lo mismo, como compartir el aula– tuve problemas. muy fuerte. Así, permití que las muñecas jugaran a fútbol y debatí mucho con padres de niños que consideraban que les daba una educación extraña, porque los roles de género estaban muy arraigados y no entendían los cambios que yo hacía".
La convivencia se construyó paso a paso. "Inicialmente sólo daba clase a niños, y cuando también me tocaron muñecas tuve una crisis. Al principio no sabíamos cómo eran ni cómo se comportaban. Niños y muñecas se mezclaron en el aula, pero unos a un lado y otros a otro. Me hubiera gustado que se sentaran juntos, pero dejé que lo hicieran como lo hicieran.
Aquellos años de lucha y perseverancia marcaron un antes y un después en la educación en Baleares. La implantación del catalán, la coeducación y las nuevas medidas pedagógicas no sólo transformaron las escuelas, sino que crearon las bases de un sistema educativo más inclusivo, moderno y respetuoso con la identidad y necesidades de los niños. La memoria de los maestros que vivieron esta etapa evidencia la tenacidad y la pasión necesaria para hacer realidad una escuela que hoy consideramos normal, pero que en su momento fue revolucionaria.