Oliver, Franc y Salvatierra, 'Los miserables', de Miquel Mas Fiol.
02/05/2026
2 min

PalmaTomar los clásicos y a partir de ahí contar lo que quieres contar ha sido el truco argumental con el que Miquel Mas Fiol ha montado esta Trilogía de la Condición 'Millennial'. El autor y director no se ha andado con chiquitas. La primera víctima fue Voltaire; la segunda, Goethe, y la tercera, Victor Hugo. Cándido o el optimismo, Las penasdel joven Werther y esta última, Los miserables, han sido el MacGuffin para que el autor lance su discurso, basado en pasarlo bien sin dejar ni un pelo sobre los hombros de nadie. Ni una caña en pie, sin excepciones. La primera, la suya, desde antes de empezar la función, con dos de los protagonistas lanzando invectivas contra el autor. Desde abusador hasta explotador… mientras la gente entraba al recinto. Esta es su licencia, el salvoconducto que le permite zurrar sin piedad, a tort y a derecho, fuera de líneas rojas.

Comienza como si de una función musical de Los miserables se tratara, con un único protagonista para todos los papeles, con un Gerard Franch haciendo de Valjean, de Javert, de Fantine, de Cosette, una exhibición de versatilidad, ya bastante divertida, hasta que entran en escena los revolucionarios. Y aquí comienza la función, que no deja de ser una parodia y soflama muy miquelmasfiol. Sello propio.

Provocación metateatral sin un rumbo concreto. La narración va dando vueltas como una brújula irada, delirante, hacia todos los puntos cardinales. Reciben los políticos, los literatos, el teatro, los eruditos, las clases privilegiadas, las medias y los revolucionarios, porque Los miserables también tienen su ración de cuentista. ¿Y el público? El público también, interactuando, de motu proprio o con la complicidad de los tres protagonistas: el mencionado Gerard Franch, el nuevo, el que aún no había sufrido la sevicia del autor-director, Lluís Oliver y Mel Salvatierra, que ya sabían de qué hablaban, porque habían sido los protagonistas del Cándido y del Werther. Todo bien atado en esta nueva criatura de MMF, en la que lo único que no puede controlar es la duración, siempre en función de lo bien que se lo pasen el público y los protagonistas. Duró casi dos horas en la representación que tuvo lugar en el Teatre del Mar como guinda teatral en la fiesta de clausura del Festival de la Paraula de Produccions de Ferro, que, por otra parte, recibió el premio de la Associació d’Espectadors del Teatre del Mar por su espectáculo El arquitecto, de Pep Ramon Cerdà. Fiesta mayor, diversiones, galardones y confesiones. Toni Gomila dijo que Iguana y Produccions de Ferro celebran.

PS - En el Teatre Lliure pudieron ver la trilogía entera y seguida. No estaría mal poder verla así aquí.

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