Hacer maletas, dar de comer
Por lo que hemos podido ver las últimas semanas, nuestros gobernantes (los electos y los que no lo son) tienen miedo de las movilizaciones ciudadanas. El episodio vergonzoso de la detención –con grilletes y calabozo y todo– de las activistas de Santa Maria, la advertencia –¿la amenaza?– de la Guardia Civil y la Policía Nacional anunciando que perseguirán los “delitos contra el turismo” (hemos de entender que se deben referir a las ofertas turísticas fraudulentas, porque si no, no sabemos de quién deben hablar), los intentos desde las tribunas dóciles al Gobierno de descalificar, o directamente criminalizar, la cadena humana del pasado día 5 contra la desprotección del Parque Natural del Trenc – Salobrar de Campos, la contradicción de la presidenta de la CAEB Carmen Planas aplaudiendo la detención de las jóvenes de Santa Maria y pidiendo “huir de los extremismos” (el extremismo es encadenar y detener ciudadanas inocentes, señoras y señores)... Todo esto no hace más que demostrar el nerviosismo del Gobierno (balear), de la delegación del gobierno (de España), de los cuerpos y fuerzas de seguridad y de ciertos empresarios turísticos (que mandan sobre el resto). Como todos los miedos, el de estos gobernantes y poderes públicos es emotivo. Esto quiere decir que les ofusca y les impide hacer un análisis correcto de la realidad. Y también demuestra una escasa consistencia democrática por su parte.A todas estas actuaciones y declaraciones cobardes y desafortunadas se deben añadir las del vicepresidente primero y portavoz del Govern, Antoni Costa. Según él, la aplicación de políticas de decrecimiento “tendría consecuencias en materia de ocupación, habría gente que tendría que hacer las maletas”. Parece una broma, pero esto lo ha dicho un vicepresidente del Govern balear. Probablemente, todavía ahora ni se le ha ocurrido pararse a pensar qué ha dicho, ni dónde lo ha dicho.Hace mucho tiempo que muchos ciudadanos de las Islas Baleares con estudios superiores tienen que partir de estas islas a buscarse la vida laboral, porque aquí simplemente no tienen nada que hacer. Científicos, investigadores, médicos, arquitectos, físicos, musicólogos... En toda la variedad de disciplinas y conocimientos en que podamos pensar, la fuga de talentos de Baleares, la pérdida de personas que dan vitalidad a una sociedad y la pueden hacer progresar, es un hecho constante y dramático, por el cual pagamos y pagaremos (y pagarán las siguientes generaciones) un precio muy alto. También hay mucha gente que hace las maletas porque no pueden comprar ni alquilar un piso o una casa en unas islas en que la vivienda ha sido vampirizada por los especuladores –grandes, medianos y pequeños– con el aplauso entusiasta de nuestros gobernantes y de sus propagandistas, que afirman que todo esto “nos da de comer”.Es la visión paternalista y condescendiente de siempre, según la cual los mallorquines, menorquines, ibicencos y formenterenses no tenemos otra salida que vender estas islas a trozos, y mientras tanto hundirlas en la degradación del turismo de masas y dejar que el último cierre la puerta. Las manifestaciones de este mes de julio han sido un “hasta aquí” que nuestros gobernantes deberían escuchar. Se equivocarán completamente si, en vez de escuchar, pretenden presentar las protestas ciudadanas como un extremismo, una exageración o incluso como un delito contra no se sabe qué. Se equivocarán tanto, si hacen esto, que perderán el poder. Dar las cosas por ganadas, menospreciar las voces que protestan, es propio de políticos mediocres y prepotentes. Estos sí, que por el bien de todos conviene que hagan las maletas y no los volvamos a ver en puestos de responsabilidad pública.