Tener estilo (o no tenerlo)
La presidenta Prohens desautorizó el comportamiento de la alcaldesa de Campos, Francisca Porquer (que molestó la cadena humana del pasado domingo 5 de julio en defensa de El Trenc con una intervención esperpéntica), diciendo que no era su estilo. “Mi estilo es el respeto”, repitió un par de veces. Eran unas declaraciones con un tono como mucho presidencial, que podrían quedar bien en otro contexto. No en el que han creado Prohens, su Gobierno y sus socios fascistas de Vox.
De entrada, conviene aclarar que lo que hizo la alcaldesa campanera en la cadena humana no fue ninguna gracia más o menos afortunada, sino una infracción de la ley. Concretamente, la Ley de seguridad ciudadana (Ley orgánica 4/2015) que tipifica como infracción grave “la perturbación del desarrollo de una reunión y manifestación lícita”. Es decir, exactamente el caso de que hablamos. Es una infracción penada entre 601 y 30.000 euros de multa, y evidentemente, el hecho de que quien la cometa sea una persona con responsabilidades públicas es un agravante. En un país con un poco más de exigencia democrática, un alcalde o alcaldesa no puede hacer otra cosa que dimitir o ser cesado después de unos hechos como estos.
Dejando esto a un lado, el estilo respetuoso que Prohens reclama como distintivo de su manera de gobernar lo hemos podido constatar estos días en hechos bastante más graves. El comité de empresa de IB3 hizo público un comunicado escandaloso y durísimo, en el que los profesionales de Informativos denunciaban haber sufrido censura, precisamente, en la información sobre la cadena humana del Trenc. Se modificó el texto que se había redactado para la noticia y se sobredimensionaron unas pintadas en un nido de ametralladoras de la playa de la Ràpita como si las hubieran hecho los manifestantes.
Se trataba de convertir en “noticia” el argumentario del PP sobre la protesta, a saber, que eran los manifestantes quienes estropeaban el Parque Natural con su sola presencia, porque se ve que en una isla que recibe 20 millones de turistas no habían coincidido nunca 10.000 personas en aquella zona. Antes de la cadena humana ya había habido una campaña de desinformación a cargo de los mismos gobernantes del PP y de sus periodistas afines (escribiremos ‘afines’ para no usar una palabra más malsonante, que empieza por ‘lame-’ y acaba por ‘-culos’). También de señalamiento contra las entidades ecologistas, tildándolas de mentirosas y de creadoras de noticias falsas: esta es la especialidad de la derecha y de sus influenciadores, precisamente.
Además, el Tribunal Constitucional ha anulado la derogación de la ley de memoria democrática –uno de los momentos más bajos de la historia política de las Baleares– y la única reacción del PP es reconocer que no tienen inconveniente, porque, en realidad, la memoria de las víctimas del fascismo en estas Islas les importa un bledo y solo la usan para suplicar que Vox les vote los presupuestos. La primera falta de respeto es gobernar de la mano de fascistas y haber ensuciado la presidencia del Parlament manteniendo a un individuo como Gabriel Le Senne es la máxima falta de respeto institucional que un gobierno puede cometer contra la soberanía ciudadana. Sin embargo, estos son razonamientos que no entran dentro de los análisis de la realidad que hacen la presidenta y los miembros de su Ejecutivo. El estilo y el respeto, como la inteligencia, no son cosas que se tengan solo porque uno lo diga: se ganan o se demuestran con los hechos.