Pere Carrió, exinspector de Educación: "La mejor ley educativa que se ha hecho en España es la de 1970"

El experto repasa su experiencia como alumno del franquismo y maestro de la Transición y explica la evolución del aprendizaje en el último siglo

Pere Carrió, exinspector de educación y escritor.
21/02/2026
4 min

PalmaCuando Pere Carrió (Palma, 1946) habla de educación, no lo hace desde la teoría ni desde los libros de historia, sino desde la memoria vivida. Su trayectoria –primero, como alumno durante el franquismo; después, como maestro en los años de la Transición y la democracia y, más adelante, como inspector y presidente del Consejo Escolar de las Illes Balears— permite seguir, casi en primera persona, la evolución del sistema educativo español desde la dictadura hasta la fecha.

Recuerda su infancia con claridad meridiana. Entre los seis y los diez años acudió al CEIP Padre Bartomeu Pou, "una escuela estructurada en tres grados", siempre con el mismo maestro, el señor Santiago Monforte, un hombre mayor y republicano que el franquismo depuró. El ambiente era directivo y autoritario, marcado por la memorización: "Era lo de la letra con sangre entra. No se enseñaban idiomas, sólo cuatro reglas y cuatro contenidos". Empleaban con enciclopedias escolares como las de Álvarez o Santiago Rodríguez, manuales que concentraban toda la información necesaria, pero "siempre desde una perspectiva muy concreta y rígida". Sin embargo, Carrió guarda un buen recuerdo: "Yo me encontré bien. Aún recuerdo a los amigos".

La religión desempeñaba un papel central. En los primeros cursos, su impartición era poco estructurada: "Era un anecdotario religioso en toda regla", explica. En el instituto, la presencia se formalizaba más: "Se hacía a través del cura del pueblo". Por lo que respecta a la política, el control era sutil, pero constante. En su caso, como Monforte era republicano, la presión "no se notaba mucho", pero en la escuela "se ponían efemérides y consignas positivas hacia José Antonio Primo de Rivera y Franco". Esta influencia se consolidaba con asignaturas como Formación del Espíritu Nacional, "presente en todos los cursos y con un componente religioso marcado". Sin embargo, Carrió no formó parte de las organizaciones juveniles oficiales: "Mi padre no me enviaba y yo no entré".

La Ley Moyano, vigente desde 1857 —la más longeva de la historia española—, todavía regulaba el sistema educativo. "Se mantuvo hasta 1970, cuando llegó la Ley general de educación. Durante ese periodo, salvo el tiempo de la República, no cambió mucho", explica. Los contenidos se fijaban a través de los cuestionarios nacionales, que dictaban cómo debía enseñarse cada materia. Los libros de texto "tenían una orientación claramente franquista", y se vigilaba especialmente la formación de los maestros: "Porque así se podía controlar la escuela". Todo debía hacerse en castellano.

De la república a la dictadura

Carrió habla con admiración de la mirada más abierta de la Segunda República. Aunque formalmente seguía vigente la Moyano, "la educación nacía del ideario progresista de los intelectuales de la época". Se implantaron ideas como la coeducación y se promovía una escuela más flexible, con métodos activos como la metodología Freinet. Los maestros tenían libertad para formarse y viajar, y el contacto con prácticas europeas era esencial: "Era una forma de entender mucho más abierta. Si la vertiente educativa de la Constitución republicana se hubiera aplicado, habría sido revolucionaria en todo el mundo".

Sobre el papel del alumno durante el franquismo, es tajante: "No te planteabas el espíritu crítico. Nadie se planteaba la crítica a nada, ni dentro ni fuera de la escuela". Sin embargo, según su experiencia, la relación con el maestro podía ser cercana: "Éramos pocos alumnos y el maestro nos conocía bien". Los castigos físicos eran habituales: "A los niños nos pegaban ya las muñecas las pellizcaban". En 1965 se prohibieron y poco a poco desaparecieron. En aquellos años, el respeto y el miedo coexistían: "El profesor era una autoridad que imponía respeto. Si ibas a casa y decías que el maestro te había pegado, a menudo te la devolvían. La sociedad era así".

La Ley general de Educación de 1970 marcó un antes y un después. "Es la mejor ley que se ha hecho hasta ahora y la que más cambios ha hecho, seguida de la LOGSE", defiende. Su aplicación transformó la escuela: "Aparece la EGB, el BUP y el COU. Era una escuela más activa, sin castigos físicos, con comentarios de texto y redacciones creativas. Cada área tenía su libro y nada tenía que ver con el sistema anterior". A pesar del optimismo inicial, algunas reformas no se desplegaron por falta de recursos.

Vorágine legislativa

Con la LOGSE, en los años noventa, se configura la estructura educativa todavía vigente: Primaria, Secundaria y Bachillerato. Le siguieron la LOCE (que no se llegó a aplicar), la LOE, la LOMCE y la LOMLOE. Cinco normativas en treinta años, cuatro de las cuales se han aprobado entre 2002 y 2020. "Se ha abusado de los cambios. Ahora programaciones de una manera, ahora proyectos educativos, ahora se levantan, ahora se vuelven a poner... Las políticas educativas necesitan tiempo para que se asienten y se vean los resultados". Sin embargo, reconoce avances, especialmente en la atención al alumnado con necesidades educativas: "Se ha mejorado mucho, pero todavía no se ha encontrado la solución definitiva". Ahora bien, existen dos talones de Aquiles: el abandono y el fracaso escolar. "Hace treinta años que los gobiernos se empeñan en ello, y venga cambios. Pero no lo han resuelto".

Carrió describe también la misma transición de alumno a maestro, ya en democracia: "Pasé por todo el sistema educativo mientras cambiaba. En los años 70 todavía no había democracia, pero ya se respiraba". Las escuelas de verano para maestros fueron determinantes: "La primera se hizo en Lluís Vives en 1968. Nos reuníamos con profesores vinculados a Rosa Sensat, que habían vivido la filosofía republicana y nos explicaban las teorías educativas modernas". Este aprendizaje se mantuvo hasta los años 2000 y dejó una huella profunda en la forma de entender la educación.

Con esta mirada, Carrió construye un relato vivo de la historia educativa española: un viaje desde las aulas estrictas y adoctrinadoras del franquismo hasta la escuela democrática y creativa. Todo explicado por alguien que ha sido alumno y maestro: guionista y actor a la vez.

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