Científico
2 min

Tres décadas después de nacer, el 5 de julio de 1996, la oveja más famosa de la historia, Dolly, gira disecada lentamente dentro de una vitrina del Museo Nacional de Escocia, en Edimburgo. Su “creación” demostró que una célula adulta se puede reprogramar hasta estados embrionarios, con todo el potencial de desarrollo por delante.

Así, la reprogramación celular abrió paso como nuevo campo de investigación. En 2006 Shinya Yamanaka descubrió cómo reprogramar células adultas en células madre pluripotentes inducidas (un mérito que le valdría el premio Nobel en 2012), y que ha necesitado 20 años de investigación, ensayos y prudencia regulatoria para llegar, finalmente y de manera condicional, a la clínica. Ahora, Japón ha aprobado lasdos primeras terapias del mundo basadas en células iPS, destinadas a la insuficiencia cardíaca y al Parkinson.

La biología y la clínica se alimentan de conceptos que bien podríamos esperar encontrar solo en las obras de ciencia ficción. En Minnesota, la investigadora Kate Adamala ha construido un tipo de célula sintética, lasSpudCells, capaz de crecer, alimentarse, dividirse e, incluso, evolucionar mínimamente mientras compite por alimento con otras copias mutantes. Con solo 36 genes (el genoma humano tiene cerca de 20.000), la célula no ha nacido, ha sido construida. Todavía no sabe sintetizar sus propios ribosomas (las fábricas proteicas), y “deja de funcionar” después de pocas generaciones.

En Singapur,unos ingenieros han equipado una cucaracha con un traje de submarinismo, con una carcasa flexible y un generador de oxígeno químico. Con esto el insecto respira y camina bajo el agua hasta tres horas. Sin el traje, no aguantaría más de 45 segundos. De hecho, estos cíborgs ya se utilizan en rescates e inspecciones, y ahora podrían atravesar zonas inundadas después de una catástrofe.

Y mientras la biología sintética inventa vida nueva, la medicina reaprovecha la que ya existe. Cerdos modificados genéticamente, con genes humanos insertados y genes propios eliminados para evitar el rechazo, ya han proporcionadoriñones e hígados a pacientes humanos que no tenían ninguna otra opción. A pesar de que los resultados todavía son frágiles, con rechazos crónicos y trastornos de coagulación.

Nada de esto llega sin fricción. Bruce Whitelaw, exdirector del Instituto Roslin, recuerda que el equipo de Dolly quedó desbordado por el frenesí mediático de 1997. 30 años después, continuamos sin un sistema fiable para anticipar el impacto social de cada nueva tecnología antes de que llegue. Neil Shubin, paleontólogo que este julio ha asumido la presidencia de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos –en un momento de recortes y desconfianza política hacia la ciencia–, apuesta por una idea simple:conectar la ciencia con la ciudadanía, para explicarla mejor, más pronto, sin renunciar al rigor.

Una sociedad que pierde la ciencia pierde el futuro, dice Shubin. El futuro no llega solo: se trabaja, se explica y se cuida.

stats