PalmaSe llamaron Aulas de Poesía, Teatro y Novela, en tres años sucesivos: 1966, 1967 y 1968. Eran ciclos de conferencias de periodicidad semanal que se hacían en Palma, con la participación de personalidades de primera fila, tanto de Mallorca como del exterior. Y lo cierto es que fueron lugares de encuentro de la oposición al franquismo, hasta el punto de cerrarse alguna de esas actividades con detenciones policiales. Recordamos, sesenta años más tarde, esa manifestación de carácter cultural pero también de resistencia a la dictadura.
El alma de aquella rebelión en las aulas fue el añorado Jaume Adrover: dedicado profesionalmente a la distribución de libros, compaginó la pasión por el teatro con un antifranquismo irreductible que le ocasionó serios problemas personales. Ya en democracia, sería el promotor y director del Festival Internacional de Teatro, organizado por el Ayuntamiento de Palma a lo largo de sus diez años de trayectoria, de 1981 a 1990.
Otros personajes destacados de la cultura mallorquina de la época, como Bienvenido Álvarez Novoa, Jaume Vidal con él en la organización. La generosidad y la entrega de Adrover a esta labor eran tales que, según el escritor Miquel López Crespí –entonces un joven zurdo–, el propio Adrover pagaba los viajes de los invitados que llegaban del exterior y también iba personalmente a buscarlos en el aeropuerto. También algunos artistas aportaron sus obras como fuente de ingresos. Y la Obra Cultural Balear, recién fundada entonces (1962), también añadió dinero.
Como recoge Antoni Serra en sus memorias, el régimen franquista consideraba la cultura como "una actividad altamente sospechosa". Los informes policiales utilizaban expresiones como "sus ideas son contrarias al régimen y además acude, con asiduidad, a conferencias" –¿Adónde hemos ido a parar! En los antecedentes de Serra y de Llompart, consignados por orden del ultraderechista gobernador civil Carlos De Meer, constan, como manchas imborrables, haber participado en aquellas actividades, "de matiz catalanoseparatista".
Antigua sede de la Casa Catalana de Palma, en la esquina de la av. del Conde de Sallent con la calle de Ramon Berenguer III. Ismael Velázquez
Aranguran en el club Bitàcora
Las Aulas se llevaron a cabo en dos espacios de Palma, hoy desaparecidos: en la galería Grifé y Escoda (Jaime III), la de Poesía (1966), y en la entonces sede de la Casa Catalana (avenidas), las dos siguientes: Teatro (1967) y Novela (1968). El listado de personalidades que pasaron es deslumbrante. Entre los mallorquines, además de los ya citados, Baltasar Porcel, Gregorio Mir, Encarnación Viñas, Joan Bonet, Andreu Ferret y Gabriel Janer Manila. Del ámbito de lengua catalana, Pere Calders, Ricardo Salvat, Manuel de Pedrolo, Maria Aurèlia Capmany, Carlos Barral y Francesc Candel. Y más allá, José Monleón, Alfonso Sastre, Julio Cortázar, José Manuel Caballero Bonald, Antonio Buero Vallejo y Antonio Gala. En su práctica totalidad, personajes sospechosos para la dictadura.
El ensayo general de las Aulas fueron las actividades que Jaume Adrover llevó a cabo en el Círculo Medina de Ciudad. Era la tapadera perfecta, porque le llevaba la Sección Femenina, la organización de mujeres del partido único de la dictadura, el Movimiento. Aquí ya se realizaron conferencias de Alfonso Sastre, José María Rodríguez Méndez y José Monleón. El propio Adrover dirigió en 1964 Esperando a Godot, de Samuel Beckett. Era la primera vez que se ponía en escena en Mallorca y, además, con todos los papeles interpretados por mujeres, teóricamente falangistas.
El Aula de Poesía en la galería Grifè y Escoda (1966) se hizo aparentemente sin obstáculos. Lo de la poesía les debió de sonar, a los represores franquistas, a olivos y pajaritos. Es decir: inofensivo. Con el teatro, al año siguiente, ya fue otra cosa –además, en un local como la Casa Catalana, con ese gentilicio. López Crespí reconoce que los asistentes iban "un poco asustados": se colaban policías de paisano entre el público, el más significado de los cuales un conocido como El Bigotes.
Las dos últimas conferencias del Aula de Teatro, programadas por día 16 y día 23 de mayo de 1967, a cargo de Joan Oliver 'Pere Quart' y José Luis López Aranguren, respectivamente, no se pudieron hacer según lo previsto. Poco antes de que Oliver iniciara su intervención, se anunció que se suspendía por orden gubernativa. Así tuvo que comunicarlo Josep Maria Llompart al público. Entonces, ante ese abuso, los asistentes empezaron a aplaudir al conferenciante. Y aplaudieron. Y aplaudieron. Aquello no detenía y los policías se pusieron muy nerviosos. El Bigotes les conminó: "¡Dosalojen la sala!". Pero siguieron aplaudiendo, hasta que se cansaron. Una escena digna de portada en el cine.
Entonces comprendieron que la conferencia de Aranguren no podía llevarse a cabo. Pero Jaume Adrover decidió que se haría de todos modos. Eso sí, de forma clandestina. Los asistentes fueron invitados en secreto a un local de ocio, la Bitàcora, en lo más alto del hotel Jaume I de Palma. Su propietario era el democristiano menorquín Joan Casals, quien había sido condenado a destierro por su participación en el 'contubernio de Munich' (1962) –así se lo dijo el régimen–, un encuentro de los opositores al franquismo en esa ciudad alemana.
En la Bitàcora, un espacio más para ligar que para otra cosa, pronunció el filósofo la charla Teatro y sociedad, a la que no se cortó un pelo al lanzar dardos verbales contra el franquismo y contra todas las dictaduras. Al finalizar, dos jóvenes con afición a lo de escribir se acercaron y le plantearon toda casta de preguntas. Nombraban a Jaume Pomar y Gabriel Janer Manila.
La noche en el calabozo de Serra y Llompart
En 1968 llegó el tercer (y último) ciclo. Esta vez fue el turno de la novela. Entonces era claro para las autoridades que las Aulas eran un verdadero nido de rojos. El partido comunista, entonces la fuerza más activa y mejor organizada de la oposición ilegal, se interesó por ellas desde el primer momento. Dos militantes destacadas, Francesca Bosch y Maria Quiñonero, fueron comisionadas por la dirección para asistir y establecer contacto con los asistentes. Y tuvieron un cierto papel. Cuenta David Ginard que, cuando la conferencia de Joan Oliver fue prohibida, Quiñonero dio un abrazo a Pere Quart como muestra de solidaridad, mientras que Bosch se ofreció a leer ella la conferencia. Aquello no era viable, pero a Llompart le gustó su gesto.
La tormenta estalló el 21 de mayo de 1968, cuando le correspondía a Antoni Serra hablar de Novelistas frustrados. Esa misma mañana, en la redacción del diario Última Hora, donde trabajaba, le avisaron: alguien quería "hacerle la puñeta" –un provocador–, porque querían "poner fin a las Aulas". La misma advertencia que le hizo ese mediodía, en la Granja Reus, el escultor Miquel Morell.
Los peores presagios se hicieron realidad. En efecto, apenas había empezado a hablar Serra cuando el provocador le interrumpió: "Mentira, esto es mentira", seguido del desafío "Capitán araña, que te escondes tras la barba", aquella tan característica del escritor. Aquello era alteración del orden público –muy grave entonces–, por lo que la Policía suspendió de inmediato la conferencia.
Por supuesto, las fuerzas de orden no detuvieron al provocador sino a Serra mismo ya algunos de los asistentes. Cinco mujeres fueron conducidas a un vehículo policial, entre ellas Francesca Bosch, la escritora Antònia Vicens, Lieta López (mujer de Jaume Adrover) y la filóloga Aina Montaner. Pero el jefe policial dio orden de que las soltaran: represores, sí, pero caballeros –ahora llamaríamos machistas. En su lugar, fueron detenidos cinco hombres: el artista Miquel Àngel Femenías; los profesores Emili Gené y Antoni Figuera; el futuro concejal de Cort Ginés Quiñonero, y Josep Maria Llompart.
Los seis pasaron aquella noche en el calabozo: Quiñonero, Serra y Llompart, a quien correspondió compartir celda, jugando a raya, para matar el tiempo, utilizando una raya del suelo y unas pocas monedas que no les habían incautado. Desde el exterior, les hicieron llegar bocadillos y tabaco. Al ser trasladados al día siguiente a disposición judicial, fueron puestos en libertad. No en vano, el juez era el opositor al franquismo Ángel López –tuvo serios problemas con el régimen– y el fiscal Miquel Miravet, que militaba en el partido comunista –obviamente, en la clandestinidad.
Según López Crespí, no sólo la prensa mallorquina se hizo eco de aquella detención, sino también la de ámbito estatal e incluso la BBC, Radio España Independiente (La Pirenaica), Radio Moscú y la revista argentina Pronósticos. Las muestras de solidaridad se extendieron por muchos ámbitos. Personalidades del momento como Francesc Candel, Alfons Carles Comín y Xavier Fàbregas firmaron una carta colectiva en la que pedían que la causa fuera sobreseída y que las conferencias se pudieran reanudar. Ciertamente, si el régimen pretendía que no se hablara más de las Aulas, había conseguido exactamente lo contrario.
Las Aulas según Mesquida, Vidal Alcover y Janer Manila
De aquellas Aulas de Poesía, Teatro y Novela de 1966 a 1968 ha escrito Biel Mesquida que fueron "lucernillos azules dentro de la negrura dictatorial". Representaban, según Jaume Vidal Alcover –uno de sus impulsores–, "una conciencia política, desconocida hasta entonces en nuestro pequeño mundo mallorquín (...) Esta toma de conciencia política –que las Aulas sirvieron tan eficazmente– no era, evidentemente, exclusiva de Mallorca; sólo que, acaso, llegaba con un cierto, no mucho,".
"Nunca podré agradecer sobradamente", afirma Gabriel Janer Manila, "lo que me aportaron: la experiencia de una literatura inquietante y crítica, provocadora, enérgica". Las Aulas, asegura el autor mallorquín, "tuvieron el valor de vencer la cobardía que imponía el régimen y despertar la conciencia crítica de muchos hombres y mujeres jóvenes. Podría decir que tuvieron un papel de agitación política, que aglutinaron las inquietudes democráticas y la lucha por la libertad en un tiempo miserable".
Información elaborada a partir de textos de David Ginard, Miguel López Crespí, María Magdalena Alomar Vanrell, Antonio Janer Torrens y Miguel Vidal Bosch y José María Gago González, las memorias de Antoni Serra y Gabriel Janer Manila, la revista Lucas, Diario de Mallorca, el colectivo Fotos Antiguas de Mallorca (FAM), la Gran Enciclopedia de Mallorca (GEM) y una entrevista de Llorenç Capellà con Jaume Adrover en Última Hora.