Masificación

Ni la falta de agua detiene el urbanismo: las Islas se secan

El Gobierno y los ayuntamientos no renuncian al modelo de crecimiento residencial que dispara el consumo. El Ejecutivo invertirá 150 millones en hacer más desaladoras, que no podrán estar operativas hasta dentro de cinco años

El simple incremento de temperatura evapora más agua y reduce el recurso disponible.
Masificación
19/07/2026
5 min

PalmaLas Baleares afrontan un verano complicado en términos de abastecimiento de agua y, lo que es más preocupante, una carrera contra el tiempo para garantizar este recurso los próximos años. El problema ya no es solo si lloverá más o menos durante los próximos meses, sino si el sistema actual, al límite durante los meses de verano, será capaz de resistir mientras llegan las infraestructuras que han de reducir la dependencia de los acuíferos. Las Islas preparan una ofensiva de inversiones en desalinización, reutilización, redes de abastecimiento y saneamiento, pero buena parte de estas actuaciones aún se encuentra en fase de proyecto, licitación o ejecución.

El Gobierno no ha querido en ningún caso renunciar al crecimiento urbanístico, a pesar de la falta de agua. No hay ninguna medida de contención, de revisión de planes urbanísticos, ni mucho menos de moratoria, “ni se espera”, lamentan los ecologistas. Ni del Ejecutivo ni de ningún municipio, ni tan solo de los que gobierna la izquierda. “Podrían decretar medidas, por ejemplo, en el suelo rústico, donde se hacen ‘chaletazos’ que gastan mucha agua; ni tan solo MÉS lo hace en Santa Maria, donde cada año se edifican decenas”, dice Jaume Adrover, portavoz de Terraferida.

En Palma, los ya cerca de 10 proyectos estratégicos de suelo incorporan un 45% más de edificabilidad con el pretexto de aportar más viviendas a los ciudadanos. Todo ello dibuja un escenario de máxima tensión a corto plazo, pero el Govern responde que tiene una gran apuesta: la desalación, con una inversión de cerca de 150 millones de euros. Pero más allá del impacto ambiental, “porque es consumir una barbaridad de energía eléctrica, por tanto, es profundizar en la insostenibilidad”, como recuerda Neus Prats, portavoz territorial del GEN-GOB, la pregunta ahora mismo es clara: ¿cómo pasarán las Islas esta travesía del desierto de continuar creciendo y no tener más agua hasta al menos dentro de cinco años?

El resultado es un escenario de transición especialmente delicado: la demanda continúa creciendo mientras las nuevas garantías de agua aún no han llegado. La Conselleria de la Mar i del Cicle de l’Aigua ha asegurado a ARABalears que las nuevas viviendas “no estarán acabadas de manera inmediata”. “Además, buena parte de estas promociones están destinadas a personas que hace tiempo que residen en las Baleares y, por tanto, no se puede identificar automáticamente cada nueva vivienda con un incremento equivalente del consumo del agua”. En paralelo, el Govern afirma que realiza actuaciones como mejorar las conexiones de la red y modernizar instalaciones, “lo que supone una respuesta a corto, medio y largo plazo”.

47 municipios con problemas

En abril de 2026, hasta 37 municipios estaban en situación de prealerta y 10 en situación de alerta por sequía, mientras que 20 se encontraban en situación de normalidad. La Conselleria del Mar y del Ciclo del Agua recuerda, sin embargo, que estos escenarios se definen por unidades de demanda y no estrictamente por municipios, ya que un mismo término municipal puede tener realidades diferentes según los pozos y los sistemas de abastecimiento.

El catedrático de Geografía de la Universitat de les Illes Balears Cels Garcia resume esta situación con una expresión: “Es el día de la marmota”. Según él, el problema se repite, porque “todos los municipios no conectados a la red de agua y a la desaladora de Palma tienen problemas”.

Estos municipios todavía dependen, en gran parte, de las aguas subterráneas, que con los años se han ido salinizando, en algunos casos, y en otros todavía resisten, pero con una presión que la misma Dirección General de Recursos Hídricos admite que es excesiva, porque impide la regeneración. “En los últimos años, el agua de los acuíferos está al 50% y a veces menos, al 40% y pico”, explica Garcia. “Esto significa que tienes poca agua y hay municipios sin alternativa, porque solo dependen de esta agua”.

El mapa de la sequía es desigual, pero muestra un patrón repetido: las zonas menos conectadas a los sistemas generales son las que tienen más dificultades cuando las precipitaciones no son suficientes. “El problema es que no es una situación nueva; se repite”, apunta Garcia. “Esto depende. Un año es Ibiza, otro año es otra zona. Pero el patrón es el mismo”.

Máxima presión en los acuíferos

Las aguas subterráneas todavía son una pieza fundamental del sistema hídrico balear. Cuando llueve menos, los acuíferos tienen menos capacidad de recuperarse, pero la demanda continúa ejerciendo presión sobre estos recursos.

El Gobierno ha situado precisamente como una de sus prioridades reducir la dependencia de los acuíferos mediante el aumento de la producción de agua desalada. Pero el tiempo que necesita esta transición y la falta de cualquier planteamiento para reducir el crecimiento urbanístico dibujan un corto plazo de tensión hídrica.

Las reservas muestran una evolución desigual entre islas. Mallorca tenía en abril de 2026 las reservas al 50%, cuatro puntos menos que un año antes. Durante el mes de agosto de 2025 habían bajado hasta el 43%. Menorca presenta una situación especialmente delicada: pasó del 51% en abril de 2025 al 43% en abril de 2026, después de llegar al 34% durante el agosto anterior. Ibiza ha tenido una recuperación posterior, pero también vivió una situación muy complicada con las reservas al 26% en agosto de 2025.

Menorca es uno de los ejemplos más claros del problema estructural. La falta de conexiones suficientes entre sistemas y la dependencia de recursos locales hacen que determinadas zonas sean especialmente vulnerables.

García insiste en que la clave es la planificación. “Si tú, además, lo que haces es tener una demanda que incrementa cada año, con más turismo y con más residentes, evidentemente, al final, la cosa se complica”.

Un 5% menos de agua

El cambio climático también contribuye a secar más el entorno. La misma Conselleria de la Mar y del Ciclo del Agua, en respuesta a preguntas formuladas por la diputada de MÉS Maria Ramon, calcula que los efectos del cambio climático pueden reducir la disponibilidad de agua un 0,45% cada año, lo que equivaldría a una pérdida acumulada del 4,5% en una década. El Gobierno señala que el principal impacto no será necesariamente una reducción drástica de la precipitación media, sino un aumento de los episodios extremos: sequías más largas, lluvias torrenciales y menos capacidad de recarga de los acuíferos.

El Plan, al límite

El Pla de Mallorca es, ahora mismo, la zona con más tensión hídrica de las Islas y la única que se encuentra en situación de alerta por sequía. Para evitar que la situación derive en restricciones, el Gobierno ha activado diversas medidas de emergencia, como por ejemplo la conexión de un pozo adicional al sistema de Montuïri, subvenciones para el transporte de agua con camiones, un nuevo punto de carga desde la red de agua potable y diversos puntos de suministro de agua desalada.

Paralelamente, también se impulsan actuaciones de carácter estructural para reforzar el sistema a medio plazo. Está la conducción de agua potable entre Maria de la Salut y Sineu, actualmente en fase de expropiaciones; la construcción de un nuevo depósito de regulación en Sineu y el despliegue de una futura red en alta entre municipios. Pero muchas de las soluciones todavía no están disponibles. “¿Las desaladoras? Se están haciendo los proyectos”, explica Garcia. “Pero cuando entran en funcionamiento, ¿qué haces estos dos, tres o cuatro años sin estas desaladoras, mientras aumentan la capacidad poblacional y la presión?”.

Otra de las debilidades del sistema es la eficiencia de las redes existentes. Según los datos aportados por la Conselleria de la Mar i del Cicle de l’Aigua, 26 municipios presentan pérdidas superiores al 30% en sus redes de abastecimiento.

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