Emaya: la gestión insostenible del agua
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PalmaLos baleares han empezado a tomar conciencia de un hecho que expertos y entidades habían anunciado: el modelo económico basado en aumentar la capacidad de alojamiento no era ilimitado. Ahora, cuando las consecuencias ya son imposibles de obviar, se ha creado una considerable preocupación colectiva.
Pero además de aquello que tocamos con las manos, existen también aquellos elementos que no podemos apreciar tan fácilmente. Y, sin duda, el agua es el ejemplo más contundente. En las Islas no hay suficiente. En tiempos de Jaume Matas, lejos de cualquier intento de repensar nada, hizo fortuna la idea de ‘fabricar’ el agua. Claro, qué gran idea. Lástima que para hacerlo, disparas las emisiones de CO2 con las desaladoras y el gasto económico que terminamos pagando todos.
En Palma la situación es delicada. No hay agua para hacer los miles de pisos con los cuales los promotores se frotan las manos porque, con el pretexto de la falta de vivienda, se harán más ricos. ¿Y qué se le ha ocurrido a Emaya? Tramitar un plan conocido como de gestión sostenible del agua, que consagra lo que hace años que hace esta empresa: expoliar el recurso, poner en riesgo los acuíferos (algunos como el de Sant Jordi con extracciones de más del 100%), y encima, inventar cifras para poder justificar lo injustificable.
Es sencillo. Como no tendremos más desaladoras a corto plazo, hay nervios. La fábrica de agua no basta. ¿Qué han hecho? La han fabricado sobre el papel. Han reducido la estimación del consumo por persona, sin ningún estudio, para poder decir que podemos acoger 10.000 pisos más. Una irresponsabilidad de unos gestores que acumulan muchas. En una empresa pública con récord histórico de colocados ya es grave fiarle el suministro. Pero la planificación no la pueden tocar.