Hacia dónde debe ir la educación después de las PISA: "Debemos detener la reforma pedagógica y mirar qué hacemos"

Las familias reclaman revisar el impacto de la tecnología, la atención a la diversidad y la relación con los centros educativos después de unos resultados que sitúan a Baleares por debajo de la media española

Xavier Ferriol presidenta de la Federación de Familias (FAPA Mallorca)
09/09/2026 - 21:24 h.
5 min

PalmaEl curso escolar arranca en las Baleares con una pregunta que va más allá de las notas del informe PISA y de la sensación de incertidumbre y decepción que han provocado: ¿qué se debe hacer ahora? Los resultados de PISA 2025, publicados este martes, han dejado a las Islas por debajo de la media española, de la UE y de la OCDE en las tres competencias evaluadas: 441 puntos en Lectura, 449 en Matemáticas y 471 en Ciencias. Respecto a la edición de 2022, la caída es de 31 puntos en Comprensión lectora, 22 en Matemáticas y 9 en Ciencias.

Pero si el diagnóstico ya está sobre la mesa, ahora toca decidir qué se hace con él. El presidente de la Federación de Familias de Alumnos de Mallorca y docente, Xavier Ferriol, reclama precisamente huir del debate sobre los culpables. "Lo que hace falta es superar esta etapa del Gobierno echando la culpa a España, y de España echando la culpa a lo que sea. Tenemos que dejar de buscar culpables y mirar qué medidas podemos tomar entre todos", defiende.

Una de las primeras cuestiones que Ferriol pone sobre la mesa es la tecnología, no porque explique por sí sola el retroceso educativo, sino porque su entrada masiva en la vida de los adolescentes obliga a revisar su uso. "Es evidente que la tecnología ha ocupado en España un espacio que no debería ocupar", afirma. Las familias, admite, también deben hacer autocrítica: "Hemos dado móviles cuando tocaba, lo reconocemos".

La cuestión, por tanto, es para qué, cuándo y cómo se utiliza la tecnología. Ferriol reclama que esta discusión se haga con los centros educativos y que sean estos los que expliquen qué herramientas necesitan. "Todo esto implica colaborar con los centros educativos y saber qué quieren: ¿libros, ordenadores, un aula de informática para trabajar la competencia digital?", plantea. Según denuncia, la digitalización ha avanzado a veces más rápido que la capacidad del sistema para decidir cómo utilizarla. "Si los centros no saben qué quieren, tenemos niños que vienen a casa con Chromebooks que nos han hecho comprar y hacen actividades con la IA". Y las familias, añade, no pueden asumir el papel de vigilantes permanentes: "Las familias no pueden estar detrás mirando todo lo que hacen".

No todo es culpa de la tecnología

Ferriol advierte, sin embargo, que sería un error convertir las pantallas en la explicación de todos los males. PISA también apunta a factores como el entorno socioeconómico, la composición del alumnado y las condiciones de los centros. Por eso, el presidente de las familias pone el foco en los recursos disponibles. "El informe también dice cosas que debemos mirar. Por ejemplo, que el 50% de los equipos directivos dicen que les falta personal". A su parecer, esta falta de recursos dificulta dar respuesta a un alumnado cada vez más diverso. "Sabemos que estos resultados han ido mal porque hay más alumnos que no llegan a unos mínimos. No se está atendiendo la diversidad y no hay equidad, que es importante", afirma.

Es aquí donde Ferriol rechaza que el retroceso se lea como un problema del alumnado. "Culpar de los males al alumnado no es justo". Y también reclama revisar qué pasa dentro de las aulas. "En muchos institutos no se hace trabajo competencial, que es lo que pide PISA. Se trabaja con libros y de manera memorística". La paradoja es evidente: mientras PISA intenta medir hasta qué punto los adolescentes son capaces de aplicar los conocimientos a situaciones reales, Ferriol considera que todavía hay centros donde pesa más un modelo basado en la memorización. "Todos debemos hacérnoslo mirar, yo como docente también", dice. "Es injusto que se culpe a la LOMLOE, porque es una ley competencial, y las PISA también lo son."Detenerse para saber hacia dónde ir

Esta revisión debería afectar también a la reforma pedagógica. Ferriol defiende detenerse y analizar qué ha funcionado y qué no. "Yo creo que tenemos que detener la reforma pedagógica y mirar qué hacemos". No se trata, sin embargo, de eliminar la innovación: "Hay una parte de innovación pedagógica que está bien, pero es evidente que la tecnología ha hecho daño".

El debate sobre las pantallas va más allá de la escuela. Los alumnos pasan buena parte del tiempo fuera de los centros y las redes sociales tienen cada vez más influencia sobre su manera de informarse, relacionarse y aprender. "El mundo ha cambiado y, si no vamos con cuidado, las redes sociales están educando a los alumnos", alerta Ferriol. A su parecer, esto afecta capacidades básicas para aprender: "La concentración, la memoria y la atención están tocadas". Ferriol considera que el problema también afecta a las familias. "No solo es de los jóvenes, porque hay familias que ya entramos en esta dinámica. Yo necesito mirar el móvil cada cierto tiempo". Por eso reclama delimitar mejor los espacios de uso de la tecnología e implicar a las familias en esta regulación, aun admitiendo que "es cómodo para muchas familias" dejar a los niños con las pantallas.

El segundo gran reto que plantean los malos resultados de PISA, según Ferriol, es recuperar la confianza entre las familias y los centros educativos. "Yo creo que las familias no confían en la escuela". Esta confianza, considera, se debe construir con comunicación y participación, aunque la realidad es desigual: "Hay centros que lo hacen y centros que no, y profesores de un centro que sí y otros que no".

Por eso defiende que las familias deben tener más voz en la vida de los centros, también a través de las AFA y los consejos escolares. "Una de las formas es que las AFA estén presentes en el consejo escolar para poder hacer llegar propuestas". Esta participación también debería permitir detectar problemas y resolverlos antes de que se cronifiquen. "Si hay un profesor que tiene quejas, se debe decir para poder resolver los conflictos".

El problema, lamenta, es que esta participación todavía es limitada. "Las familias no tienen en ella una participación amplia; cada una va a la suya". Esto hace que algunos problemas se repitan cada curso: "Te encuentras dentro de un mismo centro que hay problemas que se repiten cada año porque no se pone remedio".

La gran pregunta

Más allá de las pantallas, las metodologías o la relación entre familias y escuela, Ferriol sitúa el principal problema en la capacidad del sistema para garantizar los aprendizajes mínimos. "Lo que PISA nos dice es que uno de cada tres alumnos no tiene las competencias mínimas". A su parecer, este dato también obliga a mirar las desigualdades fuera del aula. "El sistema funciona para las familias que tienen recursos y conocimientos para poder dedicar tiempo a los hijos". Por eso, defiende que PISA plantea una pregunta sobre el mismo sistema educativo: ¿qué debe cambiar para que la escuela pueda compensar, en lugar de reproducir, las desigualdades de partida?

La respuesta, según Ferriol, no implica buscar un único culpable. "Todos debemos hacérnoslo mirar, yo como docente también". El curso que comienza es, así, el momento de pasar del diagnóstico a las decisiones y revisar qué funciona y qué se puede cambiar.

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