Llorenç Galmés ha presentado el proyecto del Segundo Cinturón de Palma.
19/09/2026 - 08:01 h.
Director del ARA Balears
2 min

La presentación de hace unos días del nuevo tramo del segundo cinturón de Palma recordó, como explica el ARABalears, aquellos tiempos imborrables en nuestra memoria de “las carreteras a la mallorquina” de Maria Antònia Munar. Obras presentadas con buenos canapés, carpas y, sobre todo, mucha cara. Porque pretendían hacer creer a los ciudadanos que poner más asfalto era resolver la movilidad.

Esto en los años 2000, en un territorio tan pequeño, querer hacer creer que un ramal más, un carril más, sería beneficioso, era un despropósito. Ahora, el año 2026, ya hemos aprendido que es una temeridad. Los nuevos carriles, ha quedado más que claro en la vía de cintura, fracasan meses después de su existencia.

Lo saben los técnicos, se lo suelen decir a los políticos, pero la presión por querer sacar una solución rápida y poder decir aquello de “hacemos cosas” es mayor que cualquier coherencia y actuación coordinada. Si se quiere quitar el atasco, se tiene que empezar por dejar de dispersar a la población dejando hacer chalets por todas partes. Las urbanizaciones que crecieron sin planificar durante años, y los pueblos que se han edificado más gracias, por ejemplo, a la otra joya de la corona, la Llucmajor-Campos, ahora atascan más la entrada a Palma.

Con 300 millones, que es lo que costará esta burrada provinciana, se podría poner transporte escolar para diversas generaciones. Quitar los coches de los padres, que cada mañana, mediodía y tarde, saturan pueblos y ciudades, sería una medida mucho más efectiva.

Y hacer una EMT con autobuses cada cinco minutos y menos radial. Y no desbloquear nuevas plazas turísticas como ha hecho el Consell de Mallorca. Todo menos poner más asfalto. Eso sí, seguramente las grandes constructoras refunfuñarían. Y eso da miedo. Mucho.

stats