No es ninguna leyenda urbana: los políticos no responden
Los partidos se dedican con deleite al arte del reproche
PalmaLos políticos no responden a las preguntas que les hacen. No es ninguna leyenda urbana, es algo. Su objetivo no es dar respuestas claras ni precisas, sino contraatacar al rival y quedar bien en el vídeo que el partido colgará en las redes sociales, con un texto algo agresivo y muchos emoticonos para darle agudeza. El Gobierno se somete cada semana a una sesión de control en el Parlamento que, más que un ejercicio de fiscalización, acaba convertida en una especie de circo romano, lleno de gladiadores de oratoria mediocre, inflamada y, con demasiada frecuencia, vacía de contenido.
Si piden a la consejera de Asuntos Sociales, Sandra Fernández, qué opina de prohibir las redes sociales a los menores de 16 años, ella habla de Santos Cerdán, de cortinas de humo y de Pedro Sánchez (el comodín perfecto para cualquier respuesta) en Dubai, por lo que aún no se sabe si está a favor o en contra de tal medida. Cuando se pide al consejero de Movilidad, José Luis Mateo, sobre los motivos por dejar Lloseta sin trenes nocturnos, con miles de personas en el carnaval, contesta que los Servicios Ferroviarios de Mallorca colaboran con los ayuntamientos. Si se reprocha a la consejera de Trabajo, Catalina Cabrer, que las políticas de conciliación del Gobierno no son suficientes, ella opta por referirse a los expedientes de regulación de los migrantes pendientes en Extranjería, la eliminación del impuesto de sucesiones ya los acosadores que han quedado en la calle con la Ley del sólo sí es sí —aún habrá alguien que medita sobre esta mezcla.
La presidenta del Gobierno, Marga Prohens, también practica con maestría el arte de no responder. Así lo demostró cuando el diputado de Més per Menorca, Josep Castells, le pidió explicaciones por los reiterados anuncios del Govern sobre iniciativas de contención turística que, en este caso, sí se han convertido en una leyenda urbana. "Antes del gobierno de izquierdas nadie hablaba de saturación porque no había", fue una de las afirmaciones de Prohens, que completó la respuesta con una estocada: "Usted se erigía en única voz legítima de los menorquines y los menorquines le enviaron a su casa". La ovación estaba servida con palangana, porque los diputados del PP mantienen una disciplina férrea en cuanto a los aplausos, aunque algunas intervenciones sean, como mínimo, de un nivel cuestionable, como la que hizo Lourdes Cardona en otro momento del pleno. Todo va bien, en esa bancada hay que aplaudir con entusiasmo y así se hace.
Ante la falta de oratoria, muchos diputados optan por leer sus intervenciones. Los más divertidos son los que no cambian ni una coma de lo que llevan escrito, pese a que el rival invalide sus argumentos. Así lo hizo la diputada del PP Margalida Pocoví. Se debatía la iniciativa de MÉS por Mallorca para limitar la compra de viviendas en las Islas por parte de no residentes. Lluís Apesteguia (MÁS) explicó que la Comisión Europea no se opone a esta medida en casos excepcionales y que el Tribunal de Justicia de la UE lo avala "en casos de imperiosa necesidad". Dicho esto, Pocoví subió decidida al atril y clamó contra la propuesta por ser "contraria al derecho europeo". Lo llevaba escrito, claro, y esto es más importante que lo que se acaba de oír. La limitación no salió adelante, ni tampoco la de Izquierda Unida para que los compradores de viviendas que no los utilizarán para vivir paguen más impuestos. Si hubiera ocurrido lo contrario, debería haberse llamado una ambulancia para atender algún ataque de ansiedad en la bancada de la derecha.
En el planeta Vox todo siguió igual. El partido de extrema derecha ha subido su apuesta contra los migrantes y acusa a quienes se encuentran en situación irregular de recibir unas ayudas que es imposible que reciban: no constan en ninguna parte, no tienen la documentación en regla ni siquiera para optar a ellas. La portavoz de la extrema derecha, Manuela Cañadas, demostró que las personas pueden alterarse con mucha facilidad y al grito de "hipócritas" comparó la izquierda con "la bruja Lola". Según Cañadas, prever los problemas de movilidad y la necesidad que tiene el sistema sanitario de atender a más pacientes es cuestión de brujería.
La cosa no mejora en las demás instituciones. De hecho, empeora. Es como bajar una escalera de la dialéctica, de camino hacia una simple discusión de una cena familiar. El Consell convocó un pleno extraordinario con alevosía y nocturnidad, con el objetivo de no atraer demasiado la atención de los periodistas. ¿Por qué? Se votaba la propuesta del PSOE para limitar la entrada de vehículos en Mallorca. Pero hay que entender bien el galimatías, porque los socialistas presentaron una iniciativa que copiaba la que había presentado antes el PP y los populares se abstuvieron. ¿No se entiende? Efectivamente, es ininteligible.
Vox también tiene su planeta en la institución insular, donde el portavoz Toni Gili clamó al cielo: ¿qué es esto que los españoles no puedan entrar en Mallorca decentemente con su vehículo mientras que los inmigrantes ilegales nos invaden para vivir de los servicios públicos? Según Gili, la respuesta a esta pregunta deja patente "el fracaso del bipartidismo, del contubernio que se llama PPSOE". Los contubernios son un hit para la extrema derecha.
En cuanto al Ayuntamiento de Palma, algunos residentes de la antigua prisión intervinieron en el pleno del jueves para mirar a la cara al alcalde, Jaime Martínez, por si había alguna posibilidad de que entendiera que son seres humanos, como él, y que merecen respeto y solidaridad. "Somos personas, no gentuza", remarcó una mujer, quien también explicó que debe lavarse en una ribella. Pero el alcalde demostró solidez e inalterabilidad. Su respuesta fue: "Es el turno de la intervención de la Asociación de músicos callejeros". Otra no respuesta. Triste.