Los nuevos pozos autorizados equivalen a un Gorg Blau
Entre el 2023 y el 2026, el Gobierno ha permitido extraer anualmente más de 5 millones de m3, a pesar de tener el 65% de los acuíferos en mal estado
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PalmaEl Govern ha autorizado, durante los últimos cuatro años, nuevos aprovechamientos de agua subterránea en Mallorca con un volumen máximo anual acumulado de 5,2 millones de m3, el equivalente a toda el agua que contiene, de media, el Gorg Blau. En otras palabras, entre el 2023 y el 2026 se ha dado permiso para extraer cada año de los dañados acuíferos mallorquines una cantidad tan grande como el principal embalse de la sierra de Tramuntana.
La comparación la hace el mismo director general de Recursos Hídricos, Joan Calafat, que resume la magnitud de las autorizaciones con una afirmación contundente: “Un Gorg Blau cada legislatura. Cada cuatro años más o menos se autoriza extraer un Gorg Blau más”. Todo ello en un Archipiélago donde, según los últimos datos oficiales que ha podido consultar el ARA Balears, 57 de las 87 masas de agua subterránea se encuentran en mal estado.
El Govern, según una respuesta parlamentaria a la diputada de MÉS Maria Ramon, ha resuelto favorablemente 2.160 nuevos aprovechamientos de agua subterránea entre el 2023 y el 2026, que suman un volumen máximo anual autorizado de 5.197.906 m3. El 2023 fue el año con más expedientes, con 829 autorizaciones y 1.892.316 m3 anuales; el 2024 se resolvieron 376, para 780.521 m3; el 2025, 483, para 979.637 m3; y el 2026, con el año todavía por terminar, 472 expedientes que suman 1.545.432 m3 anuales. Estas cantidades corresponden a los volúmenes máximos anuales consignados en los expedientes resueltos, no al agua efectivamente extraída.
“No lo ha arreglado nadie”
Más allá del volumen autorizado, la cuestión es qué control ejerce la Administración sobre las captaciones subterráneas. Calafat reconoce que las bases de datos de Recursos Hídricos arrastran deficiencias que dificultan conocer y supervisar adecuadamente los aprovechamientos. “Las bases de datos no son buenas. Se van autorizando pozos, y en realidad no podemos disponer de la información real de las extracciones, y esto no lo ha arreglado nadie”, admite.
Según el director general, en las Baleares hay unos 60.000 aprovechamientos subterráneos, una cifra que compara con la de toda la cuenca del Guadalquivir. El problema no es solo la cantidad de captaciones, sino la información disponible sobre su funcionamiento.
“La Administración no tiene ninguna herramienta para que el usuario comunique la lectura, una vez al año, del pozo, como establece la normativa”, explica Calafat. También reconoce que el seguimiento de determinadas obligaciones de los titulares, como la entrega de memorias de explotación, es insuficiente. El responsable autonómico señala que no siempre resulta posible “denegar autorizaciones si los solicitantes cumplen los requisitos establecidos”, un hecho que contrasta con la lamentable situación de los acuíferos. Por este motivo, las entidades conservacionistas piden “una revisión urgente de la normativa, especialmente del Plan hidrológico, con criterios restrictivos, porque ahora mismo esto es el Far West”, critica con dureza Juan Calvo, de la Alianza por el Agua.
Entre 2023 y 2026 se han iniciado 67 expedientes sancionadores por esta irregularidad en el conjunto de las Baleares, 17 de los cuales en Mallorca. El Gobierno comunica sanciones por un importe global superior al millón de euros, pero no detalla cuántas son firmes ni qué cantidad se ha cobrado efectivamente.
La situación de los acuíferos, con el 65% afectado por salinización o nitratos, es especialmente grave en el levante y en el mediodía de Mallorca, donde las diez masas identificadas por la entidad están deterioradas. También hay problemas importantes en el interior y en las masas que abastecen el área de Palma.
Además, las extracciones estimadas en Mallorca el año 2023 llegaron a 143,77 millones de m3, cuando el Plan hidrológico asigna 132,54 millones. Esto supone 11,23 millones de m3 por encima de la asignación, un 8,5% más. 34 de las 64 masas de la isla superan los volúmenes que tienen asignados.
El Pont d’Inca, la Vileta y Penyaflor, tres masas que abastecen el área de Palma, concentran casi la mitad de este exceso, según los cálculos de la Alianza por el Agua.
Y mientras tanto, Palma continúa con sus planes de crecimiento desproporcionado, con más de 12.000 pisos en trámite sin que haya suficiente agua, como ha denunciado el GOB Mallorca con requerimientos al Consistorio y a Recursos Hídricos: “Hemos presentado escritos porque el Plan de gestión del agua de Emaya no es otra cosa que una estrategia para justificar unos incrementos urbanísticos que no puede soportar ahora mismo el abastecimiento de agua de la ciudad”, lamenta el presidente Joan Moranta.
Reclaman más control
Ante estos datos, la Alianza por el Agua reclama ampliar las restricciones a las nuevas captaciones. La entidad recuerda que el Plan hidrológico prohíbe determinadas autorizaciones en 13 masas de Mallorca, pero que hay 20 en mal estado cuantitativo.
Su propuesta es aplicar las restricciones también a las masas que sufren una extracción superior al 80% del recurso disponible. La organización también reclama una supervisión real de los aprovechamientos existentes. Defiende contadores en todos los pozos y lecturas periódicas que permitan saber cuánta agua se extrae efectivamente, en lugar de depender de registros incompletos o estimaciones.
En cuanto al abastecimiento urbano, Alianza propone sustituir las extracciones subterráneas por agua desalada donde sea posible, especialmente en las masas que abastecen a Palma, que figuran entre las que superan más las asignaciones del plan.
Calafat coincide en la necesidad de reducir la presión sobre las reservas subterráneas. “La desalación no es un instrumento para consumir más, sino para recuperar los acuíferos”, defiende. Piensa que el camino hacia la sostenibilidad requiere “más infraestructuras, pero también más eficiencia, más reutilización y más protección de los recursos naturales”.
El director general también reclama cambios en el sector turístico. Hace poco, en un encuentro con importantes representantes del sector, les reprochó su obsesión por el lujo a base de consumir agua: “Este modelo de lujo basado en más agua no puede ser”, advierte. Según Calafat, el turismo genera un tercio del consumo, pero concentra una parte especialmente importante de la demanda en los momentos y territorios con mayor tensión hídrica, por lo que debe contribuir a reducir la demanda.
Menorca entra en el modelo balear
Menorca, que hasta hace unos años presentaba una situación hídrica comparativamente más favorable, está incorporando progresivamente los “males del modelo balear”, según advierte el GOB Menorca. La entidad alerta de las consecuencias que el aumento de la presión turística y urbanística tiene sobre unas reservas subterráneas que cada vez muestran más dificultades para recuperarse.
Los datos que facilita Miquel Camps, portavoz territorial del GOB Menorca, son especialmente reveladores. “El acuífero de Migjorn, el principal de Menorca, ha bajado 13 metros desde 1984”, explica. Además, avisa que el acuífero de la Roca, que abastece a Es Mercadal, “ha perdido un 25% de capacidad en 15 años”. La situación también preocupa en Ciudadela. Camps asegura que el municipio “tiene el acuífero muy bajo, a pesar de la desaladora, y sigue concediendo piscinas sin control”. A estas tensiones se añaden las pérdidas de agua en las redes de distribución de Es Migjorn Gran y Ferrerías, dos de los municipios que, según el GOB, registran los porcentajes de fugas más elevados de la isla.
El colectivo considera que Menorca reproduce los desequilibrios hídricos asociados a un modelo de crecimiento que incrementa la demanda sin garantizar la recuperación de los acuíferos. Calafat también ha advertido de la gravedad de la situación menorquina. Sobre el acuífero que abastece a Es Mercadal, señala que hace años que baja y que no muestra signos de recuperación. Y reclama situar la cuestión hídrica en el centro del debate sobre el desarrollo de la isla porque admite que la situación ha empeorado en poco tiempo.