PalmaPoco a poco, sin mucho ruido, la cocina tradicional de las Islas Baleares se va apagando. No lo hace por una sola causa ni de un día para otro, sino a consecuencia de un cambio profundo en la forma de vivir, de comer y de relacionarnos con el tiempo. La globalización, la cultura de la inmediatez y una alimentación basada en la rapidez han ido desplazando a una cocina que requiere fuego lento, paciencia y transmisión oral. Esto ha provocado la desaparición de parte del vocabulario culinario y del patrimonio lingüístico que durante siglos ha definido la identidad cultural de Baleares. Palabras que antes circulaban con naturalidad en las cocinas de las Islas, son cada vez más desconocidas entre las nuevas generaciones, un reflejo de cómo la desaparición de los platos tradicionales se acompaña de la pérdida de lengua y conocimiento cultural.
José Maria Natta, doctor en Química y presidente de los periodistas gastronómicos de las Islas Baleares, alerta de que "las nuevas generaciones no saben ni lo básico de cocina, ni mucho menos del vocabulario gastronómico tradicional de Baleares" y que, en general, "no les gusta la gastronomía ni les interesa aprender". Según Natta, los jóvenes sólo conocen "cosas globalizadas, marcas internacionales y recetas extranjeras". "De la cocina y el vocabulario gastronómico de aquí no saben nada", remarca, lo que tiene consecuencias directas en la transmisión de conocimientos culinarios y culturales. Como ejemplo, añade que actualmente "todo el mundo conoce el ramen y quiere comer, pero casi ningún joven sabe que son las burballes". Así, remarca que "la cocina y el vocabulario gastronómico tienen muy mala herida; esto pinta muy mal".
Hoy, cada vez es más habitual que las comidas se resuelvan con platos preparados, pedidos a domicilio o recetas simplificadas que se alejan de las elaboraciones que durante generaciones han definido la despensa de las Islas. La cocina de antes —la que pedía paciencia, planificación y conocimiento— cede terreno frente a una lógica que prioriza la velocidad y la comodidad por encima del gusto, la calidad y el sentido comunitario de la comida.
Nicolau Dolç, filólogo, recuerda que "cuando las actividades desaparecen, en este caso las recetas y el tipo de cocina, también desaparece el vocabulario especializado". Dulce remarca que este proceso es habitual durante la historia, pero explica que "esta pérdida de patrimonio lingüístico tradicional viene marcado por la modernización, no por el cambio social, ya que ahora se sustituye por anglicismos y palabras del castellano". Según afirma, "modernización no sólo viene de moderno, también viene de moda, y ahora la moda es la homogeneización y ser todos iguales dentro de un mundo global. Por eso ahora se vive una tendencia donde palabras en otros idiomas acaban sustituyendo términos tradicionales e históricos de la lengua catalana".
En este sentido, añade que el verdadero problema aparece cuando la palabra que sustituye a la palabra tradicional ya en desuso se reemplaza por uno de otra lengua: "aquí es donde se pierde riqueza y patrimonio lingüístico". el vocabulario ha sido dinámico y han ido apareciendo y desapareciendo palabras y conceptos, pero hasta ahora eran sustituidos por palabras en catalán, actualmente ya no siempre es así", sentencia.
De esta manera, el cambio en los hábitos gastronómicos de las nuevas generaciones, no sólo tiene consecuencias culinarias. También afecta a un patrimonio menos visible pero igualmente frágil: la lengua. se han mantenido vivas dentro de las cocinas, alrededor de una grasón o una mesa familiar. Cuando los platos desaparecen, también lo hacen las palabras que les explican. la capacidad de describir procesos que son propiamente identitarios. la cocina tradicional balear no es sólo la pérdida de unos platos. Es también la pérdida de una forma de charlar, de decir y de entender el mundo. Un patrimonio que no figura en las cartas de los restaurantes ni en los libros de texto, pero que ha construido, durante siglos, la identidad cotidiana de las Islas. Y que hoy, silenciosamente, se va apagando, plato a plato, palabra a palabra.
Glosario de la cocina tradicional de Baleares
Aigualizar
Añadir demasiada agua a un plato, generalmente como defecto.
Caldera
Recipiente grueso de metal para hervir grandes cantidades, especialmente empleado durante las matanzas.
Confitar
Cocer un alimento muy despacio en aceite o grasa, sin llegar a freírlo.
Ensartar
Pasar embutidos, piezas de carne y verduras por un cordel para colgarlos.
Dorar
Dar color dorado a un alimento.
Escaldar
Dar un hervor rápido a un alimento para ablandarlo o limpiarlo.
Esponjar
Hacer que una masa o preparación tome aire.
Ablandado
Un producto, como el arroz, demasiado cocido hasta perder consistencia.
Hervir dos aguas
Escaldar un alimento cambiando el agua para quitar olores (col, bacalao, etc.).
Engrasar
Untar un molde o superficie con aceite o manteca.
Greixonera
Recipiente de barro, ancho y bajo, empleado para cocinar tanto platos salados como dulces.
Lata
Bandeja metálica para hornear tortas, ensaimadas o platos de horno.
Ligar
Hacer que una salsa tenga una consistencia homogénea.
Mortero
Útil para picar ajos, hierbas, especias o preparar picaduras.
Ahogar
Cocer un alimento tapado, con poca grasa y su propio jugo, sin que tome color excesivo.
Olla de maceta
Olla de barro para cocinar a fuego lento, especialmente legumbres y aguiados.
Amasar
Trabajar una masa con las manos hasta quedar homogénea y elástica.
Enfriar en el aire
Dejar reposar un plato fuera del fuego para que coja cuerpo o se asiente.
Retostar
Tostar ligeramente, sin llegar a quemar, para intensificar el gusto.
Sedás
Tamiz o colador fino para pasar harina, azúcar o basura y eliminar botones o impurezas.