Cómo era Tomás Graves, según su amigo: “Era risueño, hablador y un poco explorador”
Ramon Farran, amigo del artista, nos explica los secretos mejor guardados de su infancia
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PalmaEl gusto por aprender y la curiosidad lo han convertido en “el artista total” que es hoy en día. Esta curiosidad se gestó en una casa donde la cultura estaba presente a todas horas, ya fuera en las conversaciones, en los deberes o en los juegos familiares después de cenar. Diseñador gráfico, escritor, músico y apasionado de los animales y la naturaleza, decidió vender su casa de Deià porque ya no se sentía a gusto, abrumado por el ajetreo turístico y la masificación. Ahora vive en el Pla de Mallorca, en un entorno boscoso en pleno campo. Hablamos de Tomàs Graves (Palma, 1953), y nos lo acerca el músico Ramon Farran.
Farran conoce a Graves –hijo de los poetas Robert Graves y Beryl Pritchard– desde que tenía seis años, cuando el músico de Barcelona empezó a cortejar a Lucía Graves. Así que primero fueron cuñados, y con el tiempo y las afinidades se hicieron amigos. Ramon, que tiene unos cuantos años (nació en 1939), no vacila cuando habla de Tomàs: “Era un chico positivo, risueño, hablador y un poco explorador. Desde pequeño, ya mostraba interés por las cosas naturales; se le veía una disposición especial a buscar el contacto con los animales y a tratarlos con afecto”, rememora, y añade que Graves ha sido siempre “colaborador”, “generoso” y una persona “muy abierta”.
Creció en Palma, muy cerca de la calle de Blanquerna. Más tarde, estudió en un colegio en Inglaterra, para volver finalmente a Mallorca. En casa, cuenta Farran, la relación familiar era, en general, “correcta y muy afectuosa”. La particularidad era que Robert Graves trabajaba constantemente: “Se imponía él mismo un horario y había unas horas, tanto por la mañana como por la tarde, en las que desaparecía para dedicarse al trabajo”, recuerda Farran. La madre, Beryl, dice que era “espabilada”, y que “quería que las cosas estuvieran de acuerdo con su manera de pensar”.
En este ambiente –y con una relación muy cercana con el músico Kevin Ayers y los temas de los Beatles sonando de fondo– Tomàs fue “afinando la inteligencia” y forjando una manera de estar en el mundo: atento, despierto, escuchando. De hecho, Farran y Tomàs han colaborado en la música: “Por mi estudio pasaban artistas como Paloma San Basilio, Joan Manuel Serrat y Julio Iglesias. Para Tomàs, aquel ambiente era del todo natural. Creo que esta naturalidad le permitió aprender mucho: se abrió y dejó entrar toda aquella cultura musical”. Farran, músico de jazz, asegura que el impulsor de la mítica Pa amb Oli Band “es un muy buen músico”, y recuerda que, en Barcelona, salían a tocar a la calle cerca de la Rambla con amigos. Tomàs también se ha encargado de algunas portadas de los discos de Ramon Farran, que insiste: “Es una persona totalmente artista: tiene una disposición creativa que va más allá de una sola disciplina”.
El impulsor de la Pa amb Oli Band también escribió un libro sobre el pa amb oli. Es inevitable hablar de gastronomía, pero Ramon es un hombre de ideas muy claras y recuerdos nítidos. Nunca había visto a Tomàs rechazar ningún alimento y asegura que, actualmente, es muy buen cocinero. “Para mí, la música y la comida son dos cosas que, de alguna manera, están relacionadas dentro de un mismo lenguaje. No lo sé explicar mejor. ¡Al músico le gusta comer y comer bien, y eso es lo que pasa con Tomàs y la comida!”.
No le ha visto nunca hacer trampas ni malicias –solo una vez haciendo una carrera con una cuchara entre los dientes y un huevo encima– y le admira por esta incansable e insaciable curiosidad: “En 1979, Tomàs se fue a Nicaragua por motivos políticos y para conocer el país. Es una decisión que también muestra su apertura al mundo. Creo que todo el mundo debería tener esta mentalidad abierta. Lo más bonito de la vida es aprender”.