El Trenc no se toca... a golpe de ‘like’
El pasado domingo 5 de julio vivimos otro día histórico. El Trenc no se toca. Ni antes, ni ahora, ni nunca. De camino hacia allí, pasado Son Catlar se sucede una devastadora cadena de chalets cada dos quarteradas, todos cortados con el mismo patrón. Ya en La Ràpita, las casas adosadas se encadenan de manera tan cíclica que parecen infinitas. Las grúas están en marcha. Y entre medias, solares en capilla que esperan pacientemente la llegada de los promotores mientras ven destruir todo su alrededor inmediato. Pero se ve que ni eso basta.10.000 personas se dieron las manos en la playa de la Ràpita. Y está claro, cuando se junta tanta gente, es normal que pasen muchas cosas. Lo más impactante, sin duda, la presencia de Francisca Porquer, alcaldesa de Campos, que quiso estar presente en la concentración. Habría podido optar por diluirse entre el público, o por ponerse en primera fila y escuchar atentamente la lectura. Pero se ve que la alcaldesa es de natural entrometido y se quiso colocar bien al lado de Sebastià Alzamora y Tonina Siquier durante la lectura del manifiesto. Ya lo sabíamos, que en Campos son de piña, pero no que tuvieran una alcaldesa tan metiche. Like.Los nidos de ametralladora pintados de versos que han servido de escenario a miles de ‘selfies’ los últimos años, aparecieron ahora con grafitis favorables a la defensa de este espacio natural tan valioso como emblemático. Ya se sabe que el PP y Vox son partidos muy sensibles a la memoria histórica y sus seguidores han puesto el grito en el cielo por estos actos que han calificado de vandálicos. De hecho, nuestra televisión pública solo encontró pertinente publicar un pequeño vídeo con las pintadas, sin mencionar que justamente 10.000 mallorquines habían pasado por allí para hacer una cadeneta humana de nada. Like.Y todavía pasaron más cosas, como la presencia de Madò Farta, esta campesina mallorquina, con falda, jubón y chal y una cara de calavera de plástico que parece comprada en un bazar chino, que se pasea por delante de la Seu, canta La Balanguera y quita suciedad de las playas mallorquinas. La reconocían y le hacían carantoñas, los bañistas manifestantes. Muchos la conocían de la red Instagram, donde con más de 5.000 seguidores se ha hecho visible y viral. Like.Pero ni la performance obregoniana de la alcaldesa Porquer, ni las pintadas en los búnkeres que sirvieron de dedo para no mirar la luna, ni la Mallorca originalmente revuelta de Madò Farta consiguieron paliar la ausencia más importante del día. No esperábamos a la presidenta Prohens, tan segura de querer proteger el Trenc. Ni al consejero Simonet, que nos avisaba con gorra graciosa desde el agua de que la izquierda es un ente manipulador y maléfico.Aquí faltaba la juventud. De históricos, de entrañables, de cabellos grises, de calvos, de barrigas y de arrugas había para aburrir. Quien más quien menos se saludaba. Es una comunidad singular, esta de la Mallorca contracorriente que tan cómoda se siente cuando se trata de poner pie firme a las políticas de la derecha mallorquina. Gabriel Cañellas, Jaume Matas, José Ramón Bauzá, y ahora Marga Prohens, son gente ante quien siempre ha sido bueno ganarse el favor.¿Pero dónde estaban, los jóvenes? No los cuarentones (cada vez hay gente que se siente joven, a los 40 años), ni tampoco los de 30. ¿Dónde estaba la juventud de 20 años que tiene que cambiar el mundo de mañana? ¿Dónde estaban los chicos de universidad y de instituto que empiezan a caminar dentro del mundo de la militancia y la revolución? Sería muy fácil para quien escribe entrar dentro del cuadro de costumbres y la caricatura. Podríamos decir ‘selfie’, ‘piscina’, ‘lancha’, ‘bikini’, ‘Much’ y ‘qué barbaridad’. También podríamos decir ‘mediterráneamente’, para abarcarlo todo. O ‘la isla’, para deconstruirnos definitivamente. Pero no lo diremos.El semblante de Mallorca ha mudado de verde en azul. Y también los intereses y la idiosincrasia de los mallorquines. Más allá de esto, sin embargo, hay un sesgo generacional tangible. A un 65% de los jóvenes de Mallorca les interesa “poco” o “nada” la política institucional. Solo un 10% de los jóvenes isleños ha participado en manifestaciones y actos de protesta el último año. Se percibe que la militancia continua (asambleas periódicas, mantenimiento de estructuras, organización de acciones y actos de diversa índole, pago de cuotas...) hoy no se usa. En cambio, sí que se eleva esta protesta en las redes, ya sea publicando directamente, ya sea a golpe de republicación o de like. Y si han de participar en algo fuera de la virtualidad, lo hacen de forma puntual y siempre desde fuera de ninguna estructura organizativa.El temor que tenemos todos es si esta nueva forma de militancia será suficiente para hacer frente a las políticas de la derecha del país y del mundo, para posicionarse de forma contundente ante actuaciones que podamos considerar desmesuradas, injustas, racistas, destructoras del territorio, antimallorquinas y xenófobas. O si estamos ante una herramienta más del sistema para mantenernos embaucados ante las pantallas y lejos de la realidad que nos pisa cada día.